Miércoles, Agosto 4, 2021

El viaje de la reconstrucción, por Louis de Grange C.

EL MERCURIO – Los últimos doce meses pasarán a la historia del Metro de Santiago como los más duros que haya enfrentado nuestra empresa en sus más de 50 años de existencia. Nos removieron desde lo más profundo.
El viernes 18 de octubre de 2019 miramos con impotencia y profundo dolor cómo parte importante de nuestra red —esa que requirió de medio siglo y del esfuerzo de decenas de miles de personas para ser levantada— era atacada y destruida, poniendo en riesgo la vida de las personas que estaban dentro de nuestras estaciones y trenes. Por primera vez en la historia de la empresa, nos vimos obligados a cerrar por completo la red, en pleno horario de funcionamiento.
Fueron 118 de las 136 estaciones las que sufrieron daños de diferente consideración, desde la vandalización de boleterías hasta incendios que generaron la destrucción total de algunas estaciones.
Cuesta reproducir en palabras todas las sensaciones y sentimientos que se vivieron en nuestras oficinas, estaciones y talleres durante esos días. Sentimos dolor, angustia, tristeza, incertidumbre. Pero también vivimos la emoción y el profundo agradecimiento por muestras de cariño tan significativas como la de los vecinos de Estación San Pablo, quienes, por iniciativa propia, se organizaron para remover los primeros escombros al día siguiente del incendio que la afectó. La imagen al entrar a la estación ennegrecida, impregnada de olor a humo, y encontrarnos con unos cien vecinos cantando espontáneamente el Himno Nacional, se convirtió en el motor inicial de nuestro Plan de Reconstrucción. Y esa energía se fue nutriendo a lo largo de los meses con el cariño de vecinos de otras comunas, cada vez que logramos reabrir una estación, devolviendo un servicio tan necesario para la movilidad de nuestra ciudad.
La labor esencial de Metro es entregar un servicio de transporte de calidad y, al mismo tiempo, hacer crecer la red para permitir que más personas accedan a los beneficios que ella aporta para la calidad de vida de las personas. Esos son los dos “rieles” por los que tradicionalmente hemos transitado. Pero la crisis de octubre de 2019 agregó un tercer eje a nuestro quehacer: reconstruir las estaciones dañadas con la mayor rapidez posible, porque entendíamos el impacto profundo que su ausencia generaba.
La llegada de 2020, que traía consigo la pandemia, demandó nuevos esfuerzos y grandes sacrificios para todos los chilenos. Para Metro significó agregar un cuarto eje: repensarlo todo. La crisis sanitaria vació nuestras estaciones —con el impacto financiero que eso conlleva—, pero al mismo tiempo nos llevó a modificar por completo la manera en que hacemos las cosas para seguir resguardando la salud de las personas. Esto ha requerido no solo esfuerzo extra, sino también generosidad de todos nuestros equipos. El desafío que nos tocó enfrentar no tenía precedentes para nosotros, pero la “cultura metrina”, de la que tanto hablábamos en los pasillos, ha demostrado este año estar viva y más fuerte que nunca.
Estos meses han sido un viaje arduo, pero esta semana, con mucho orgullo y humildad, puedo decir que cumplimos la promesa de recuperar la operación del 100% de las estaciones destruidas dentro del plazo que nos fijamos inicialmente, es decir, antes de que termine 2020. Y, junto con ello, creo poder asegurar que hoy somos una empresa más fuerte y resiliente que la que existía antes del 18 de octubre. Nos quedan todavía tareas pendientes, que se extenderán aún por varios meses, para poder decir que cerramos por completo nuestro plan de reconstrucción. Pero lo fundamental ya está resuelto.
Estas crisis sucesivas han hecho que tengamos que retrasar la construcción de las nuevas líneas y extensiones, pero nuestro compromiso de mejorar la calidad de vida, a través de una ciudad más conectada, accesible y justa, que proporcione más oportunidades para todas las personas, sigue vigente y con el mismo ímpetu que ha caracterizado durante 50 años a este equipo humano llamado Metro.
Fuente: El Mercurio, Sábado 26 de Septiembre de 2020

EL MERCURIO – Los últimos doce meses pasarán a la historia del Metro de Santiago como los más duros que haya enfrentado nuestra empresa en sus más de 50 años de existencia. Nos removieron desde lo más profundo.
El viernes 18 de octubre de 2019 miramos con impotencia y profundo dolor cómo parte importante de nuestra red —esa que requirió de medio siglo y del esfuerzo de decenas de miles de personas para ser levantada— era atacada y destruida, poniendo en riesgo la vida de las personas que estaban dentro de nuestras estaciones y trenes. Por primera vez en la historia de la empresa, nos vimos obligados a cerrar por completo la red, en pleno horario de funcionamiento.
Fueron 118 de las 136 estaciones las que sufrieron daños de diferente consideración, desde la vandalización de boleterías hasta incendios que generaron la destrucción total de algunas estaciones.
Cuesta reproducir en palabras todas las sensaciones y sentimientos que se vivieron en nuestras oficinas, estaciones y talleres durante esos días. Sentimos dolor, angustia, tristeza, incertidumbre. Pero también vivimos la emoción y el profundo agradecimiento por muestras de cariño tan significativas como la de los vecinos de Estación San Pablo, quienes, por iniciativa propia, se organizaron para remover los primeros escombros al día siguiente del incendio que la afectó. La imagen al entrar a la estación ennegrecida, impregnada de olor a humo, y encontrarnos con unos cien vecinos cantando espontáneamente el Himno Nacional, se convirtió en el motor inicial de nuestro Plan de Reconstrucción. Y esa energía se fue nutriendo a lo largo de los meses con el cariño de vecinos de otras comunas, cada vez que logramos reabrir una estación, devolviendo un servicio tan necesario para la movilidad de nuestra ciudad.
La labor esencial de Metro es entregar un servicio de transporte de calidad y, al mismo tiempo, hacer crecer la red para permitir que más personas accedan a los beneficios que ella aporta para la calidad de vida de las personas. Esos son los dos “rieles” por los que tradicionalmente hemos transitado. Pero la crisis de octubre de 2019 agregó un tercer eje a nuestro quehacer: reconstruir las estaciones dañadas con la mayor rapidez posible, porque entendíamos el impacto profundo que su ausencia generaba.
La llegada de 2020, que traía consigo la pandemia, demandó nuevos esfuerzos y grandes sacrificios para todos los chilenos. Para Metro significó agregar un cuarto eje: repensarlo todo. La crisis sanitaria vació nuestras estaciones —con el impacto financiero que eso conlleva—, pero al mismo tiempo nos llevó a modificar por completo la manera en que hacemos las cosas para seguir resguardando la salud de las personas. Esto ha requerido no solo esfuerzo extra, sino también generosidad de todos nuestros equipos. El desafío que nos tocó enfrentar no tenía precedentes para nosotros, pero la “cultura metrina”, de la que tanto hablábamos en los pasillos, ha demostrado este año estar viva y más fuerte que nunca.
Estos meses han sido un viaje arduo, pero esta semana, con mucho orgullo y humildad, puedo decir que cumplimos la promesa de recuperar la operación del 100% de las estaciones destruidas dentro del plazo que nos fijamos inicialmente, es decir, antes de que termine 2020. Y, junto con ello, creo poder asegurar que hoy somos una empresa más fuerte y resiliente que la que existía antes del 18 de octubre. Nos quedan todavía tareas pendientes, que se extenderán aún por varios meses, para poder decir que cerramos por completo nuestro plan de reconstrucción. Pero lo fundamental ya está resuelto.
Estas crisis sucesivas han hecho que tengamos que retrasar la construcción de las nuevas líneas y extensiones, pero nuestro compromiso de mejorar la calidad de vida, a través de una ciudad más conectada, accesible y justa, que proporcione más oportunidades para todas las personas, sigue vigente y con el mismo ímpetu que ha caracterizado durante 50 años a este equipo humano llamado Metro.
Fuente: El Mercurio, Sábado 26 de Septiembre de 2020

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