Lunes, Junio 14, 2021

El sentido de la COP25

EL MERCURIO – Entre el 2 y el 13 de diciembre próximos, tendrá lugar en Santiago la mayor conferencia que se organiza para abordar el cambio climático y el control de los gases de efecto invernadero en el planeta. La Conferencia de las Partes (COP) inició sus encuentros en 1995, en Berlín, y desde entonces se ha realizado todos los años. En ella participan 196 países y concurren más de 25 mil personas que representan a gobiernos, ONGs, otras organizaciones de defensa del medio ambiente y medios de comunicación social.
Las más recordadas de estas reuniones fueron las de Kioto, Japón (1997), donde se adoptó el Protocolo del mismo nombre, que estableció la reducción para 2008-2012 de al menos un 5% de gases de efecto invernadero registrados; y la de Copenhague, Dinamarca, que, a pesar de su fracaso, abrió esperanzas de llegar a importantes acuerdos bajo el liderazgo, en ese entonces, del Presidente Barack Obama. En 2015, el encuentro dio lugar al Acuerdo de París, que establece que el aumento de la temperatura media del planeta de aquí a fin de siglo respecto de la era preindustrial no debe superar los dos grados Celsius, lo que obliga a los países firmantes a tomar medidas que permitan alcanzar esa ambiciosa meta. EE.UU. anunció el año pasado su retiro del acuerdo.
Chile asumió el desafío de organizar la COP hace solo algunos meses, después de que Brasil desestimara seguir adelante con su condición de país anfitrión. Tanto el Gobierno como el sector privado serán puestos a prueba, considerando no solo que se dispone de un tiempo reducido para organizar el evento, sino además que tendrá lugar en diciembre, un mes complicado en muchos sentidos, solo unos días después de haber sido nuestra capital sede del encuentro anual de APEC. En el caso de la COP, a la natural alteración que una reunión internacional provoca en las actividades de una ciudad, es probable que se sumen otras producto de la llegada de activistas que aprovechan estas instancias para manifestarse.
Sin embargo, no solo el aspecto organizacional supondrá un reto para Chile. En efecto, resulta inevitable que en una instancia como esta la política ambiental del país sea sometida a escrutinio por parte de los medios internacionales. Ante ello, es importante que el país pueda llegar al evento mostrando sus compromisos y logros, como el notable desarrollo alcanzado por las energías renovables no convencionales y los avances hacia la descarbonización de la matriz, junto con los esfuerzos y medidas que se han ido adoptando frente a situaciones críticas, como la que se vive en la llamada zona de sacrificio de Quintero. Sería ingenuo desconocer que la cuestión del cambio climático, un problema real y documentado científicamente, suele ser instrumentalizada por grupos radicales para poner bajo crítica la legitimidad de un modelo de desarrollo sostenido en la libre iniciativa. Desde esa perspectiva, esta cumbre ofrece una oportunidad para demostrar que el crecimiento y la sustentabilidad son objetivos compatibles.
La reunión de Santiago será la última antes de la fecha fijada para la entrada en vigor del Acuerdo de París. En Polonia, el año pasado, se avanzó en el reglamento para llevar a la práctica los pendientes que se espera resolver ahora en Santiago. En particular, lo concerniente a las métricas con que se midan, comparen y verifiquen los objetivos planteados, de cara a 2030. Por eso, en opinión de los especialistas, esta versión de la COP puede marcar un punto de inflexión respecto de si se cumple o no con las metas trazadas. Ello representa un desafío de proporciones para el país anfitrión, en cuanto a ejercer un papel articulador en la construcción de acuerdos que permitan avanzar.
Ante esas consideraciones, parece coherente la decisión del Presidente Piñera de encomendar a la Fundación Imagen País la organización de esta actividad. Una cita como esta puede contribuir decisivamente en la proyección de Chile ante el mundo como un país confiable y eficiente, y al mismo tiempo comprometido con la solución de los problemas globales. A su vez, el próximo anuncio de un consejo asesor para esta cumbre, el que tendría una integración transversal, debiera servir para ratificar esa visión como un asunto de Estado.
Ver Artículo
Fuente: El Mercurio, Viernes 05 de Abril de 2019

EL MERCURIO – Entre el 2 y el 13 de diciembre próximos, tendrá lugar en Santiago la mayor conferencia que se organiza para abordar el cambio climático y el control de los gases de efecto invernadero en el planeta. La Conferencia de las Partes (COP) inició sus encuentros en 1995, en Berlín, y desde entonces se ha realizado todos los años. En ella participan 196 países y concurren más de 25 mil personas que representan a gobiernos, ONGs, otras organizaciones de defensa del medio ambiente y medios de comunicación social.
Las más recordadas de estas reuniones fueron las de Kioto, Japón (1997), donde se adoptó el Protocolo del mismo nombre, que estableció la reducción para 2008-2012 de al menos un 5% de gases de efecto invernadero registrados; y la de Copenhague, Dinamarca, que, a pesar de su fracaso, abrió esperanzas de llegar a importantes acuerdos bajo el liderazgo, en ese entonces, del Presidente Barack Obama. En 2015, el encuentro dio lugar al Acuerdo de París, que establece que el aumento de la temperatura media del planeta de aquí a fin de siglo respecto de la era preindustrial no debe superar los dos grados Celsius, lo que obliga a los países firmantes a tomar medidas que permitan alcanzar esa ambiciosa meta. EE.UU. anunció el año pasado su retiro del acuerdo.
Chile asumió el desafío de organizar la COP hace solo algunos meses, después de que Brasil desestimara seguir adelante con su condición de país anfitrión. Tanto el Gobierno como el sector privado serán puestos a prueba, considerando no solo que se dispone de un tiempo reducido para organizar el evento, sino además que tendrá lugar en diciembre, un mes complicado en muchos sentidos, solo unos días después de haber sido nuestra capital sede del encuentro anual de APEC. En el caso de la COP, a la natural alteración que una reunión internacional provoca en las actividades de una ciudad, es probable que se sumen otras producto de la llegada de activistas que aprovechan estas instancias para manifestarse.
Sin embargo, no solo el aspecto organizacional supondrá un reto para Chile. En efecto, resulta inevitable que en una instancia como esta la política ambiental del país sea sometida a escrutinio por parte de los medios internacionales. Ante ello, es importante que el país pueda llegar al evento mostrando sus compromisos y logros, como el notable desarrollo alcanzado por las energías renovables no convencionales y los avances hacia la descarbonización de la matriz, junto con los esfuerzos y medidas que se han ido adoptando frente a situaciones críticas, como la que se vive en la llamada zona de sacrificio de Quintero. Sería ingenuo desconocer que la cuestión del cambio climático, un problema real y documentado científicamente, suele ser instrumentalizada por grupos radicales para poner bajo crítica la legitimidad de un modelo de desarrollo sostenido en la libre iniciativa. Desde esa perspectiva, esta cumbre ofrece una oportunidad para demostrar que el crecimiento y la sustentabilidad son objetivos compatibles.
La reunión de Santiago será la última antes de la fecha fijada para la entrada en vigor del Acuerdo de París. En Polonia, el año pasado, se avanzó en el reglamento para llevar a la práctica los pendientes que se espera resolver ahora en Santiago. En particular, lo concerniente a las métricas con que se midan, comparen y verifiquen los objetivos planteados, de cara a 2030. Por eso, en opinión de los especialistas, esta versión de la COP puede marcar un punto de inflexión respecto de si se cumple o no con las metas trazadas. Ello representa un desafío de proporciones para el país anfitrión, en cuanto a ejercer un papel articulador en la construcción de acuerdos que permitan avanzar.
Ante esas consideraciones, parece coherente la decisión del Presidente Piñera de encomendar a la Fundación Imagen País la organización de esta actividad. Una cita como esta puede contribuir decisivamente en la proyección de Chile ante el mundo como un país confiable y eficiente, y al mismo tiempo comprometido con la solución de los problemas globales. A su vez, el próximo anuncio de un consejo asesor para esta cumbre, el que tendría una integración transversal, debiera servir para ratificar esa visión como un asunto de Estado.
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Fuente: El Mercurio, Viernes 05 de Abril de 2019

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