Jueves, Agosto 5, 2021

Futuro del hidrógeno verde en Chile

EL MERCURIO – Las autoridades de gobierno y el Ministerio de Energía tienen al hidrógeno verde como una de las promesas de un futuro sin emisiones netas de carbono. Ello, pues el país posee un enorme potencial para producir energías no convencionales. Esta abundancia podría utilizarse para producir hidrógeno usando agua de mar, el que —a diferencia del hidrógeno gris, producido con combustibles fósiles— puede venderse como energético limpio, ya que su combustión solo emite vapor de agua. Es decir, se trataría de un ciclo energético sin emisiones de carbono o de contaminantes, que reemplazaría a los combustibles fósiles. Se ve este como un negocio atractivo y el Gobierno plantea apoyarlo con financiamiento que apalancaría inversiones enormes, llegando a una producción valorada en US$ 16 mil millones a 2035, de la que más de dos tercios serían exportados. Tales proyecciones plantean dos preguntas, referidas a las aplicaciones de este energético y a la demanda que podría abastecer el país.
Respecto de las primeras, no es probable por ahora su uso en el transporte de pasajeros, especialmente urbanos, pues los automóviles y buses que usan baterías eléctricas tienen demasiadas ventajas de costo. Esto se debe a que el proceso de producción, transporte y consumo de hidrógeno verde tiene pérdidas energéticas importantes en cada etapa, y se estima que solo el 30-50% de la energía generada puede ser utilizada. En vehículos eléctricos, las pérdidas son menores, permitiendo alcanzar eficiencias del 70-90%, diferencia que se traduce en un menor costo. En el caso de los hogares, también la electricidad corre con ventaja, pues la distribución de hidrógeno es cara y peligrosa para los usos domésticos. En cambio, encuentra un enorme mercado natural en las áreas donde la electricidad o las baterías no resultan apropiadas, como el transporte pesado terrestre, muchos procesos industriales y mineros, el transporte marino y tal vez el aéreo.
La segunda pregunta es si las ventajas productivas de Chile se pueden traducir en una oferta exportadora competitiva. El problema consiste en que hay muchos otros países con vastas zonas áridas o desérticas —para producir electricidad solar— vecinas al mar, interesados en desarrollar hidrógeno verde y más cercanos a los principales centros de demanda. Por ejemplo, las naciones del Sahara podrían instalar plantas fotovoltaicas para producir hidrógeno verde para Europa, mientras que Australia ha anunciado su interés en desarrollarlo y exportarlo a Asia. Esto limita nuestros mercados, pues el costo de transporte es elevado.
Estas dificultades imponen cierto escepticismo respecto de su potencial para cambiar el destino del país. Probablemente permitirá reemplazar nuestras necesidades de combustibles fósiles y generará exportaciones significativas. Pero, tal como el litio, también asociado a nuevas fuentes de energía, es esperable que, siendo un negocio interesante, solo llegue a representar una fracción limitada de la canasta exportadora. Ello no es necesariamente negativo: la dependencia de las exportaciones de unos pocos productos es una estrategia riesgosa para el desarrollo.
Fuente: El Mercurio, Lunes 09 de Noviembre de 2020

EL MERCURIO – Las autoridades de gobierno y el Ministerio de Energía tienen al hidrógeno verde como una de las promesas de un futuro sin emisiones netas de carbono. Ello, pues el país posee un enorme potencial para producir energías no convencionales. Esta abundancia podría utilizarse para producir hidrógeno usando agua de mar, el que —a diferencia del hidrógeno gris, producido con combustibles fósiles— puede venderse como energético limpio, ya que su combustión solo emite vapor de agua. Es decir, se trataría de un ciclo energético sin emisiones de carbono o de contaminantes, que reemplazaría a los combustibles fósiles. Se ve este como un negocio atractivo y el Gobierno plantea apoyarlo con financiamiento que apalancaría inversiones enormes, llegando a una producción valorada en US$ 16 mil millones a 2035, de la que más de dos tercios serían exportados. Tales proyecciones plantean dos preguntas, referidas a las aplicaciones de este energético y a la demanda que podría abastecer el país.
Respecto de las primeras, no es probable por ahora su uso en el transporte de pasajeros, especialmente urbanos, pues los automóviles y buses que usan baterías eléctricas tienen demasiadas ventajas de costo. Esto se debe a que el proceso de producción, transporte y consumo de hidrógeno verde tiene pérdidas energéticas importantes en cada etapa, y se estima que solo el 30-50% de la energía generada puede ser utilizada. En vehículos eléctricos, las pérdidas son menores, permitiendo alcanzar eficiencias del 70-90%, diferencia que se traduce en un menor costo. En el caso de los hogares, también la electricidad corre con ventaja, pues la distribución de hidrógeno es cara y peligrosa para los usos domésticos. En cambio, encuentra un enorme mercado natural en las áreas donde la electricidad o las baterías no resultan apropiadas, como el transporte pesado terrestre, muchos procesos industriales y mineros, el transporte marino y tal vez el aéreo.
La segunda pregunta es si las ventajas productivas de Chile se pueden traducir en una oferta exportadora competitiva. El problema consiste en que hay muchos otros países con vastas zonas áridas o desérticas —para producir electricidad solar— vecinas al mar, interesados en desarrollar hidrógeno verde y más cercanos a los principales centros de demanda. Por ejemplo, las naciones del Sahara podrían instalar plantas fotovoltaicas para producir hidrógeno verde para Europa, mientras que Australia ha anunciado su interés en desarrollarlo y exportarlo a Asia. Esto limita nuestros mercados, pues el costo de transporte es elevado.
Estas dificultades imponen cierto escepticismo respecto de su potencial para cambiar el destino del país. Probablemente permitirá reemplazar nuestras necesidades de combustibles fósiles y generará exportaciones significativas. Pero, tal como el litio, también asociado a nuevas fuentes de energía, es esperable que, siendo un negocio interesante, solo llegue a representar una fracción limitada de la canasta exportadora. Ello no es necesariamente negativo: la dependencia de las exportaciones de unos pocos productos es una estrategia riesgosa para el desarrollo.
Fuente: El Mercurio, Lunes 09 de Noviembre de 2020

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