Martes, Agosto 3, 2021

Embalse Chillán

LA DISCUSIÓN – Muy lentamente, el proyecto de embalse en el río Chillán ha ido quemando etapas. En 2015 concluyó el estudio de prefactibilidad, luego fue priorizado por el Consejo de Ministros de la CNR y hace pocos días obtuvo la recomendación satisfactoria (RS) del Ministerio de Desarrollo Social, lo que da la luz verde para la contratación del estudio de prefactibilidad avanzada, que demandará una inversión aproximada de $2.500 millones, los que serían financiados vía FNDR y que según anticipó el seremi (s) de Obras Públicas, José Miguel Podestá, se debiera licitar durante el primer semestre de este año, para posteriormente, ingresar a evaluación en el SEA el respectivo estudio de impacto ambiental.

Se trata de un largo camino que debe recorrer cualquier proyecto de embalse en Chile, pues pese a que se trata de obras de infraestructura que tienen un enorme impacto social y económico en los territorios, tradicionalmente los gobiernos han puesto sus mayores esfuerzos en iniciativas de carácter urbano.

El Chillán es uno de los tres principales embalses que se proyectan en la región. Se emplazará en el sector Los Pellines, en Pinto, y tendrá una capacidad de almacenamiento de 210 millones de metros cúbicos, lo que equivale a un tercio de la capacidad que tendrá La Punilla. Se estima que permitirá dar seguridad de riego a unas 20 mil hectáreas, beneficiando a unos dos mil agricultores de Pinto y Coihueco, y en menor medida, de Chillán y Chillán Viejo.

Y aunque su construcción demandará una cuantiosa inversión -podría bordear los 320 millones de dólares-, esta obra tendrá un impacto significativo en la producción agrícola del valle del río Chillán, lo que permitirá multiplicar la producción y diversificar los cultivos, y generar miles de puestos de trabajo.

En un escenario de cambio climático y de una crisis hídrica que va en su undécimo año, avanzar en soluciones de largo plazo, como la construcción de embalses, es una de las tareas ineludibles de éste y del próximo gobierno, de hecho, existe un plan nacional de embalses con más de 26 proyectos priorizados. Argumentos a favor hay de sobra, como el desafío de potenciar el desarrollo agroalimentario de Ñuble, lo que no se puede lograr sin riego.

Sin embargo, la falta de celeridad en la concreción de las obras amenaza con condenar a la región a desaprovechar su enorme potencial agrícola y, como consecuencia de ello, a perpetuar sus elevados niveles de pobreza.

Por ello es fundamental que las autoridades locales, los regantes y la comunidad en general, sean capaces de aunar sus voluntades y esfuerzos para el logro de este objetivo común, exigiendo al nivel central que la prioridad sea real y que no tengan que pasar otros cinco años para que se licite la construcción del embalse Chillán.

En ese contexto, también es clave hacerse cargo de los impactos negativos que el embalse tendrá en el medio ambiente, como la inundación de 420 hectáreas en la zona precordillerana, por ello la evaluación ambiental debe considerar medidas de mitigación y compensación, como la reforestación con especies nativas, así como un diálogo permanente con las comunidades afectadas y grupos de interés.

Ver artículo

Fuente: La Discusión, Martes 05 de Enero de 2021

LA DISCUSIÓN – Muy lentamente, el proyecto de embalse en el río Chillán ha ido quemando etapas. En 2015 concluyó el estudio de prefactibilidad, luego fue priorizado por el Consejo de Ministros de la CNR y hace pocos días obtuvo la recomendación satisfactoria (RS) del Ministerio de Desarrollo Social, lo que da la luz verde para la contratación del estudio de prefactibilidad avanzada, que demandará una inversión aproximada de $2.500 millones, los que serían financiados vía FNDR y que según anticipó el seremi (s) de Obras Públicas, José Miguel Podestá, se debiera licitar durante el primer semestre de este año, para posteriormente, ingresar a evaluación en el SEA el respectivo estudio de impacto ambiental.

Se trata de un largo camino que debe recorrer cualquier proyecto de embalse en Chile, pues pese a que se trata de obras de infraestructura que tienen un enorme impacto social y económico en los territorios, tradicionalmente los gobiernos han puesto sus mayores esfuerzos en iniciativas de carácter urbano.

El Chillán es uno de los tres principales embalses que se proyectan en la región. Se emplazará en el sector Los Pellines, en Pinto, y tendrá una capacidad de almacenamiento de 210 millones de metros cúbicos, lo que equivale a un tercio de la capacidad que tendrá La Punilla. Se estima que permitirá dar seguridad de riego a unas 20 mil hectáreas, beneficiando a unos dos mil agricultores de Pinto y Coihueco, y en menor medida, de Chillán y Chillán Viejo.

Y aunque su construcción demandará una cuantiosa inversión -podría bordear los 320 millones de dólares-, esta obra tendrá un impacto significativo en la producción agrícola del valle del río Chillán, lo que permitirá multiplicar la producción y diversificar los cultivos, y generar miles de puestos de trabajo.

En un escenario de cambio climático y de una crisis hídrica que va en su undécimo año, avanzar en soluciones de largo plazo, como la construcción de embalses, es una de las tareas ineludibles de éste y del próximo gobierno, de hecho, existe un plan nacional de embalses con más de 26 proyectos priorizados. Argumentos a favor hay de sobra, como el desafío de potenciar el desarrollo agroalimentario de Ñuble, lo que no se puede lograr sin riego.

Sin embargo, la falta de celeridad en la concreción de las obras amenaza con condenar a la región a desaprovechar su enorme potencial agrícola y, como consecuencia de ello, a perpetuar sus elevados niveles de pobreza.

Por ello es fundamental que las autoridades locales, los regantes y la comunidad en general, sean capaces de aunar sus voluntades y esfuerzos para el logro de este objetivo común, exigiendo al nivel central que la prioridad sea real y que no tengan que pasar otros cinco años para que se licite la construcción del embalse Chillán.

En ese contexto, también es clave hacerse cargo de los impactos negativos que el embalse tendrá en el medio ambiente, como la inundación de 420 hectáreas en la zona precordillerana, por ello la evaluación ambiental debe considerar medidas de mitigación y compensación, como la reforestación con especies nativas, así como un diálogo permanente con las comunidades afectadas y grupos de interés.

Ver artículo

Fuente: La Discusión, Martes 05 de Enero de 2021

TITULARES

X