Domingo, Mayo 9, 2021

Tendencias globales y el futuro de América Latina. El rol de la infraestructura y de los ingenieros

SERGIO BITAR – Agradezco y me honra la invitación del Colegio de Ingenieros de México. Compartir con México y conocer la magnitud de las obras públicas nos enseña mucho a los demás latinoamericanos.

Como ingeniero he dedicado parte importante de mi vida a la actividad política en Chile, a proponer estrategias de desarrollo. Grande fue mi sorpresa cuando el Colegio y el Instituto de Ingenieros de mi país me confirieran el galardón del Ingeniero 2016 y la Medalla de Oro en 2017, respectivamente. Por qué a mí, me pregunté? Me sentí emocionado por el reconocimiento de mis pares. Tal vez valoraron el aporte a la política de los ingenieros, su contribución al diseño e implementación de estrategias, como lo ha hecho este Colegio de Ingenieros de Mexico al crear el Grupo 2025. Desde esa perspectiva me dirijo hoy a Uds.

Ordenaré esta breve exposición en tres cuestiones: La Prospectiva y las tendencias globales que condicionan una estrategia; los Desafíos futuros de América Latina y el Papel de la Ingeniería y los ingenieros en el mundo que viene.

Estamos ingresando vertiginosamente en un mundo cada vez más incierto y complejo
La mirada prospectiva y el diseño de estrategias viables son esenciales. Sin claridad de objetivos de largo plazo, sin una narrativa atractiva, las decisiones de un gobierno resultan dispersas. Gobernar bien requiere compartir un rumbo. La prospectiva proporciona conceptos valiosos para la acción política.

¿Cómo prepararnos mejor? Pensar en futuro exige entender lo que está aconteciendo en el mundo y explorar los escenarios posibles en los próximos 10 o 20 años. En eso consiste la prospectiva. Luego elegir un escenario deseado, y diseñar una estrategia y adoptar las mejores políticas para alcanzarlo.

Podemos destacar seis tendencias globales. A) Las tecnologías disruptivas (que trascienden limitaciones físicas, energías verdes, tecnologías de comunicación, robótica e inteligencia artificial); B) el poder de los recursos naturales (escasez de agua, energías renovables); C) el cambio climático (reducción emisiones CO2); D) la urbanización (ciudades inteligentes), E) la demografía (envejecimiento, migraciones, desplazamiento de poder) y F) el empoderamiento ciudadano (clases medias emergentes, tecnología, educación y gobernabilidad compleja).

Estas tendencias están transformando las actividades y las relaciones humanas. Cuatro de ellas están provocando transformaciones tectónicas. La primera es la climática, empujan el desarrollo de tecnologías verdes no contaminantes, y la prevención y mitigación de los riesgos de desastres naturales. La segunda es la transformación digital, que penetra todas las actividades humanas, a partir de la robótica y de la inteligencia artificial. La tercera es la biotecnología, la biogenética y la edición genética, que expandirán las capacidades humanas y plantearán tremendos dilemas éticos. Y no menos importante, la cuarta transformación tectónica, es el sustancial desplazamiento de poder al Asia, en particular a China, y su imparable gravitación en la próxima década.

En medio de transformaciones de tal magnitud ¿qué ejes debe priorizar América Latina para promover el desarrollo productivo y el bienestar social?

El primer eje concierne a la incorporación de tecnologías verdes a nuestros recursos energéticos, minerales y alimenticios. Energías renovables, gas, solar, eólica, minerales para autos eléctricos, Internet de las cosas, digitalización.

El segundo es elevar nuestro potencial alimentario y silvícola, para enfrentar la seguridad alimentaria y las demandas de Asia. Implica un trabajo coordinado en biotecnología, agua, digitalización, infraestructura y recursos humanos. El océano será también esencial para la alimentación, tanto en acuicultura como en granjas agrícolas. La propia FAO sostiene que en 2024 la acuicultura superará en toneladas a la pesca tradicional.

America Latina debe situarse entre los primeros y eso exige un salto en investigación, recuperación de especies en extinción, formación de expertos e impulso a nuevas iniciativas privadas. En silvicultura hemos de revisar qué estrategia seguir para elaborar productos idóneos que resistan construcción en altura, y realzar la doble ventaja de los bosques, absorber CO2 y generar materiales reciclables.

También es crucial el polo Asia-Pacífico Una política audaz debe abarcar desde la formación de personas, conocimiento de idiomas, infraestructura para la conectividad, puertos de gran escala, cable de fibra óptica que conecte América Latina con Asia. China va en camino de transformarse en la primera economía mundial, lleva a cabo los mayores planes de infraestructura, ha acelerado su inscripción de patentes, formación de científicos y proyectos de innovación en el área digital. En su escenario principal el Banco Asiático de Desarrollo aspira a que Asia recupere en 2050 la posición dominante que poseía en 1750. Sin embargo, el beneficio para América Latina no será automático. Será fructífero si cada país latinoamericano sabe hacia dónde ir, qué y cómo negociar con China. Este eje es complementario de una articulación de los países latinoamericanos. En conectividad energética, digital, de infraestructura de transporte. La Alianza del Pacifico es un vehículo potente.

Un rol crucial para la Infraestructura

Tres desafíos mundiales deberá enfrentar cada país: elevar la tasa de crecimiento, extender la inclusión social y proteger el medio ambiente. Estos son también los desafíos estratégicos de América Latina. La infraestructura contribuye sustancialmente a los tres.
La proyección de inversión en infraestructura (energía, transporte, agua y telecomunicaciones) según Brookings se elevaría entre 80 y 90 millones de millones de dólares (trillones en EEU) en los próximos 15 años, bastante superior a los 3,5 millones de millones promedio anual en la última década. China representaría el 40% del incremento. En esta carrera América Latina revela importantes rezagos.

Para el futuro, considero concentrase en tres prioridades. Primero, expandir la infraestructura digital, instalar fibra óptica durante la construcción de carreteras, que penetre en las ciudades cerca de hogares, empresas y oficinas, y se extienda internacionalmente. A veces creemos que estamos muy bien por el acceso a telefonía móvil. No basta. Lo relevante es la disponibilidad de banda ancha de alta velocidad, y el uso se hace de la información. De esta infraestructura y de la formación de recursos humanos dependerá cuanto crecerá la productividad multifactorial, que haga posible acortar distancias con los países de la OCDE y evitar el continuo rezago con Asia.

Segundo, acrecentar la infraestructura en las ciudades. En ellas se concentrará pronto el 90% de la población. Entre 2020 y 2050 las ciudades pasaran a albergar de 3500 a 6500 millones de personas. La calidad de vida y la competitividad dependerán de la conectividad, la electromovilidad, servicios digitales para internet de las cosas, robotización e inteligencia artificial. Dependerán de la calidad del transporte público, parques, espacios culturales, de recursos educativos de alta calidad. Será indispensable perfeccionar la coordinación de los organismos que operan en la ciudad.

Una tercera prioridad es el agua, cuya escasez se tornara más acuciante al 2030. El cambio climático anticipa una reducción de la pluviometría, la subida de la isoterma cero, un deshielo prematuro y a veces abrupto y arrollador. Tal evolución exigirá innovación en el manejo del agua, el rediseño de obras para enfrentar estos cambios climáticos, embalses, revestimiento de canales, desalinización y ahorro. Las últimas cifras de América Latina revelan cerca de 50% de pérdida de agua en redes de ciudades.

Además, en los próximos años se deberá proseguir el continuo perfeccionamiento de los sistemas de financiación, atraer más recursos de fondos de pensiones y de seguros, que hasta ahora destinan un porcentaje bajo de sus colocaciones a obras de infraestructura. La asociación pública privada merece fuerte apoyo y para ello es indispensable disponer de leyes, reglas, personal idóneos. Nada se debe escatimar para garantizar la calidad y competencia de las licitaciones, la supervisión de obras, para evitar la corrupción y la colusión, uno de los mayores riesgos en los grandes planes de infraestructura.

Para cumplir estas tareas es esencial continuar elevando la capacidad técnica y el personal y equipos humanos de alta calificación de los Ministerios de infraestructura para planificar, preparar proyectos, supervisar y negociar con el sector privado, dialogar y consultar a la comunidad.

Asimismo, se requiere aumentar la capacidad de preparación de proyectos de ingeniería en los sectores público y privado. Mi propia experiencia durante la elaboración de la Estrategia 2020 fue que si bien éramos capaces precisar los objetivos estratégicos, carecíamos de proyectos suficientes para materializar los objetivos.

La nueva etapa de desarrollo productivo requerirá de un Estado más capaz, orientador y coordinador. Nuestro desarrollo futuro dependerá del conocimiento de las tecnologías y su aplicación, del espíritu de innovación y emprendimiento. Por esas razones, la ingeniería, en cuanto método de pensar y actuar, será demandada intensamente. Hasta ahora en América latina ha existido un excesivo predominio de economistas, de un pensamiento que solo privilegia los equilibrios macroeconómicos. No basta con los equilibrios macroeconómicos, son condición necesaria pero no suficiente. También, la lógica económica dominante delega al mercado la definición automática del rumbo y pregona un Estado mínimo. No es así ni en Estados Unidos, ni en Alemania, ni en Corea ni menos en China. No lo ha sido en la Unión Europea. Las decisiones estratégicas las adopta la sociedad y se impulsan desde el Estado. Y ello es más cierto que nunca hoy ante el cambio tecnológico acelerado. El que no sabe, el que no investiga, el que no tiene redes internacionales, el que no elige dónde quiere ser excelente, no llega ni alcanza meta alguna. Cada uno de nuestros países debe incrementar urgentemente su capacidad de investigación nacional en ciencia y tecnología.

Hasta ahora hemos sido rehenes de debates ideológicos entre Estado y mercado, en lugar de juzgar la efectividad de cada acción para lograr un propósito. El éxito supone una concertación y coordinación de esfuerzos, encabezados por el Estado, de los distintos actores nacionales, sector público y empresas privadas, universidades y centros de investigación, participación de la comunidad y alianzas internacionales.

La creatividad requiere una actitud favorable a la investigación, con ánimo de ruptura, con espíritu Schumpeteriano, para innovar. Tampoco basta atraer empresas extranjeras para impulsar el desarrollo tecnológico si no existe una capacidad de ingeniería, ciencia y tecnología nacionales, para disponer de autonomía que nos permita trazar mejor nuestro propio camino.

Para impulsar la transformación de la estructura productiva se requiere una reforma del Estado El Estado actual no está organizado, ni dotado de las capacidades humanas e institucionales para asumir estos retos. Necesitamos un Estado menos vertical, en red.

Se abren entonces vastas oportunidades para la ingeniería y nuestra responsabilidad es asumirlas y liderarlas. El primer objetivo es elevar la capacidad científica y tecnológica, reforzar el potencial de innovación y emprendimiento. Destinar apenas 0,4% (Chile) o 0,6 (México) del PIB a ciencia y tecnología será vivir en la oscuridad. Mientras los más avanzados (Corea, Finlandia., Dinamarca, Israel) poseen entre 7 y 8000 investigadores por cada millón de habitantes, México y Chile no superan los 500. La tasa de crecimiento de los sectores que dinamizaron la economía entre 1990 y 2005 ha decrecido y, por tanto, no podemos continuar con los mismos procesos de producción, los mismos productos y servicios, con escasa innovación propia. Los países asiáticos aumentan la distancia con los latinoamericanos en investigación, innovación y formación de capital humano avanzado. Si México llegara a ser la 7ª economía del mundo en 2050, como se proyecta en la lámina 6 que presenté, éste es un punto crucial.

Una prioridad es estudiar los impactos posibles de la digitalización, la robotización y la inteligencia artificial en el empleo. Este tema es objeto de numerosas investigaciones en los países desarrollados, que concluyen que entre el 30 y el 50% de los actuales empleos podrían desaparecer en los próximos 20 años, hacia 2040. Anticipan que aumentará el trabajo parcial y libre, habrá más oportunidades para las mujeres, pero podría aumentar la desigualdad, con sus consecuencias políticas. Los afectados serán aquellos empleos rutinarios, mientras los más calificados tendrán alta demanda.

¿Nos estamos preparando? Si bien es difícil determinar con precisión cuales desaparecerán y que nuevos surgirán hay tres acciones que se deben emprender desde ahora: primero, crear una red de protección para la transición a nuevos trabajos y, segundo, fortalecer la educación técnica y los programas para formación durante la vida; y tercer hacer un seguimiento permanente, con consulta a expertos, para reaccionar rápido. Los latinoamericanos estamos rezagados, y a los ingenieros cabe una responsabilidad mayor que a otras profesiones para anticipar e iluminar el camino.

El segundo objetivo es aumentar el número y mejorar la formación de los ingenieros. La proporción de estudiantes latinoamericanos que aprovechan las universidades de EEUU, en particular en STEM (Science, technology, engineering y mathematics) es bastante menor que la de los asiáticos, especialmente China, India y Corea del Sur. Mejorar la formación abarca numerosos ámbitos, desde normalizar títulos y fijar estándares hasta reforzar contenidos y prácticas que promuevan la innovación. Tales prácticas se refieren al trabajo en equipo, al abordaje de problemas concretos, articulación interdisciplinaria, diálogo con la comunidad, vinculación con el sector productivo, redes internacionales, y enseñar que el fracaso es parte del camino al éxito.

Asimismo, es necesario continuar fortaleciendo las capacidades analíticas de interpretación y comprensión de procesos complejos, adentrarse en el campo de los algoritmos, con apoyo de destrezas en el manejo de grandes datos.

¿Cómo incidir en la conducción del país?

Para conseguir mayor influencia, los ingenieros requieren adquirir habilidades de comunicar, exponer, persuadir. En general, muestran poca disposición al trabajo con otras disciplinas y a participar en la actividad pública, menos en el debate público.

Los partidos políticos, esenciales para el funcionamiento de la democracia, adolecen de escasa capacidad programática y propositiva. La confección de programas de gobierno y el análisis de su viabilidad es una condición indispensable para evitar el populismo y gobernar bien. Allí cabe un aporte de los ingenieros para identificar los problemas, encontrar soluciones viables, cuantificar e incorporar los conceptos de complejidad e incertidumbre. Los ingenieros están adiestrados para resolver problemas, no para crearlos, habilidad valiosa en la actividad política. ¿Cómo persuadir a los ingenieros jóvenes a asumir responsabilidades públicas? Es crucial que las nuevas generaciones encabecen el reto de la modernización productiva y del buen gobierno.

Conseguir respaldo de la opinión pública exige una buena política comunicacional que resuene con dos convicciones que están en el corazón de las nuevas generaciones: la lucha contra la desigualdad y el cuidado de la naturaleza. ¿Qué concepto difundir? Es indispensable mostrar cómo la infraestructura ayuda a la igualdad, crea espacios públicos para todos, conecta a los sectores de menos ingresos, facilita acceso a salud y educación, vincula territorios, mejora la salubridad y la calidad del agua, ofrece energía barata, mitiga las consecuencias de desastres naturales, obras bien diseñadas reducen las emisiones de CO2.

Para finalizar, permítanme referirme a la contribución de la ingeniería al modo de pensar y a la cultura. En la actividad política y en la gestión de gobierno se constata escaso rigor cuantitativo en todos nuestros países. Los latinoamericanos somos buenos para proponer soluciones simplistas, pero en general improvisados para diseñar respuestas a temas complejos, y menos para ejecutar bien. Urge elevar la capacidad de cuantificar, medir, deducir a partir de hechos, articular propuestas coherentes. Los ingenieros podemos contribuir a este propósito actuando más activamente en la esfera pública.

Las obras de infraestructura son tangibles y muy apreciadas por la gente, además despiertan la imaginación del futuro. Son un buen instrumento para la acción política.

Insto a los ingenieros a ir más lejos. Valorar lo público es un requisito para acometer los retos de cada país y de la humanidad. Los ingenieros deben y pueden jugarse más por trazar rumbos nuevos.

Ver presentación: Planeación, Ética e Innovación para un desarrollo equitativo y sustentable

Autor: Sergio Bitar, Marzo 2018

SERGIO BITAR – Agradezco y me honra la invitación del Colegio de Ingenieros de México. Compartir con México y conocer la magnitud de las obras públicas nos enseña mucho a los demás latinoamericanos.

Como ingeniero he dedicado parte importante de mi vida a la actividad política en Chile, a proponer estrategias de desarrollo. Grande fue mi sorpresa cuando el Colegio y el Instituto de Ingenieros de mi país me confirieran el galardón del Ingeniero 2016 y la Medalla de Oro en 2017, respectivamente. Por qué a mí, me pregunté? Me sentí emocionado por el reconocimiento de mis pares. Tal vez valoraron el aporte a la política de los ingenieros, su contribución al diseño e implementación de estrategias, como lo ha hecho este Colegio de Ingenieros de Mexico al crear el Grupo 2025. Desde esa perspectiva me dirijo hoy a Uds.

Ordenaré esta breve exposición en tres cuestiones: La Prospectiva y las tendencias globales que condicionan una estrategia; los Desafíos futuros de América Latina y el Papel de la Ingeniería y los ingenieros en el mundo que viene.

Estamos ingresando vertiginosamente en un mundo cada vez más incierto y complejo
La mirada prospectiva y el diseño de estrategias viables son esenciales. Sin claridad de objetivos de largo plazo, sin una narrativa atractiva, las decisiones de un gobierno resultan dispersas. Gobernar bien requiere compartir un rumbo. La prospectiva proporciona conceptos valiosos para la acción política.

¿Cómo prepararnos mejor? Pensar en futuro exige entender lo que está aconteciendo en el mundo y explorar los escenarios posibles en los próximos 10 o 20 años. En eso consiste la prospectiva. Luego elegir un escenario deseado, y diseñar una estrategia y adoptar las mejores políticas para alcanzarlo.

Podemos destacar seis tendencias globales. A) Las tecnologías disruptivas (que trascienden limitaciones físicas, energías verdes, tecnologías de comunicación, robótica e inteligencia artificial); B) el poder de los recursos naturales (escasez de agua, energías renovables); C) el cambio climático (reducción emisiones CO2); D) la urbanización (ciudades inteligentes), E) la demografía (envejecimiento, migraciones, desplazamiento de poder) y F) el empoderamiento ciudadano (clases medias emergentes, tecnología, educación y gobernabilidad compleja).

Estas tendencias están transformando las actividades y las relaciones humanas. Cuatro de ellas están provocando transformaciones tectónicas. La primera es la climática, empujan el desarrollo de tecnologías verdes no contaminantes, y la prevención y mitigación de los riesgos de desastres naturales. La segunda es la transformación digital, que penetra todas las actividades humanas, a partir de la robótica y de la inteligencia artificial. La tercera es la biotecnología, la biogenética y la edición genética, que expandirán las capacidades humanas y plantearán tremendos dilemas éticos. Y no menos importante, la cuarta transformación tectónica, es el sustancial desplazamiento de poder al Asia, en particular a China, y su imparable gravitación en la próxima década.

En medio de transformaciones de tal magnitud ¿qué ejes debe priorizar América Latina para promover el desarrollo productivo y el bienestar social?

El primer eje concierne a la incorporación de tecnologías verdes a nuestros recursos energéticos, minerales y alimenticios. Energías renovables, gas, solar, eólica, minerales para autos eléctricos, Internet de las cosas, digitalización.

El segundo es elevar nuestro potencial alimentario y silvícola, para enfrentar la seguridad alimentaria y las demandas de Asia. Implica un trabajo coordinado en biotecnología, agua, digitalización, infraestructura y recursos humanos. El océano será también esencial para la alimentación, tanto en acuicultura como en granjas agrícolas. La propia FAO sostiene que en 2024 la acuicultura superará en toneladas a la pesca tradicional.

America Latina debe situarse entre los primeros y eso exige un salto en investigación, recuperación de especies en extinción, formación de expertos e impulso a nuevas iniciativas privadas. En silvicultura hemos de revisar qué estrategia seguir para elaborar productos idóneos que resistan construcción en altura, y realzar la doble ventaja de los bosques, absorber CO2 y generar materiales reciclables.

También es crucial el polo Asia-Pacífico Una política audaz debe abarcar desde la formación de personas, conocimiento de idiomas, infraestructura para la conectividad, puertos de gran escala, cable de fibra óptica que conecte América Latina con Asia. China va en camino de transformarse en la primera economía mundial, lleva a cabo los mayores planes de infraestructura, ha acelerado su inscripción de patentes, formación de científicos y proyectos de innovación en el área digital. En su escenario principal el Banco Asiático de Desarrollo aspira a que Asia recupere en 2050 la posición dominante que poseía en 1750. Sin embargo, el beneficio para América Latina no será automático. Será fructífero si cada país latinoamericano sabe hacia dónde ir, qué y cómo negociar con China. Este eje es complementario de una articulación de los países latinoamericanos. En conectividad energética, digital, de infraestructura de transporte. La Alianza del Pacifico es un vehículo potente.

Un rol crucial para la Infraestructura

Tres desafíos mundiales deberá enfrentar cada país: elevar la tasa de crecimiento, extender la inclusión social y proteger el medio ambiente. Estos son también los desafíos estratégicos de América Latina. La infraestructura contribuye sustancialmente a los tres.
La proyección de inversión en infraestructura (energía, transporte, agua y telecomunicaciones) según Brookings se elevaría entre 80 y 90 millones de millones de dólares (trillones en EEU) en los próximos 15 años, bastante superior a los 3,5 millones de millones promedio anual en la última década. China representaría el 40% del incremento. En esta carrera América Latina revela importantes rezagos.

Para el futuro, considero concentrase en tres prioridades. Primero, expandir la infraestructura digital, instalar fibra óptica durante la construcción de carreteras, que penetre en las ciudades cerca de hogares, empresas y oficinas, y se extienda internacionalmente. A veces creemos que estamos muy bien por el acceso a telefonía móvil. No basta. Lo relevante es la disponibilidad de banda ancha de alta velocidad, y el uso se hace de la información. De esta infraestructura y de la formación de recursos humanos dependerá cuanto crecerá la productividad multifactorial, que haga posible acortar distancias con los países de la OCDE y evitar el continuo rezago con Asia.

Segundo, acrecentar la infraestructura en las ciudades. En ellas se concentrará pronto el 90% de la población. Entre 2020 y 2050 las ciudades pasaran a albergar de 3500 a 6500 millones de personas. La calidad de vida y la competitividad dependerán de la conectividad, la electromovilidad, servicios digitales para internet de las cosas, robotización e inteligencia artificial. Dependerán de la calidad del transporte público, parques, espacios culturales, de recursos educativos de alta calidad. Será indispensable perfeccionar la coordinación de los organismos que operan en la ciudad.

Una tercera prioridad es el agua, cuya escasez se tornara más acuciante al 2030. El cambio climático anticipa una reducción de la pluviometría, la subida de la isoterma cero, un deshielo prematuro y a veces abrupto y arrollador. Tal evolución exigirá innovación en el manejo del agua, el rediseño de obras para enfrentar estos cambios climáticos, embalses, revestimiento de canales, desalinización y ahorro. Las últimas cifras de América Latina revelan cerca de 50% de pérdida de agua en redes de ciudades.

Además, en los próximos años se deberá proseguir el continuo perfeccionamiento de los sistemas de financiación, atraer más recursos de fondos de pensiones y de seguros, que hasta ahora destinan un porcentaje bajo de sus colocaciones a obras de infraestructura. La asociación pública privada merece fuerte apoyo y para ello es indispensable disponer de leyes, reglas, personal idóneos. Nada se debe escatimar para garantizar la calidad y competencia de las licitaciones, la supervisión de obras, para evitar la corrupción y la colusión, uno de los mayores riesgos en los grandes planes de infraestructura.

Para cumplir estas tareas es esencial continuar elevando la capacidad técnica y el personal y equipos humanos de alta calificación de los Ministerios de infraestructura para planificar, preparar proyectos, supervisar y negociar con el sector privado, dialogar y consultar a la comunidad.

Asimismo, se requiere aumentar la capacidad de preparación de proyectos de ingeniería en los sectores público y privado. Mi propia experiencia durante la elaboración de la Estrategia 2020 fue que si bien éramos capaces precisar los objetivos estratégicos, carecíamos de proyectos suficientes para materializar los objetivos.

La nueva etapa de desarrollo productivo requerirá de un Estado más capaz, orientador y coordinador. Nuestro desarrollo futuro dependerá del conocimiento de las tecnologías y su aplicación, del espíritu de innovación y emprendimiento. Por esas razones, la ingeniería, en cuanto método de pensar y actuar, será demandada intensamente. Hasta ahora en América latina ha existido un excesivo predominio de economistas, de un pensamiento que solo privilegia los equilibrios macroeconómicos. No basta con los equilibrios macroeconómicos, son condición necesaria pero no suficiente. También, la lógica económica dominante delega al mercado la definición automática del rumbo y pregona un Estado mínimo. No es así ni en Estados Unidos, ni en Alemania, ni en Corea ni menos en China. No lo ha sido en la Unión Europea. Las decisiones estratégicas las adopta la sociedad y se impulsan desde el Estado. Y ello es más cierto que nunca hoy ante el cambio tecnológico acelerado. El que no sabe, el que no investiga, el que no tiene redes internacionales, el que no elige dónde quiere ser excelente, no llega ni alcanza meta alguna. Cada uno de nuestros países debe incrementar urgentemente su capacidad de investigación nacional en ciencia y tecnología.

Hasta ahora hemos sido rehenes de debates ideológicos entre Estado y mercado, en lugar de juzgar la efectividad de cada acción para lograr un propósito. El éxito supone una concertación y coordinación de esfuerzos, encabezados por el Estado, de los distintos actores nacionales, sector público y empresas privadas, universidades y centros de investigación, participación de la comunidad y alianzas internacionales.

La creatividad requiere una actitud favorable a la investigación, con ánimo de ruptura, con espíritu Schumpeteriano, para innovar. Tampoco basta atraer empresas extranjeras para impulsar el desarrollo tecnológico si no existe una capacidad de ingeniería, ciencia y tecnología nacionales, para disponer de autonomía que nos permita trazar mejor nuestro propio camino.

Para impulsar la transformación de la estructura productiva se requiere una reforma del Estado El Estado actual no está organizado, ni dotado de las capacidades humanas e institucionales para asumir estos retos. Necesitamos un Estado menos vertical, en red.

Se abren entonces vastas oportunidades para la ingeniería y nuestra responsabilidad es asumirlas y liderarlas. El primer objetivo es elevar la capacidad científica y tecnológica, reforzar el potencial de innovación y emprendimiento. Destinar apenas 0,4% (Chile) o 0,6 (México) del PIB a ciencia y tecnología será vivir en la oscuridad. Mientras los más avanzados (Corea, Finlandia., Dinamarca, Israel) poseen entre 7 y 8000 investigadores por cada millón de habitantes, México y Chile no superan los 500. La tasa de crecimiento de los sectores que dinamizaron la economía entre 1990 y 2005 ha decrecido y, por tanto, no podemos continuar con los mismos procesos de producción, los mismos productos y servicios, con escasa innovación propia. Los países asiáticos aumentan la distancia con los latinoamericanos en investigación, innovación y formación de capital humano avanzado. Si México llegara a ser la 7ª economía del mundo en 2050, como se proyecta en la lámina 6 que presenté, éste es un punto crucial.

Una prioridad es estudiar los impactos posibles de la digitalización, la robotización y la inteligencia artificial en el empleo. Este tema es objeto de numerosas investigaciones en los países desarrollados, que concluyen que entre el 30 y el 50% de los actuales empleos podrían desaparecer en los próximos 20 años, hacia 2040. Anticipan que aumentará el trabajo parcial y libre, habrá más oportunidades para las mujeres, pero podría aumentar la desigualdad, con sus consecuencias políticas. Los afectados serán aquellos empleos rutinarios, mientras los más calificados tendrán alta demanda.

¿Nos estamos preparando? Si bien es difícil determinar con precisión cuales desaparecerán y que nuevos surgirán hay tres acciones que se deben emprender desde ahora: primero, crear una red de protección para la transición a nuevos trabajos y, segundo, fortalecer la educación técnica y los programas para formación durante la vida; y tercer hacer un seguimiento permanente, con consulta a expertos, para reaccionar rápido. Los latinoamericanos estamos rezagados, y a los ingenieros cabe una responsabilidad mayor que a otras profesiones para anticipar e iluminar el camino.

El segundo objetivo es aumentar el número y mejorar la formación de los ingenieros. La proporción de estudiantes latinoamericanos que aprovechan las universidades de EEUU, en particular en STEM (Science, technology, engineering y mathematics) es bastante menor que la de los asiáticos, especialmente China, India y Corea del Sur. Mejorar la formación abarca numerosos ámbitos, desde normalizar títulos y fijar estándares hasta reforzar contenidos y prácticas que promuevan la innovación. Tales prácticas se refieren al trabajo en equipo, al abordaje de problemas concretos, articulación interdisciplinaria, diálogo con la comunidad, vinculación con el sector productivo, redes internacionales, y enseñar que el fracaso es parte del camino al éxito.

Asimismo, es necesario continuar fortaleciendo las capacidades analíticas de interpretación y comprensión de procesos complejos, adentrarse en el campo de los algoritmos, con apoyo de destrezas en el manejo de grandes datos.

¿Cómo incidir en la conducción del país?

Para conseguir mayor influencia, los ingenieros requieren adquirir habilidades de comunicar, exponer, persuadir. En general, muestran poca disposición al trabajo con otras disciplinas y a participar en la actividad pública, menos en el debate público.

Los partidos políticos, esenciales para el funcionamiento de la democracia, adolecen de escasa capacidad programática y propositiva. La confección de programas de gobierno y el análisis de su viabilidad es una condición indispensable para evitar el populismo y gobernar bien. Allí cabe un aporte de los ingenieros para identificar los problemas, encontrar soluciones viables, cuantificar e incorporar los conceptos de complejidad e incertidumbre. Los ingenieros están adiestrados para resolver problemas, no para crearlos, habilidad valiosa en la actividad política. ¿Cómo persuadir a los ingenieros jóvenes a asumir responsabilidades públicas? Es crucial que las nuevas generaciones encabecen el reto de la modernización productiva y del buen gobierno.

Conseguir respaldo de la opinión pública exige una buena política comunicacional que resuene con dos convicciones que están en el corazón de las nuevas generaciones: la lucha contra la desigualdad y el cuidado de la naturaleza. ¿Qué concepto difundir? Es indispensable mostrar cómo la infraestructura ayuda a la igualdad, crea espacios públicos para todos, conecta a los sectores de menos ingresos, facilita acceso a salud y educación, vincula territorios, mejora la salubridad y la calidad del agua, ofrece energía barata, mitiga las consecuencias de desastres naturales, obras bien diseñadas reducen las emisiones de CO2.

Para finalizar, permítanme referirme a la contribución de la ingeniería al modo de pensar y a la cultura. En la actividad política y en la gestión de gobierno se constata escaso rigor cuantitativo en todos nuestros países. Los latinoamericanos somos buenos para proponer soluciones simplistas, pero en general improvisados para diseñar respuestas a temas complejos, y menos para ejecutar bien. Urge elevar la capacidad de cuantificar, medir, deducir a partir de hechos, articular propuestas coherentes. Los ingenieros podemos contribuir a este propósito actuando más activamente en la esfera pública.

Las obras de infraestructura son tangibles y muy apreciadas por la gente, además despiertan la imaginación del futuro. Son un buen instrumento para la acción política.

Insto a los ingenieros a ir más lejos. Valorar lo público es un requisito para acometer los retos de cada país y de la humanidad. Los ingenieros deben y pueden jugarse más por trazar rumbos nuevos.

Ver presentación: Planeación, Ética e Innovación para un desarrollo equitativo y sustentable

Autor: Sergio Bitar, Marzo 2018

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