Martes, Julio 23, 2024

Ministra Maisa Rojas releva la importancia del plan de adaptación al cambio climático en biodiversidad, cuya actualización está en consulta pública

PAÍS CIRCULAR – Hace un par de semanas, el 8 de junio, comenzaron a correr los 60 días hábiles durante los cuales estará abierta la consulta pública sobre el Anteproyecto de Plan Sectorial de Adaptación al Cambio Climático de Biodiversidad (PSACC Biodiversidad), en virtud del decreto del Ministerio del Medio Ambiente (MMA) publicado en dicha fecha en el Diario Oficial. El texto sometido a la consideración ciudadana corresponde a la actualización de una primera versión del Plan Nacional de Cambio Climático en Biodiversidad, diseñado entre 2011 y 2013, y vigente entre 2014 y 2019.

Para conocer algunos detalles sobre el anteproyecto, las diferencias con la versión anterior y el contexto en el cual se realizan los nuevos ajustes, País Circular conversó con la ministra del Medio Ambiente, Maisa Rojas, quien destacó que la participación ciudadana, además de ser una obligación legal, favorece “el logro de un plan más robusto y aceptado”.

El texto que está en consulta es el resultado de un proceso que comenzó en 2022 y contó con el financiamiento del Fondo Verde del Clima y la colaboración de FAO como agencia facilitadora. Asimismo, en lo que se refiere a la incorporación de la mejor ciencia disponible en el plan, se reunieron en once estudios los aportes de diversos centros de investigación, liderados por el Centro de Cambio Global de la UC, y entre los que se cuentan el Instituto de Ecología y Biodiversidad de la U.de Chile, el Instituto Milenio de Socio-Ecología Costera, el Centro de Investigación Oceanográfico en el Pacífico Sur-Oriental, el Centro Internacional Cabo de Hornos, el Instituto Milenio de Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos, el Núcleo Milenio Salmónidos Invasores Australes, y el Centro para Estudios de Campo.

Además, entre noviembre de 2022 y marzo de 2023 se llevó a cabo un proceso de participación temprana, mediante 10 talleres: tres en la zona norte del país, tres en la zona centro, tres en la zona sur y uno en islas oceánicas. Los talleres contaron con la presencia de integrantes de pueblos originarios, de organizaciones de la sociedad civil, miembros de la academia, profesionales de empresas y funcionarios de entidades gubernamentales. Casi el 56% de quienes concurrieron fueron mujeres.

La ministra Maisa Rojas explica que el nuevo Plan Sectorial de Adaptación al Cambio Climático para Biodiversidad, que debiese estar vigente cinco años -2024 a 2028- tiene como objetivo principal “reducir los impactos del cambio climático en la biodiversidad y fortalecer su capacidad de adaptación”, para lo cual “es necesario desarrollar acciones que incluyan el aumento de la resiliencia climática, la transversalización de la prevención y restauración, la promoción de la colaboración activa y la construcción de resiliencia climática en ecosistemas con función de reservorio y sumideros de carbono”.

En función de dichos objetivos, el plan establece 17 medidas, que están detalladas en el anteproyecto con una breve descripción, metas y acciones, entre otros datos. Por mencionar algunas, entre estas medidas están: iniciar la implementación de la restauración de la biodiversidad y humedales en cuencas pilotos para mejorar el servicio ecosistémico de provisión de agua; desarrollar e implementar programas de prevención y control de especies exóticas invasoras que presenten presiones sinérgicas con el cambio climático, en desmedro de especies nativas; definir una hoja de ruta para incluir las soluciones basadas en la naturaleza en la inversión pública y privada.

-¿Por qué es necesaria la actualización de este plan sectorial?

El primer plan se aprobó en 2014 y fue un gran aporte para instalar el tema de la vulnerabilidad de la biodiversidad al cambio climático, dos componentes hasta entonces abordados de manera separada por la política ambiental, a pesar de su estrecha conexión.

En ese primer plan se puso mayor énfasis en lo terrestre que en lo acuático, apuntando más a la institucionalidad pública que a otros sectores. En ese entonces eso tenía sentido, pues se estaba abordando un tema emergente en la agenda ambiental de esos años. Sin embargo, los instrumentos tienen ciclos de vida y deben actualizarse en función de la evolución política y jurídica que el país despliega.

Así, Chile cuenta hoy con una Estrategia Climática de Largo Plazo y con una Ley de Cambio Climático que abordan problemáticas globales y dotan de mecanismos para avanzar hacia la carbono neutralidad y la resiliencia climática de manera coherente y sistemática, algo que no existía en 2014. Además, esta Ley define las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN), con lo cual se vinculan las temáticas de biodiversidad y cambio climático.

Junto a esto, la institucionalidad ambiental, tras 13 años de tramitación legislativa, se encuentra abocada a la creación del Servicio de Biodiversidad y Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SBAP), que cuenta con varios instrumentos para proteger la biodiversidad dentro y fuera de las áreas protegidas, como, por ejemplo, el sistema de información de la biodiversidad, la planificación ecológica, planes de restauración ecológica, paisajes de conservación, entre otros. Esto promoverá la generación de conocimiento, el monitoreo y pronóstico de las relaciones entre biodiversidad y cambio climático, a fin de implementar oportunamente medidas de conservación y permitir la adaptación y mitigación de los efectos del cambio climático. Desde una perspectiva global, existe un llamado a trabajar sinérgicamente los temas de biodiversidad y cambio climático desde el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) y la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES). Por lo mismo, se puede decir que las convenciones de Biodiversidad y Cambio Climático también enfatizan la búsqueda de sinergias entre estos temas. Así, por ejemplo, el Marco de Global de Biodiversidad Kunming-Montreal identifica al cambio climático como un factor muy relevante, que cruza la problemática de biodiversidad y define una meta relacionada con ello.

-¿Cuáles son los elementos principales del anteproyecto?

Los elementos principales del anteproyecto son los antecedentes, que dan cuenta de una evaluación de riesgos climáticos actuales y proyectados sobre la biodiversidad, a partir de un conjunto de estudios científicos. Esto se encuentra complementado por los aportes recibidos de parte de diversos grupos de actores que entregaron su percepción territorial sobre las problemáticas en biodiversidad y cambio climático. Asimismo, se incluyó la revisión de brechas del plan anterior.

Con estos elementos se identificaron las necesidades de acción y se definió el marco político estratégico relativo a misión, visión, objetivos, líneas estratégicas y medidas requeridas para poder atender la problemática. El plan identifica los cursos de acción prioritarios en los cuales se debe avanzar durante los cinco años que dura su ciclo hasta la siguiente actualización. Y es que el plan debe entenderse como un esfuerzo continuo y sistemático que el país debe realizar periódicamente para enfrentar el desafío de la crisis climática y de pérdida de biodiversidad, con sus múltiples consecuencias en la sociedad y en la naturaleza, situación que nos acompañará por un largo tiempo.

-¿Cuáles son los efectos más relevantes del cambio climático sobre la biodiversidad en Chile y por qué?

Esto es algo sobre lo que la ciencia debe continuar profundizando permanentemente. Ahora bien, los estudios realizados para la formulación de este plan permiten desde ya visualizar tendencias que entregarán insumos a las acciones de política pública. Los principales efectos identificados pueden resumirse en el aumento de las temperaturas, que impactan la distribución de especies, forzándolas a desplazarse hacia zonas más frías y húmedas (sur y zonas de mayor altitud) y generan cambios en los patrones de reproducción y migración de las especies.

También está la disminución de las precipitaciones, que afectan especialmente a la zona centro y centro-sur del país, con una reducción significativa de las lluvias, lo que impacta la disponibilidad de agua para los ecosistemas, incrementando la presión sobre humedales y cuerpos de agua dulce, reduciendo su capacidad para mantener la biodiversidad.

Asociado a los cambios en temperaturas y precipitaciones está el incremento de eventos extremos, como mayor frecuencia de sequías, incendios e inundaciones, que afectan la estructura y funcionamiento de los ecosistemas tanto terrestres como acuáticos y causando, en muchos casos, pérdida de hábitat y estrés adicional a las especies nativas.

Otros aspectos son los cambios en la productividad y estructura de los ecosistemas marinos, el aumento de la temperatura del agua, la disminución de la salinidad y acidificación oceánica que afectan la disponibilidad de nutrientes y la estructura de los ecosistemas marinos; el impacto de las especies exóticas invasoras o los impactos mixtos en la biodiversidad terrestre y marina en la Ecorregión Subantártica de Magallanes y la Antártida.

– ¿Cuál ha sido la aplicación concreta del plan sectorial y qué se espera en específico de la actualización?

Una de las cinco amenazas a la biodiversidad es el cambio climático. Es por eso que identificar medidas de adaptación de ecosistemas amenazados es fundamental para aumentar la resiliencia de esos ecosistemas. Con ecosistemas más resilientes también tendremos una sociedad más resistente a los efectos adversos provocados por el cambio climático.

La biodiversidad es vulnerable al cambio climático y esto significa que las especies y ecosistemas de nuestro país pueden presentar cambios más o menos severos en sus rangos de distribución y condiciones de habitabilidad y sobrevivencia. Los ecosistemas, que están formados por especies, pueden también sufrir significativos cambios en su composición y distribución, en algunos casos llegando a amenazar su continuidad como la conocemos hoy, al menos.

Esto no es simplemente una suerte de reconfiguración del tablero que conocemos hacia otro que podemos predecir con claridad y precisión, sino que contiene grados de incertidumbre que desafían nuestro conocimiento y nuestra capacidad de gestión de nuevos escenarios. Las sociedades humanas y todos sus sistemas socioeconómicos se construyen acoplados a la biodiversidad y las contribuciones de la naturaleza a las personas, por lo cual nuestro devenir está también vinculado al devenir de la propia biodiversidad.

Por eso es muy importante entender que la biodiversidad no es un componente pasivo al clima, sino todo lo contrario: es la propia biodiversidad a través de millones de años, en ocasiones con crisis mediante, la que ha generado las condiciones para la vida de nuestra especie y también la de las otras especies con las cuales cohabitamos este planeta. Por ello, conocer, resguardar y recuperar nuestra biodiversidad son formas muy relevantes para amortiguar las presiones del cambio climático y de otros factores de degradación sobre nosotros y las otras especies.

Es esencial que como país nos preparemos de manera decidida para abordar estas problemáticas, monitoreando su evolución y desarrollando cursos de acción concretos para incrementar la capacidad de adaptación y la resiliencia bioclimática. Los objetivos y medidas planteados por el plan en proceso de actualización apuntan en esa dirección, lo cual requiere para su proyección consistente de una política de largo plazo, en constante revisión y mejora.

Una manera de tejer esa proyección es haciendo partícipes de esta tarea a todos los actores de la sociedad. El sector privado, el académico, las ONG, la institucionalidad pública, los jóvenes, los diferentes grupos sociales, las mujeres, todas y todos podemos contribuir desde nuestra esfera a una mayor resiliencia bioclimática, pues somos parte de esa misma biodiversidad.

Participación

En relación a la consulta ciudadana sobre el anteproyecto, la ministra Rojas comenta que es muy relevante, “ya que contribuye a legitimar y proyectar la política pública, favoreciendo el logro de un plan más robusto y aceptado”. Además, dice, se trata de un mandato legal, estipulado en el Acuerdo de Escazú y en el artículo 2 de la Ley Marco de Cambio Climático, que “explicita que es deber del Estado contar con los mecanismos que permitan asegurar la participación de toda persona o agrupación de personas en la gestión del cambio climático, tanto a nivel nacional, como regional y local”.

Toda persona -natural o jurídica- que desee realizar observaciones al anteproyecto puede hacerlo hasta el jueves 22 de agosto próximo.

Ver artículo

Fuente: País Circular, Miércoles 26 de Junio de 2024

PAÍS CIRCULAR – Hace un par de semanas, el 8 de junio, comenzaron a correr los 60 días hábiles durante los cuales estará abierta la consulta pública sobre el Anteproyecto de Plan Sectorial de Adaptación al Cambio Climático de Biodiversidad (PSACC Biodiversidad), en virtud del decreto del Ministerio del Medio Ambiente (MMA) publicado en dicha fecha en el Diario Oficial. El texto sometido a la consideración ciudadana corresponde a la actualización de una primera versión del Plan Nacional de Cambio Climático en Biodiversidad, diseñado entre 2011 y 2013, y vigente entre 2014 y 2019.

Para conocer algunos detalles sobre el anteproyecto, las diferencias con la versión anterior y el contexto en el cual se realizan los nuevos ajustes, País Circular conversó con la ministra del Medio Ambiente, Maisa Rojas, quien destacó que la participación ciudadana, además de ser una obligación legal, favorece “el logro de un plan más robusto y aceptado”.

El texto que está en consulta es el resultado de un proceso que comenzó en 2022 y contó con el financiamiento del Fondo Verde del Clima y la colaboración de FAO como agencia facilitadora. Asimismo, en lo que se refiere a la incorporación de la mejor ciencia disponible en el plan, se reunieron en once estudios los aportes de diversos centros de investigación, liderados por el Centro de Cambio Global de la UC, y entre los que se cuentan el Instituto de Ecología y Biodiversidad de la U.de Chile, el Instituto Milenio de Socio-Ecología Costera, el Centro de Investigación Oceanográfico en el Pacífico Sur-Oriental, el Centro Internacional Cabo de Hornos, el Instituto Milenio de Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos, el Núcleo Milenio Salmónidos Invasores Australes, y el Centro para Estudios de Campo.

Además, entre noviembre de 2022 y marzo de 2023 se llevó a cabo un proceso de participación temprana, mediante 10 talleres: tres en la zona norte del país, tres en la zona centro, tres en la zona sur y uno en islas oceánicas. Los talleres contaron con la presencia de integrantes de pueblos originarios, de organizaciones de la sociedad civil, miembros de la academia, profesionales de empresas y funcionarios de entidades gubernamentales. Casi el 56% de quienes concurrieron fueron mujeres.

La ministra Maisa Rojas explica que el nuevo Plan Sectorial de Adaptación al Cambio Climático para Biodiversidad, que debiese estar vigente cinco años -2024 a 2028- tiene como objetivo principal “reducir los impactos del cambio climático en la biodiversidad y fortalecer su capacidad de adaptación”, para lo cual “es necesario desarrollar acciones que incluyan el aumento de la resiliencia climática, la transversalización de la prevención y restauración, la promoción de la colaboración activa y la construcción de resiliencia climática en ecosistemas con función de reservorio y sumideros de carbono”.

En función de dichos objetivos, el plan establece 17 medidas, que están detalladas en el anteproyecto con una breve descripción, metas y acciones, entre otros datos. Por mencionar algunas, entre estas medidas están: iniciar la implementación de la restauración de la biodiversidad y humedales en cuencas pilotos para mejorar el servicio ecosistémico de provisión de agua; desarrollar e implementar programas de prevención y control de especies exóticas invasoras que presenten presiones sinérgicas con el cambio climático, en desmedro de especies nativas; definir una hoja de ruta para incluir las soluciones basadas en la naturaleza en la inversión pública y privada.

-¿Por qué es necesaria la actualización de este plan sectorial?

El primer plan se aprobó en 2014 y fue un gran aporte para instalar el tema de la vulnerabilidad de la biodiversidad al cambio climático, dos componentes hasta entonces abordados de manera separada por la política ambiental, a pesar de su estrecha conexión.

En ese primer plan se puso mayor énfasis en lo terrestre que en lo acuático, apuntando más a la institucionalidad pública que a otros sectores. En ese entonces eso tenía sentido, pues se estaba abordando un tema emergente en la agenda ambiental de esos años. Sin embargo, los instrumentos tienen ciclos de vida y deben actualizarse en función de la evolución política y jurídica que el país despliega.

Así, Chile cuenta hoy con una Estrategia Climática de Largo Plazo y con una Ley de Cambio Climático que abordan problemáticas globales y dotan de mecanismos para avanzar hacia la carbono neutralidad y la resiliencia climática de manera coherente y sistemática, algo que no existía en 2014. Además, esta Ley define las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN), con lo cual se vinculan las temáticas de biodiversidad y cambio climático.

Junto a esto, la institucionalidad ambiental, tras 13 años de tramitación legislativa, se encuentra abocada a la creación del Servicio de Biodiversidad y Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SBAP), que cuenta con varios instrumentos para proteger la biodiversidad dentro y fuera de las áreas protegidas, como, por ejemplo, el sistema de información de la biodiversidad, la planificación ecológica, planes de restauración ecológica, paisajes de conservación, entre otros. Esto promoverá la generación de conocimiento, el monitoreo y pronóstico de las relaciones entre biodiversidad y cambio climático, a fin de implementar oportunamente medidas de conservación y permitir la adaptación y mitigación de los efectos del cambio climático. Desde una perspectiva global, existe un llamado a trabajar sinérgicamente los temas de biodiversidad y cambio climático desde el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) y la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES). Por lo mismo, se puede decir que las convenciones de Biodiversidad y Cambio Climático también enfatizan la búsqueda de sinergias entre estos temas. Así, por ejemplo, el Marco de Global de Biodiversidad Kunming-Montreal identifica al cambio climático como un factor muy relevante, que cruza la problemática de biodiversidad y define una meta relacionada con ello.

-¿Cuáles son los elementos principales del anteproyecto?

Los elementos principales del anteproyecto son los antecedentes, que dan cuenta de una evaluación de riesgos climáticos actuales y proyectados sobre la biodiversidad, a partir de un conjunto de estudios científicos. Esto se encuentra complementado por los aportes recibidos de parte de diversos grupos de actores que entregaron su percepción territorial sobre las problemáticas en biodiversidad y cambio climático. Asimismo, se incluyó la revisión de brechas del plan anterior.

Con estos elementos se identificaron las necesidades de acción y se definió el marco político estratégico relativo a misión, visión, objetivos, líneas estratégicas y medidas requeridas para poder atender la problemática. El plan identifica los cursos de acción prioritarios en los cuales se debe avanzar durante los cinco años que dura su ciclo hasta la siguiente actualización. Y es que el plan debe entenderse como un esfuerzo continuo y sistemático que el país debe realizar periódicamente para enfrentar el desafío de la crisis climática y de pérdida de biodiversidad, con sus múltiples consecuencias en la sociedad y en la naturaleza, situación que nos acompañará por un largo tiempo.

-¿Cuáles son los efectos más relevantes del cambio climático sobre la biodiversidad en Chile y por qué?

Esto es algo sobre lo que la ciencia debe continuar profundizando permanentemente. Ahora bien, los estudios realizados para la formulación de este plan permiten desde ya visualizar tendencias que entregarán insumos a las acciones de política pública. Los principales efectos identificados pueden resumirse en el aumento de las temperaturas, que impactan la distribución de especies, forzándolas a desplazarse hacia zonas más frías y húmedas (sur y zonas de mayor altitud) y generan cambios en los patrones de reproducción y migración de las especies.

También está la disminución de las precipitaciones, que afectan especialmente a la zona centro y centro-sur del país, con una reducción significativa de las lluvias, lo que impacta la disponibilidad de agua para los ecosistemas, incrementando la presión sobre humedales y cuerpos de agua dulce, reduciendo su capacidad para mantener la biodiversidad.

Asociado a los cambios en temperaturas y precipitaciones está el incremento de eventos extremos, como mayor frecuencia de sequías, incendios e inundaciones, que afectan la estructura y funcionamiento de los ecosistemas tanto terrestres como acuáticos y causando, en muchos casos, pérdida de hábitat y estrés adicional a las especies nativas.

Otros aspectos son los cambios en la productividad y estructura de los ecosistemas marinos, el aumento de la temperatura del agua, la disminución de la salinidad y acidificación oceánica que afectan la disponibilidad de nutrientes y la estructura de los ecosistemas marinos; el impacto de las especies exóticas invasoras o los impactos mixtos en la biodiversidad terrestre y marina en la Ecorregión Subantártica de Magallanes y la Antártida.

– ¿Cuál ha sido la aplicación concreta del plan sectorial y qué se espera en específico de la actualización?

Una de las cinco amenazas a la biodiversidad es el cambio climático. Es por eso que identificar medidas de adaptación de ecosistemas amenazados es fundamental para aumentar la resiliencia de esos ecosistemas. Con ecosistemas más resilientes también tendremos una sociedad más resistente a los efectos adversos provocados por el cambio climático.

La biodiversidad es vulnerable al cambio climático y esto significa que las especies y ecosistemas de nuestro país pueden presentar cambios más o menos severos en sus rangos de distribución y condiciones de habitabilidad y sobrevivencia. Los ecosistemas, que están formados por especies, pueden también sufrir significativos cambios en su composición y distribución, en algunos casos llegando a amenazar su continuidad como la conocemos hoy, al menos.

Esto no es simplemente una suerte de reconfiguración del tablero que conocemos hacia otro que podemos predecir con claridad y precisión, sino que contiene grados de incertidumbre que desafían nuestro conocimiento y nuestra capacidad de gestión de nuevos escenarios. Las sociedades humanas y todos sus sistemas socioeconómicos se construyen acoplados a la biodiversidad y las contribuciones de la naturaleza a las personas, por lo cual nuestro devenir está también vinculado al devenir de la propia biodiversidad.

Por eso es muy importante entender que la biodiversidad no es un componente pasivo al clima, sino todo lo contrario: es la propia biodiversidad a través de millones de años, en ocasiones con crisis mediante, la que ha generado las condiciones para la vida de nuestra especie y también la de las otras especies con las cuales cohabitamos este planeta. Por ello, conocer, resguardar y recuperar nuestra biodiversidad son formas muy relevantes para amortiguar las presiones del cambio climático y de otros factores de degradación sobre nosotros y las otras especies.

Es esencial que como país nos preparemos de manera decidida para abordar estas problemáticas, monitoreando su evolución y desarrollando cursos de acción concretos para incrementar la capacidad de adaptación y la resiliencia bioclimática. Los objetivos y medidas planteados por el plan en proceso de actualización apuntan en esa dirección, lo cual requiere para su proyección consistente de una política de largo plazo, en constante revisión y mejora.

Una manera de tejer esa proyección es haciendo partícipes de esta tarea a todos los actores de la sociedad. El sector privado, el académico, las ONG, la institucionalidad pública, los jóvenes, los diferentes grupos sociales, las mujeres, todas y todos podemos contribuir desde nuestra esfera a una mayor resiliencia bioclimática, pues somos parte de esa misma biodiversidad.

Participación

En relación a la consulta ciudadana sobre el anteproyecto, la ministra Rojas comenta que es muy relevante, “ya que contribuye a legitimar y proyectar la política pública, favoreciendo el logro de un plan más robusto y aceptado”. Además, dice, se trata de un mandato legal, estipulado en el Acuerdo de Escazú y en el artículo 2 de la Ley Marco de Cambio Climático, que “explicita que es deber del Estado contar con los mecanismos que permitan asegurar la participación de toda persona o agrupación de personas en la gestión del cambio climático, tanto a nivel nacional, como regional y local”.

Toda persona -natural o jurídica- que desee realizar observaciones al anteproyecto puede hacerlo hasta el jueves 22 de agosto próximo.

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Fuente: País Circular, Miércoles 26 de Junio de 2024

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