Lunes, Mayo 20, 2024

Riego agrícola con aguas grises tratadas: especialistas consideran como un importante avance la modificación legal aprobada en el Congreso

PAÍS CIRCULAR – La Cámara de Diputadas y Diputados Aprobó este martes por unanimidad la reforma a la Ley 21.075, que “Regula la recolección, reutilización y disposición de aguas grises”, con lo que el proyecto quedó listo para su promulgación. La modificación, presentada por el gobierno en marzo pasado, permitirá extender el uso de aguas grises tratadas a la actividad silvoagropecuaria, lo que a juicio de varios especialistas representa un importante avance en relación al texto original de la ley aprobada en 2018.

Dicha norma define las aguas grises como las “aguas servidas domésticas residuales provenientes de las tinas de baño, duchas, lavaderos, lavatorios y otros, excluyendo las aguas negras”, definidas a su vez como “aguas residuales que contienen excretas”. Señala que estas aguas grises, una vez tratadas para eliminar contaminantes, pueden tener cinco posible destinos: urbano (riego de jardines o descarga de aparatos sanitarios), recreativos (áreas verdes públicas, campos deportivos, etc.), ornamentales (áreas verdes), industriales (procesos no destinados a productos alimenticios y fines de refrigeración no evaporativos), y ambientales (especies reforestadas, mantención de humedales, entre otros).

Entre esos usos la ley no menciona el riego agrícola, sin embargo, sí especifica la prohibición en el “riego de frutas y hortalizas que crecen a ras de suelo y suelen ser consumidas crudas por las personas, o que sirvan de alimento a animales que pueden transmitir afecciones a la salud humana”.

Con la modificación aprobada se mantiene esa prohibición, pero se permite el uso silvoagropecuario, que considera el “riego de especies arbóreas o arbustivas frutales; cereales; cultivos industriales; viveros; cultivos de plantas leñosas; cultivos ornamentales; cultivos de flores; praderas o empastadas; y producción de semillas”.

La reforma a la ley se aprueba en el contexto de sequía y escasez hídrica que vive el país -108 comunas en emergencia hídrica-, que obliga a encontrar nuevas fuentes de agua. En ese sentido, la ministra del Medio Ambiente, Maisa Rojas, destacó el martes que “como gobierno estamos avanzando en todas las medidas que sean necesarias para hacer frente a la crisis hídrica. Y, precisamente, fomentar el reúso de las aguas grises, en especial en la pequeña agricultura, manteniendo las medidas preventivas para que no signifique un riesgo para la salud, es fundamental”.

En la misma línea, Julio Romero Figueroa, académico e investigador de la Universidad de Santiago (Usach) considera que esta modificación es “importantísima”. “Si bien ya se había avanzado con la Ley 21.075, este cambio abre el uso de aguas grises a un ámbito que influye directamente en la cadena alimentaria, por lo tanto es un avance. La ley hasta ahora restringía los usos y, dada la escasez hídrica, es necesario asegurar el recurso hídrico para mantener la cadena de producción de alimentos”, sostiene el investigador especialista es tratamiento de aguas grises.

Romero explica que el volumen que representan las aguas grises es relevante, y el hecho de ampliar los usos “abre expectativas de poder seguir avanzando en los detalles técnicos derivados de esta modificación legal”. Añade que “si se piensa que el consumo diario de las personas es cercano a los 200 litros de agua -promedio- y que el 65% de las aguas residuales que se emiten en un hogar son grises, estamos hablando de volúmenes de agua significativos”.

El investigador considera que, si bien va a depender del ámbito territorial -urbano, rural- cómo se va a tratar y usar esta agua, “hablamos de un volumen que podría ser significativo, especialmente en zonas de agricultura familiar campesina con proyectos puntuales, por ejemplo, que permitiesen apoyar el riego de sus cultivos”.

Desafíos pendientes

Alejandra Stehr Gesche, académica de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Concepción (UdeC), señala, en tanto, que la modificación aprobada “es un aporte. Es algo que faltaba en la ley original”. “Todo suma, sobre todo en zonas que están muy afectadas por la sequía. Este reúso de aguas grises ya se hace en otros países; por ejemplo, en Europa, en 2020 se aprobó el Reglamento (UE) 2020/741, sobre requisitos mínimos para la reutilización de aguas urbanas previamente depuradas en riego agrícola. Ahí se establecen una serie de detalles, criterios y normas que se deben cumplir, entre ellos las diferentes calidades de agua (4), dependiendo si es para regar hortalizas, frutales, tubérculos, etc.”

“En Chile estamos al debe en reúso de agua, es un imperativo avanzar en este tema”, agrega Stehr, quien es miembro del comité infraestructura hídrica del Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI).

Asimismo, la académica de la UdeC explica que en relación a otras fuentes nuevas de agua, como la desalinización o trasvases -de una región a otra, por ejemplo-, “la reutilización en riego agrícola tiene menor impacto ambiental y se promueve la economía circular, pues los nutrientes recuperados podrían ser aplicados a los cultivos mediante técnicas de ferti-irrigación, reduciendo la aplicación de abonos inorgánicos y, con ello, la contaminación de suelos y aguas”.

Respecto a los siguientes pasos, la integrante del CPI señala que ahora se debe estipular de manera muy específica las normas de calidad del agua para riego, según los tipos de cultivo. “Hay que tener claro que la calidad se establece de acuerdo a una normativa, a un valor de referencia; así se establece mayor o menos calidad del agua ya tratada. Otro desafío es que a los contaminantes habituales se suman ahora compuestos emergentes, hay estudios en Europa de aguas servidas que llegan a los ríos y contienen elementos como antibióticos, anticonceptivos, y otros medicamentos; eso hay que empezar a medirlo también para que no llegue a las hortalizas, los frutales, etc”.

Además, Stehr llama la atención sobre la imposibilidad de poner en práctica hasta ahora la ley original, debido a que no se ha aprobado el reglamento necesario para la implementación. “La ley fue aprobada en 2018, hace 5 años, y no ha podido implementarse. Toda construcción nueva de edificios y casas debiera hacerse con sistemas separados de aguas negras y de aguas grises, para riego de jardines, estanques de baños; pero no se hace mientras no hay reglamento”.

“Hay que apurar ese reglamento, y lo óptimo sería que incluya altiro todo, con la modificación recién aprobada, porque no se puede seguir esperando”, comenta la investigadora de la UdeC. Sobre este punto, el texto aprobado por la Cámara incluye un artículo transitorio, que establece un plazo de seis meses para que se elabore el reglamento, que luego debe ser aprobado.

Guillermo Donoso, UC; Alejandra Stehr, UdeC; Julio Romero, Usach.

Economía circular

A juicio de Guillermo Donoso Harris, director del Departamento de Economía Agraria de la Universidad Católica, estas nuevas normativas “sirven en el sentido de que se está aprovechando una fuente de agua que se llama no convencional, es decir, una fuente alternativa. Además, se da un mensaje en relación a la economía circular, porque lo que normalmente se consideraría un residuo aquí tiene un valor, por lo que se genera un beneficio múltiple: reduces la emisión de residuos, que serían estas aguas grises tratadas, y se reúsan, entonces se revaloriza lo que antes era residuo”.

Donoso, quien es integrante del Centro de Derecho y Gestión de Aguas UC, considera que “la posibilidad de reusar aguas grises tratadas es muy positiva para el sector silvoagropecuario. Sin embargo, es una fuente menor en comparación con las aguas servidas tratadas, básicamente porque la infraestructura no separa las redes de aguas grises de aguas negras, entonces la disponibilidad de aguas grises hoy día no es significativa. Es de esperar que con la ley que abre este espacio haya incentivos para poder modificar las redes y así generar un volumen más interesante de aguas grises tratadas”.

“En el contexto de escasez creciente, estas iniciativas son muy importantes, a pesar del bajo volumen, porque dan señales de las prioridades en que hay que seguir avanzando”, destaca el académico de la UC.

El profesor Julio Romero, en tanto, cree que esta enmienda aumentará la cantidad de personas interesadas en implementar el reúso de aguas grises, principalmente entre los agricultores, lo que a su vez dará un impulso a las discusiones pendientes en relación a inversiones, tecnologías, incentivos, infraestructura, reglamentos, etc. “Chile requiere avanzar en las definiciones, manuales, tecnologías adecuadas o estandarizadas de acuerdo a la realidad territorial de las aguas, donde ya hay un conjunto de estudios. Por ejemplo, en varios europeos existe la obligación de que los edificios nuevos tengan sistemas de tratamiento ya establecidos, y se señala las tecnologías que se consideran, los que pueden ser variables en términos de la realidad territorial”.

El académico de Usach subraya que las soluciones deben tener una mirada holística, involucrando a todos los sectores y al Estado, porque la crisis hídrica requiere de acciones integrales.

Contaminantes y tratamientos

En relación a los elementos que se deben tratar de las aguas grises, el profesor Julio Romero señala que “traen contaminantes que son bien conocidos por nosotros, principalmente los que usamos para lavar la loza, que son surfactantes; jabones y detergentes que nos permiten limpiar el cuerpo, la ropa, etc., pero que pasan a ser contaminantes una vez en el agua. Esos son los componentes que hay que remover; también las grasas y aceites que pueden venir de la cocina u otros lavados. Y puede haber algunos productos como colorantes -el agua de la lavadora arrastra un poco de colorante de la ropa que lava-, así como una carga microbiológica a tratar, no significativa, porque no estamos hablando de aguas negras”.

Según explica el académico de la Usach, las aguas grises se definen como aguas que tienen un origen particular, que vienen de puntos específicos sin contaminación fecal, pero actualmente las aguas grises se descargan junto con las aguas negras al sistema de alcantarillado, y eso va a las plantas de tratamiento de aguas servidas. “La ley facilita actuar en una etapa anterior, es decir, no enviar las aguas grises a la planta de tratamiento junto con aguas negras, sino tratarlas antes, porque son aguas con un nivel de riesgo mucho menor, porque tienen una contaminación orgánica mucho más baja”.

Las normativas nacionales, dice el investigador, definen parámetros -químicos, físicos y biológicos- bien específicos para determinar la calidad que debe tener el agua para riego, y que tienen que ver fundamentalmente con cantidades de ciertos elementos y algunas características físicas del agua.

Para lograr esa calidad existen varios tipos de tratamientos para aguas grises. “Hay algunos de lo que se llama soluciones basadas en la naturaleza, que utilizan algunas instalaciones o elementos de origen natural para hacerlo; en muchos casos se usan cierto tipo de plantas ornamentales que pueden absorber contaminante en su crecimiento, lo que se complementa con cierto tipo de filtros”, dice Romero.

También existen soluciones biológicas, donde se usan microorganismos para destruir los contaminantes; hay procesos físicos, como los sistemas de decantación de grasas, o de floración, para eliminar componentes más complejos; además, el equipo del investigador de la Usach está explorando un tratamiento electroquímico, es decir, uso de corrientes eléctricas apoyadas de algunos reactivos adicionales -que generen poco impacto ambiental- para oxidar y destruir algunos contaminantes más persistentes.

“Todos los tratamientos tienen que ser evaluados paso a paso, de acuerdo a la composición del agua, de manera de generar compuestos que si se van a destruir sea de forma inocua ,y no generar un mayor impacto al medio ambiente”, indica Romero, quien señala que hay muchos avances en este ámbito, en países como España e Israel, donde hay un muy buen aprovechamiento de las aguas grises, pero siempre es necesario hacer análisis caso a caso para poder ir generando experiencia en el país, teniendo en consideración la realidad nacional, en relación a la composición de las aguas residuales y definir sistemas de tratamiento pertinentes para tener aguas para distintos usos.

Infraestructura

Lo anterior puede implicar desde un tratamiento que se hace en la misma vivienda hasta plantas de tratamiento que recolecten el agua de un edificio, de varias viviendas; de hecho la ley diferencia entre los sistemas domiciliarios y los domiciliarios colectivos. “En Chile tenemos muy buenos sistemas de tratamiento de aguas en general, y la tecnología hoy día nos permite llegar a aguas de muy buena calidad. Y existen sistemas para el tratamiento en el lugar de origen hasta plantas de mayor envergadura”, sostiene Romero. Las instalaciones para este efecto, según establece la ley, deben considerar la recolección, el almacenamiento y la conducción de las aguas grises.

EL profesor Guillermo Donoso, en tanto, cree que actualmente existe un problema importante para implementar la reciente modificación a la Ley 21.075 y: “No hay una infraestructura que recoja las aguas grises, a diferencia de las aguas servidas, ya que tenemos alcantarillados que se destinan a la planta de tratamiento y hay una infraestructura que permite recolectarlas y tratarlas. Hoy día si en una vivienda se hace la inversión de separar aguas grises de negras, puedo poner una planta de tratamiento muy simple, muy pequeña, y usar esas aguas en el riego de los jardines. Para poder usarlas en el sector silvoagropecuario necesitamos generar un volumen considerable, y para eso necesito recolectar aguas grises de múltiples fuentes, acopiarlas, tratarlas y luego poder usarlas. Entonces falta toda esa infraestructura”.

“Lo que permitiría esta ley es, por ejemplo, en localidades rurales y algunas viviendas hacer la inversión de separar y poder recoger y tratar agua grises y destinarlas a riego, tal vez de pequeña agricultura, pero más allá de eso no”, concluye Donoso.

Ver artículo

Fuente: País Circular, Jueves 12 de Octubre de 2023

PAÍS CIRCULAR – La Cámara de Diputadas y Diputados Aprobó este martes por unanimidad la reforma a la Ley 21.075, que “Regula la recolección, reutilización y disposición de aguas grises”, con lo que el proyecto quedó listo para su promulgación. La modificación, presentada por el gobierno en marzo pasado, permitirá extender el uso de aguas grises tratadas a la actividad silvoagropecuaria, lo que a juicio de varios especialistas representa un importante avance en relación al texto original de la ley aprobada en 2018.

Dicha norma define las aguas grises como las “aguas servidas domésticas residuales provenientes de las tinas de baño, duchas, lavaderos, lavatorios y otros, excluyendo las aguas negras”, definidas a su vez como “aguas residuales que contienen excretas”. Señala que estas aguas grises, una vez tratadas para eliminar contaminantes, pueden tener cinco posible destinos: urbano (riego de jardines o descarga de aparatos sanitarios), recreativos (áreas verdes públicas, campos deportivos, etc.), ornamentales (áreas verdes), industriales (procesos no destinados a productos alimenticios y fines de refrigeración no evaporativos), y ambientales (especies reforestadas, mantención de humedales, entre otros).

Entre esos usos la ley no menciona el riego agrícola, sin embargo, sí especifica la prohibición en el “riego de frutas y hortalizas que crecen a ras de suelo y suelen ser consumidas crudas por las personas, o que sirvan de alimento a animales que pueden transmitir afecciones a la salud humana”.

Con la modificación aprobada se mantiene esa prohibición, pero se permite el uso silvoagropecuario, que considera el “riego de especies arbóreas o arbustivas frutales; cereales; cultivos industriales; viveros; cultivos de plantas leñosas; cultivos ornamentales; cultivos de flores; praderas o empastadas; y producción de semillas”.

La reforma a la ley se aprueba en el contexto de sequía y escasez hídrica que vive el país -108 comunas en emergencia hídrica-, que obliga a encontrar nuevas fuentes de agua. En ese sentido, la ministra del Medio Ambiente, Maisa Rojas, destacó el martes que “como gobierno estamos avanzando en todas las medidas que sean necesarias para hacer frente a la crisis hídrica. Y, precisamente, fomentar el reúso de las aguas grises, en especial en la pequeña agricultura, manteniendo las medidas preventivas para que no signifique un riesgo para la salud, es fundamental”.

En la misma línea, Julio Romero Figueroa, académico e investigador de la Universidad de Santiago (Usach) considera que esta modificación es “importantísima”. “Si bien ya se había avanzado con la Ley 21.075, este cambio abre el uso de aguas grises a un ámbito que influye directamente en la cadena alimentaria, por lo tanto es un avance. La ley hasta ahora restringía los usos y, dada la escasez hídrica, es necesario asegurar el recurso hídrico para mantener la cadena de producción de alimentos”, sostiene el investigador especialista es tratamiento de aguas grises.

Romero explica que el volumen que representan las aguas grises es relevante, y el hecho de ampliar los usos “abre expectativas de poder seguir avanzando en los detalles técnicos derivados de esta modificación legal”. Añade que “si se piensa que el consumo diario de las personas es cercano a los 200 litros de agua -promedio- y que el 65% de las aguas residuales que se emiten en un hogar son grises, estamos hablando de volúmenes de agua significativos”.

El investigador considera que, si bien va a depender del ámbito territorial -urbano, rural- cómo se va a tratar y usar esta agua, “hablamos de un volumen que podría ser significativo, especialmente en zonas de agricultura familiar campesina con proyectos puntuales, por ejemplo, que permitiesen apoyar el riego de sus cultivos”.

Desafíos pendientes

Alejandra Stehr Gesche, académica de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Concepción (UdeC), señala, en tanto, que la modificación aprobada “es un aporte. Es algo que faltaba en la ley original”. “Todo suma, sobre todo en zonas que están muy afectadas por la sequía. Este reúso de aguas grises ya se hace en otros países; por ejemplo, en Europa, en 2020 se aprobó el Reglamento (UE) 2020/741, sobre requisitos mínimos para la reutilización de aguas urbanas previamente depuradas en riego agrícola. Ahí se establecen una serie de detalles, criterios y normas que se deben cumplir, entre ellos las diferentes calidades de agua (4), dependiendo si es para regar hortalizas, frutales, tubérculos, etc.”

“En Chile estamos al debe en reúso de agua, es un imperativo avanzar en este tema”, agrega Stehr, quien es miembro del comité infraestructura hídrica del Consejo de Políticas de Infraestructura (CPI).

Asimismo, la académica de la UdeC explica que en relación a otras fuentes nuevas de agua, como la desalinización o trasvases -de una región a otra, por ejemplo-, “la reutilización en riego agrícola tiene menor impacto ambiental y se promueve la economía circular, pues los nutrientes recuperados podrían ser aplicados a los cultivos mediante técnicas de ferti-irrigación, reduciendo la aplicación de abonos inorgánicos y, con ello, la contaminación de suelos y aguas”.

Respecto a los siguientes pasos, la integrante del CPI señala que ahora se debe estipular de manera muy específica las normas de calidad del agua para riego, según los tipos de cultivo. “Hay que tener claro que la calidad se establece de acuerdo a una normativa, a un valor de referencia; así se establece mayor o menos calidad del agua ya tratada. Otro desafío es que a los contaminantes habituales se suman ahora compuestos emergentes, hay estudios en Europa de aguas servidas que llegan a los ríos y contienen elementos como antibióticos, anticonceptivos, y otros medicamentos; eso hay que empezar a medirlo también para que no llegue a las hortalizas, los frutales, etc”.

Además, Stehr llama la atención sobre la imposibilidad de poner en práctica hasta ahora la ley original, debido a que no se ha aprobado el reglamento necesario para la implementación. “La ley fue aprobada en 2018, hace 5 años, y no ha podido implementarse. Toda construcción nueva de edificios y casas debiera hacerse con sistemas separados de aguas negras y de aguas grises, para riego de jardines, estanques de baños; pero no se hace mientras no hay reglamento”.

“Hay que apurar ese reglamento, y lo óptimo sería que incluya altiro todo, con la modificación recién aprobada, porque no se puede seguir esperando”, comenta la investigadora de la UdeC. Sobre este punto, el texto aprobado por la Cámara incluye un artículo transitorio, que establece un plazo de seis meses para que se elabore el reglamento, que luego debe ser aprobado.

Guillermo Donoso, UC; Alejandra Stehr, UdeC; Julio Romero, Usach.

Economía circular

A juicio de Guillermo Donoso Harris, director del Departamento de Economía Agraria de la Universidad Católica, estas nuevas normativas “sirven en el sentido de que se está aprovechando una fuente de agua que se llama no convencional, es decir, una fuente alternativa. Además, se da un mensaje en relación a la economía circular, porque lo que normalmente se consideraría un residuo aquí tiene un valor, por lo que se genera un beneficio múltiple: reduces la emisión de residuos, que serían estas aguas grises tratadas, y se reúsan, entonces se revaloriza lo que antes era residuo”.

Donoso, quien es integrante del Centro de Derecho y Gestión de Aguas UC, considera que “la posibilidad de reusar aguas grises tratadas es muy positiva para el sector silvoagropecuario. Sin embargo, es una fuente menor en comparación con las aguas servidas tratadas, básicamente porque la infraestructura no separa las redes de aguas grises de aguas negras, entonces la disponibilidad de aguas grises hoy día no es significativa. Es de esperar que con la ley que abre este espacio haya incentivos para poder modificar las redes y así generar un volumen más interesante de aguas grises tratadas”.

“En el contexto de escasez creciente, estas iniciativas son muy importantes, a pesar del bajo volumen, porque dan señales de las prioridades en que hay que seguir avanzando”, destaca el académico de la UC.

El profesor Julio Romero, en tanto, cree que esta enmienda aumentará la cantidad de personas interesadas en implementar el reúso de aguas grises, principalmente entre los agricultores, lo que a su vez dará un impulso a las discusiones pendientes en relación a inversiones, tecnologías, incentivos, infraestructura, reglamentos, etc. “Chile requiere avanzar en las definiciones, manuales, tecnologías adecuadas o estandarizadas de acuerdo a la realidad territorial de las aguas, donde ya hay un conjunto de estudios. Por ejemplo, en varios europeos existe la obligación de que los edificios nuevos tengan sistemas de tratamiento ya establecidos, y se señala las tecnologías que se consideran, los que pueden ser variables en términos de la realidad territorial”.

El académico de Usach subraya que las soluciones deben tener una mirada holística, involucrando a todos los sectores y al Estado, porque la crisis hídrica requiere de acciones integrales.

Contaminantes y tratamientos

En relación a los elementos que se deben tratar de las aguas grises, el profesor Julio Romero señala que “traen contaminantes que son bien conocidos por nosotros, principalmente los que usamos para lavar la loza, que son surfactantes; jabones y detergentes que nos permiten limpiar el cuerpo, la ropa, etc., pero que pasan a ser contaminantes una vez en el agua. Esos son los componentes que hay que remover; también las grasas y aceites que pueden venir de la cocina u otros lavados. Y puede haber algunos productos como colorantes -el agua de la lavadora arrastra un poco de colorante de la ropa que lava-, así como una carga microbiológica a tratar, no significativa, porque no estamos hablando de aguas negras”.

Según explica el académico de la Usach, las aguas grises se definen como aguas que tienen un origen particular, que vienen de puntos específicos sin contaminación fecal, pero actualmente las aguas grises se descargan junto con las aguas negras al sistema de alcantarillado, y eso va a las plantas de tratamiento de aguas servidas. “La ley facilita actuar en una etapa anterior, es decir, no enviar las aguas grises a la planta de tratamiento junto con aguas negras, sino tratarlas antes, porque son aguas con un nivel de riesgo mucho menor, porque tienen una contaminación orgánica mucho más baja”.

Las normativas nacionales, dice el investigador, definen parámetros -químicos, físicos y biológicos- bien específicos para determinar la calidad que debe tener el agua para riego, y que tienen que ver fundamentalmente con cantidades de ciertos elementos y algunas características físicas del agua.

Para lograr esa calidad existen varios tipos de tratamientos para aguas grises. “Hay algunos de lo que se llama soluciones basadas en la naturaleza, que utilizan algunas instalaciones o elementos de origen natural para hacerlo; en muchos casos se usan cierto tipo de plantas ornamentales que pueden absorber contaminante en su crecimiento, lo que se complementa con cierto tipo de filtros”, dice Romero.

También existen soluciones biológicas, donde se usan microorganismos para destruir los contaminantes; hay procesos físicos, como los sistemas de decantación de grasas, o de floración, para eliminar componentes más complejos; además, el equipo del investigador de la Usach está explorando un tratamiento electroquímico, es decir, uso de corrientes eléctricas apoyadas de algunos reactivos adicionales -que generen poco impacto ambiental- para oxidar y destruir algunos contaminantes más persistentes.

“Todos los tratamientos tienen que ser evaluados paso a paso, de acuerdo a la composición del agua, de manera de generar compuestos que si se van a destruir sea de forma inocua ,y no generar un mayor impacto al medio ambiente”, indica Romero, quien señala que hay muchos avances en este ámbito, en países como España e Israel, donde hay un muy buen aprovechamiento de las aguas grises, pero siempre es necesario hacer análisis caso a caso para poder ir generando experiencia en el país, teniendo en consideración la realidad nacional, en relación a la composición de las aguas residuales y definir sistemas de tratamiento pertinentes para tener aguas para distintos usos.

Infraestructura

Lo anterior puede implicar desde un tratamiento que se hace en la misma vivienda hasta plantas de tratamiento que recolecten el agua de un edificio, de varias viviendas; de hecho la ley diferencia entre los sistemas domiciliarios y los domiciliarios colectivos. “En Chile tenemos muy buenos sistemas de tratamiento de aguas en general, y la tecnología hoy día nos permite llegar a aguas de muy buena calidad. Y existen sistemas para el tratamiento en el lugar de origen hasta plantas de mayor envergadura”, sostiene Romero. Las instalaciones para este efecto, según establece la ley, deben considerar la recolección, el almacenamiento y la conducción de las aguas grises.

EL profesor Guillermo Donoso, en tanto, cree que actualmente existe un problema importante para implementar la reciente modificación a la Ley 21.075 y: “No hay una infraestructura que recoja las aguas grises, a diferencia de las aguas servidas, ya que tenemos alcantarillados que se destinan a la planta de tratamiento y hay una infraestructura que permite recolectarlas y tratarlas. Hoy día si en una vivienda se hace la inversión de separar aguas grises de negras, puedo poner una planta de tratamiento muy simple, muy pequeña, y usar esas aguas en el riego de los jardines. Para poder usarlas en el sector silvoagropecuario necesitamos generar un volumen considerable, y para eso necesito recolectar aguas grises de múltiples fuentes, acopiarlas, tratarlas y luego poder usarlas. Entonces falta toda esa infraestructura”.

“Lo que permitiría esta ley es, por ejemplo, en localidades rurales y algunas viviendas hacer la inversión de separar y poder recoger y tratar agua grises y destinarlas a riego, tal vez de pequeña agricultura, pero más allá de eso no”, concluye Donoso.

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Fuente: País Circular, Jueves 12 de Octubre de 2023

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