Martes, Junio 22, 2021

Seguridad en el suministro de agua

EL MERCURIO – Especial incomodidad provocan en la ciudadanía los episodios de corte en el abastecimiento de agua. Así ocurrió hace poco, cuando más de 42 mil santiaguinos quedaron sin suministro debido a que el agua del río Mapocho que utiliza la planta de potabilización que los abastecía estaba contaminada. Anteriormente, la contaminación de un acueducto dejó sin agua a vecinos de La Reina y Las Condes. Además, se han registrado en años recientes episodios en que el abastecimiento de gran parte de Santiago se ha visto interrumpido por turbiedad en los cauces.
El calentamiento global es uno de los factores que explican la ocurrencia de este tipo de situaciones. Producto de ese fenómeno se hace más común que la isoterma cero se ubique a mayor altura. Con ello, las precipitaciones en la alta cordillera caen en forma de lluvia y no de nieve, escurriendo por las quebradas y arrastrando material que provoca turbiedad en los cursos de agua, lo que impide su uso en las plantas de potabilización. Además, el calentamiento hará desaparecer los glaciares en la cordillera, que proveen parte del agua que corre por los ríos durante el verano.
Ambos problemas demandan inversiones para ser afrontados. De hecho, y con el objeto de aminorar las interrupciones por episodios de turbiedad, Aguas Andinas, la más importante empresa sanitaria de la Región Metropolitana, ha invertido en piscinas de almacenamiento que permitirán mantener el suministro de agua en esos casos por hasta 36 horas. Estas inversiones las pagarán los clientes en sus tarifas. Respecto de la menor disponibilidad del recurso, ella es agravada por las pérdidas en la propia red (principalmente por fugas, aunque también por robos), que alcanzan en torno al 30% en el caso de Aguas Andinas. Si dicha pérdida se pudiera reducir hasta los estándares internacionales, de menos de 20%, habría una sustantiva mayor disponibilidad de agua. De hecho, en el pasado esas cifras eran menores: hace veinte años las pérdidas de Emos, antecesora de Aguas Andinas, llegaban al 25,7%, con lo que se podría acomodar una reducción permanente de un 15% en la cantidad de agua disponible para uso humano en el valle de Santiago. Pero conseguir esa reducción demanda inversiones.
El segundo tipo de vulnerabilidad se refiere a la contaminación de las fuentes de agua cruda debido a accidentes o acciones premeditadas. Fue el caso del corte en Las Condes y La Reina, causado por un vertimiento ilegal, situación que también explicaría el corte sufrido por sectores de la zona oriente la semana pasada. Teóricamente, estos episodios podrían evitarse mediante el entubamiento de los cauces, pero ello no es ni estética ni ambientalmente aceptable. Por lo mismo, la solución pasa por la prevención, la educación respecto de las conductas de las personas en los lugares donde se ubican cursos de agua y también por el perfeccionamiento de los mecanismos de fiscalización y sanción. En este sentido, urge modificar la normativa vigente, que deja virtualmente sin sanciones a quienes por negligencia contaminen un cauce. Un proyecto de ley recientemente enviado por el Gobierno al Congreso busca hacerse cargo de este último punto.
Los problemas anteriores, que se han hecho evidentes en Santiago, se repiten, sin embargo, en otras partes del país. Las pérdidas de agua son importantes incluso en la zona norte. De hecho, sanitarias del Norte Grande registran niveles de pérdidas en la red superiores al 29%, lo que es inaceptable en un área desértica. En otras ciudades, los efectos de la desaparición de los glaciares pueden ser más graves que en Santiago, pues no disponen, como la Región Metropolitana, de reservorios como la laguna del Yeso o laguna Negra. Y, por supuesto, el riesgo de contaminación también está presente allí.
Ver artículo
Fuente: El Mercurio, martes 29 de enero de 2019

EL MERCURIO – Especial incomodidad provocan en la ciudadanía los episodios de corte en el abastecimiento de agua. Así ocurrió hace poco, cuando más de 42 mil santiaguinos quedaron sin suministro debido a que el agua del río Mapocho que utiliza la planta de potabilización que los abastecía estaba contaminada. Anteriormente, la contaminación de un acueducto dejó sin agua a vecinos de La Reina y Las Condes. Además, se han registrado en años recientes episodios en que el abastecimiento de gran parte de Santiago se ha visto interrumpido por turbiedad en los cauces.
El calentamiento global es uno de los factores que explican la ocurrencia de este tipo de situaciones. Producto de ese fenómeno se hace más común que la isoterma cero se ubique a mayor altura. Con ello, las precipitaciones en la alta cordillera caen en forma de lluvia y no de nieve, escurriendo por las quebradas y arrastrando material que provoca turbiedad en los cursos de agua, lo que impide su uso en las plantas de potabilización. Además, el calentamiento hará desaparecer los glaciares en la cordillera, que proveen parte del agua que corre por los ríos durante el verano.
Ambos problemas demandan inversiones para ser afrontados. De hecho, y con el objeto de aminorar las interrupciones por episodios de turbiedad, Aguas Andinas, la más importante empresa sanitaria de la Región Metropolitana, ha invertido en piscinas de almacenamiento que permitirán mantener el suministro de agua en esos casos por hasta 36 horas. Estas inversiones las pagarán los clientes en sus tarifas. Respecto de la menor disponibilidad del recurso, ella es agravada por las pérdidas en la propia red (principalmente por fugas, aunque también por robos), que alcanzan en torno al 30% en el caso de Aguas Andinas. Si dicha pérdida se pudiera reducir hasta los estándares internacionales, de menos de 20%, habría una sustantiva mayor disponibilidad de agua. De hecho, en el pasado esas cifras eran menores: hace veinte años las pérdidas de Emos, antecesora de Aguas Andinas, llegaban al 25,7%, con lo que se podría acomodar una reducción permanente de un 15% en la cantidad de agua disponible para uso humano en el valle de Santiago. Pero conseguir esa reducción demanda inversiones.
El segundo tipo de vulnerabilidad se refiere a la contaminación de las fuentes de agua cruda debido a accidentes o acciones premeditadas. Fue el caso del corte en Las Condes y La Reina, causado por un vertimiento ilegal, situación que también explicaría el corte sufrido por sectores de la zona oriente la semana pasada. Teóricamente, estos episodios podrían evitarse mediante el entubamiento de los cauces, pero ello no es ni estética ni ambientalmente aceptable. Por lo mismo, la solución pasa por la prevención, la educación respecto de las conductas de las personas en los lugares donde se ubican cursos de agua y también por el perfeccionamiento de los mecanismos de fiscalización y sanción. En este sentido, urge modificar la normativa vigente, que deja virtualmente sin sanciones a quienes por negligencia contaminen un cauce. Un proyecto de ley recientemente enviado por el Gobierno al Congreso busca hacerse cargo de este último punto.
Los problemas anteriores, que se han hecho evidentes en Santiago, se repiten, sin embargo, en otras partes del país. Las pérdidas de agua son importantes incluso en la zona norte. De hecho, sanitarias del Norte Grande registran niveles de pérdidas en la red superiores al 29%, lo que es inaceptable en un área desértica. En otras ciudades, los efectos de la desaparición de los glaciares pueden ser más graves que en Santiago, pues no disponen, como la Región Metropolitana, de reservorios como la laguna del Yeso o laguna Negra. Y, por supuesto, el riesgo de contaminación también está presente allí.
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Fuente: El Mercurio, martes 29 de enero de 2019

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