Miércoles, Noviembre 30, 2022

Sobre las opciones para el agua en tiempos de NO sequía, por Pedro Sariego

EL MOSTRADOR – Como el cambio climático sigue presente, hay que trabajar alternativas para tener agua para el consumo humano, la actividad productiva –incluyendo el riego– si la sequía sigue su ciclo, interrumpido el año en curso con lluvias propias de un año normal. Las alternativas son el reciclaje de las aguas –tema bastante estudiado– y, por cierto, está el disponer de agua en la costa. Todo el mundo habla de desalar, hay experiencia en Chile y mucha, pero a mí en lo personal me gusta más el proyecto que traería aguas sobrantes desde el sur.

Como este año llovió, no se ha seguido hablando de sequía. La nota del día es que a un 35% de las comunas se les está levantando ahora la declaración de escasez hídrica. Miel sobre hojuelas, llueve un poco y se olvida la sequía, un problema menos para la agobiada autoridad, concentrada en el cambio de la Constitución.

Como el cambio climático sigue presente, hay que trabajar alternativas para tener agua para el consumo humano, la actividad productiva –incluyendo el riego– si la sequía sigue su ciclo, interrumpido el año en curso con lluvias propias de un año normal.

Las alternativas son el reciclaje de las aguas –tema bastante estudiado– y, por cierto, está el disponer de agua en la costa. Todo el mundo habla de desalar, hay experiencia en Chile y mucha, pero a mí en lo personal me gusta más el proyecto que traería aguas sobrantes desde el sur. Con este proyecto te ahorras de partida el tema de la sal, traes esa agua dulce a través de un ducto submarino y la vas distribuyendo a lo largo de la costa rumbo al norte. Es una idea viable y, por cierto, más ecológica. Cuando hablamos de sobrantes, son aquellas aguas que están a punto de irse al mar; hoy se pierden millones y millones de metros cúbicos que ya no se usaron en esas cuencas.

Con todo, digamos claramente que, desalación o agua desde el sur, son procesos caros con gran consumo de energía. Aparte de “producir agua dulce”, se deben impulsar y conducir las aguas, el costo de estas tareas se suma y, mientras más arriba esté la localidad, más alto será dicho costo. Probablemente, para el consumo humano, la dimensión de la inversión y del gasto de operaciones que deba ser asumido por el Estado, aunque será alto y caro, subvencionarlo será una especie de nuevo super-Transantiago. Dicho esto, al llevar agua al mundo agrícola, esto es, requerimientos de agua en grandes volúmenes, el tema del costo de operaciones se transforma en un ítem imposible de asumir por el Estado.

Para disminuir el costo de producción de agua, impulsión y traslado de ella, lo inteligente es usar energías alternativas de manera sinergética. Las tecnologías existen (fotovoltaica, central hidráulica de acumulación por bombeo, impulsión), son conocidas en Chile. El tema es financiero.

Se trata de fijar un precio razonable para el mundo del agro, establecer la demanda y desarrollar tamaños de plantas de energía alternativas, que generen lo necesario para hacer funcionar todas las plantas y excedentes energéticos para vender al mercado siempre ávido de energía, en especial en momentos de alta demanda nocturna. Eso, más la venta del agua a un precio base, hace posible salvar la agricultura en todo Chile.

Desde la universidad lo hemos explicado en casi 80 charlas a diversos equipos del Estado y privados, a niveles municipal, local, institucional, incluyendo la Mesa Nacional del Agua y la Comisión de Desertificación, Recursos Hídricos y Sequía del Senado. La única crítica que hemos recibido es que el proyecto es muy barato, porque los gastos generales y utilidades que determinamos son los que se ocupan en los países desarrollados y no los que ocupan en Chile. Siempre argumentamos que licitaciones de este tipo tienen un carácter internacional por la vía de concesiones y que, en ese escenario, los precios de inversión se establecerán en ese rango. De paso, nunca sería más virtuoso el mecanismo de inversiones por concesiones que colaborar a solucionar el tema del agua en Chile

Por cierto, para que la iniciativa tenga éxito, el Estado debe innovar, abandonar el inmovilismo y legislar para que sea posible que Agua y Energía sean considerados a la vez y no de manera sectorial, como se hace hasta hoy. Las llamadas metodologías multicriterios esperan su momento, y este no puede ser más oportuno.

Como sea, en lo inmediato el Estado de Chile debe decidir qué hacer con propuestas como esta, trasladar grandes volúmenes de agua a bajo costo mediante la sinergia de energías alternativas. El silencio burocrático solo trae resquemores de todo tipo. Un sí o un no a la declaración de “interés púbico”, dentro de los tiempos fijados por los mecanismos e instituciones del mismo Estado, es imperioso y necesario.

Si es un no, el esfuerzo de los proponentes llega hasta ahí y ya está. Si la respuesta es un sí, entonces los proponentes desarrollarán los diseños de ingeniería de cada propuesta para consideración de las comunidades y del mismo Estado. Hay que avanzar, no se puede esperar a que lleguemos más allá de la catástrofe para hacerlo, donde el Estado compra todo a precios exorbitantes.

Lucrar en exceso ante las emergencias de la nación es lo que esperan siempre los especuladores. Todos lo sabemos en este país y estamos aburridos de ser testigos de eso.

Ver artículo

Fuente: El Mostrador, Lunes 26 de Septiembre de 2022

EL MOSTRADOR – Como el cambio climático sigue presente, hay que trabajar alternativas para tener agua para el consumo humano, la actividad productiva –incluyendo el riego– si la sequía sigue su ciclo, interrumpido el año en curso con lluvias propias de un año normal. Las alternativas son el reciclaje de las aguas –tema bastante estudiado– y, por cierto, está el disponer de agua en la costa. Todo el mundo habla de desalar, hay experiencia en Chile y mucha, pero a mí en lo personal me gusta más el proyecto que traería aguas sobrantes desde el sur.

Como este año llovió, no se ha seguido hablando de sequía. La nota del día es que a un 35% de las comunas se les está levantando ahora la declaración de escasez hídrica. Miel sobre hojuelas, llueve un poco y se olvida la sequía, un problema menos para la agobiada autoridad, concentrada en el cambio de la Constitución.

Como el cambio climático sigue presente, hay que trabajar alternativas para tener agua para el consumo humano, la actividad productiva –incluyendo el riego– si la sequía sigue su ciclo, interrumpido el año en curso con lluvias propias de un año normal.

Las alternativas son el reciclaje de las aguas –tema bastante estudiado– y, por cierto, está el disponer de agua en la costa. Todo el mundo habla de desalar, hay experiencia en Chile y mucha, pero a mí en lo personal me gusta más el proyecto que traería aguas sobrantes desde el sur. Con este proyecto te ahorras de partida el tema de la sal, traes esa agua dulce a través de un ducto submarino y la vas distribuyendo a lo largo de la costa rumbo al norte. Es una idea viable y, por cierto, más ecológica. Cuando hablamos de sobrantes, son aquellas aguas que están a punto de irse al mar; hoy se pierden millones y millones de metros cúbicos que ya no se usaron en esas cuencas.

Con todo, digamos claramente que, desalación o agua desde el sur, son procesos caros con gran consumo de energía. Aparte de “producir agua dulce”, se deben impulsar y conducir las aguas, el costo de estas tareas se suma y, mientras más arriba esté la localidad, más alto será dicho costo. Probablemente, para el consumo humano, la dimensión de la inversión y del gasto de operaciones que deba ser asumido por el Estado, aunque será alto y caro, subvencionarlo será una especie de nuevo super-Transantiago. Dicho esto, al llevar agua al mundo agrícola, esto es, requerimientos de agua en grandes volúmenes, el tema del costo de operaciones se transforma en un ítem imposible de asumir por el Estado.

Para disminuir el costo de producción de agua, impulsión y traslado de ella, lo inteligente es usar energías alternativas de manera sinergética. Las tecnologías existen (fotovoltaica, central hidráulica de acumulación por bombeo, impulsión), son conocidas en Chile. El tema es financiero.

Se trata de fijar un precio razonable para el mundo del agro, establecer la demanda y desarrollar tamaños de plantas de energía alternativas, que generen lo necesario para hacer funcionar todas las plantas y excedentes energéticos para vender al mercado siempre ávido de energía, en especial en momentos de alta demanda nocturna. Eso, más la venta del agua a un precio base, hace posible salvar la agricultura en todo Chile.

Desde la universidad lo hemos explicado en casi 80 charlas a diversos equipos del Estado y privados, a niveles municipal, local, institucional, incluyendo la Mesa Nacional del Agua y la Comisión de Desertificación, Recursos Hídricos y Sequía del Senado. La única crítica que hemos recibido es que el proyecto es muy barato, porque los gastos generales y utilidades que determinamos son los que se ocupan en los países desarrollados y no los que ocupan en Chile. Siempre argumentamos que licitaciones de este tipo tienen un carácter internacional por la vía de concesiones y que, en ese escenario, los precios de inversión se establecerán en ese rango. De paso, nunca sería más virtuoso el mecanismo de inversiones por concesiones que colaborar a solucionar el tema del agua en Chile

Por cierto, para que la iniciativa tenga éxito, el Estado debe innovar, abandonar el inmovilismo y legislar para que sea posible que Agua y Energía sean considerados a la vez y no de manera sectorial, como se hace hasta hoy. Las llamadas metodologías multicriterios esperan su momento, y este no puede ser más oportuno.

Como sea, en lo inmediato el Estado de Chile debe decidir qué hacer con propuestas como esta, trasladar grandes volúmenes de agua a bajo costo mediante la sinergia de energías alternativas. El silencio burocrático solo trae resquemores de todo tipo. Un sí o un no a la declaración de “interés púbico”, dentro de los tiempos fijados por los mecanismos e instituciones del mismo Estado, es imperioso y necesario.

Si es un no, el esfuerzo de los proponentes llega hasta ahí y ya está. Si la respuesta es un sí, entonces los proponentes desarrollarán los diseños de ingeniería de cada propuesta para consideración de las comunidades y del mismo Estado. Hay que avanzar, no se puede esperar a que lleguemos más allá de la catástrofe para hacerlo, donde el Estado compra todo a precios exorbitantes.

Lucrar en exceso ante las emergencias de la nación es lo que esperan siempre los especuladores. Todos lo sabemos en este país y estamos aburridos de ser testigos de eso.

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Fuente: El Mostrador, Lunes 26 de Septiembre de 2022

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