Miércoles, Mayo 12, 2021

Los plazos de Juan Sutil para darle vida a la carretera hídrica

PULSO – Más del 25% de su tiempo es lo que Juan Sutil le ha dedicado “en cuerpo” al diseño de lo que él mismo cataloga como una “locura”. Es que el conocido empresario agrícola está seguro de que la carretera hídrica, el millonario proyecto de más de 900 mil hectáreas de extensión y de unos US$ 20 mil millones de inversión, será realidad.

De hecho, la estimación de Sutil es que en marzo de 2024 se inaugure el primer tramo de la llamada ruta hídrica. “Yo he sido un hombre bien concreto en mi vida y he dado testimonio, durante 30 años, de ser una persona concreta, y espero que este proyecto sea igual”, recalca al ser consultado respecto de la viabilidad de su construcción.

“Este sueño no es un sueño de Juan Sutil y de la corporación (Reguemos Chile). Es un sueño de muchísima gente”, recalca el empresario, quien adelanta que a fines de este año quieren presentar la iniciativa ante el Consejo de Concesiones del Ministerio de Obras Públicas, cita que esperan concretar en diciembre próximo.

La idea central de Reguemos Chile, corporación que preside Sutil y donde están, entre otros, Mario Montanari y Milton Millas -en representación de la SNA- como directores, es llevar agua desde el sur, donde existe en abundancia, hacia el norte del país, y con eso regar un millón de hectáreas distribuidas entre el Biobío y Atacama. Con esto, además, se espera generar un millón de empleos vinculados con la agricultura, sector que gracias a la expansión elevará su aporte al Producto Interno Bruto (PIB) nacional desde los proyectados US$ 18 mil millones hasta alcanzar los US$ 65 mil millones hacia el año 2036, cuenta Sutil.

“El 25% de la producción agrícola de Chile se concentra en la zona del Maule. Son 200 mil hectáreas. Pero si ese 25% lo traspaso hacia Copiapó, donde queremos regar 200 mil hectáreas más, eso significará llevarse todo el polo productivo y de desarrollo que eso implica e instalarlo en Copiapó. Si le sumamos una mayor producción agrícola, significará darle tres puntos al Producto Interno Bruto (PIB) del país. Con eso, Chile pasará a ser un país desarrollado y nos pondremos a la altura de Portugal y de España”, comenta con entusiasmo.

La ruta del agua
El trazado recorrerá 1.800 kilómetros y contempla cinco tramos: el primero irá desde la Región del Biobío hasta la de O’Higgins, pasando por el embalse Digua y Colbún. El segundo tramo avanza desde la Región de Maule hasta la Metropolitana, pasando por el futuro y proyectado embalse Cachapoal. El tercero nace en la Región de O’Higgins hasta la IV Región, donde está el embalse Corrales. El cuarto tramo va desde el embalse Corrales hasta el embalse Puclaro, pasando por los embalses Cogotí, Paloma y Recoleta. Y el quinto va desde el embalse Puclaro hasta Huasco.

Y si bien el año pasado ya contaban con la información necesaria para llegar al MOP, en Reguemos Chile quisieron esperar unos meses más, primero por el cambio de gobierno y, segundo, para tener más detalles respecto del impacto que tendrá la iniciativa. De hecho, en abril de este año comenzó el estudio de demanda de las zonas de riego, documento que tomará seis meses y que está siendo desarrollado por la Universidad de Chile. En mayo, en tanto, se iniciarán los análisis relacionados con la ingeniería del trazado, que abarca ocho regiones del país. En septiembre se espera iniciar el estudio socioeconómico, el más relevante para la corporación. “Este estudio englobará todo y nos permitirá presentar el proyecto al MOP en diciembre de este año, para que se declare de interés público”, adelanta Sutil, calificación que espera lograr durante el primer semestre de 2019 (ver hoja de ruta).

Pese a tenerle fe al nuevo gobierno, “por su acento en el desarrollo”, indica que la certidumbre en los números son ahora “absolutamente más relevantes” que antes. “Este es un gobierno que mira los números con mucha detención, porque tienen una mirada más bien técnica que política. Esa visión nos hace estudiar con mayor profundidad y acuciosidad los estudios para lograr que al final la respuesta sea viable económica, social y políticamente”, cuenta el empresario.

Añade que “como queremos dar profundidad y seriedad a nuestro trabajo, hemos tenido que profundizar aún más en los estudios”.

Recuerda que la idea de trasladar el agua del sur al norte del país nació en el gobierno de Jorge Alessandri y luego fue tomada también por su sucesor, Eduardo Frei Montalva, quien en su período construyó los embalses Cogotí, Paloma y Recoleta, destaca. “Salvador Allende también armó un proyecto que se llamaría el Río de la Unidad y de la Prosperidad. Este proyecto hoy está en boga e incluso se firmó un acuerdo para tratar de implementarlo”, dice.

“Este tema lo ha pensado mucha gente antes, incluyendo tres expresidentes. He conversado con gente que estuvo en aquella época y me he leído toda la documentación que existe en la biblioteca del MOP. Por eso decimos que esta es una idea transversal”, destaca Sutil.

Modelo de negocio
La carretera hídrica se abastecerá de las aguas provenientes de los excedentes de los ríos y de los propietarios de derechos de agua, sean públicos o privados. El hilo conductor será la infraestructura de canales existente y también la elaboración de algunos otros que el diseño de ruta determinará. Y para su distribución serán las actuales agrupaciones de canalistas las que administrarán el recurso.

“Ellos serán los principales socios de un proyecto de esta naturaleza”, recalca el presidente de Reguemos Chile.

El modelo de negocio, indica, funciona bajo el concepto de empalme, mismo término que se usa en el sector eléctrico cuando se requiere energía para iluminar un territorio desocupado, describe.

Agrega que la fórmula que están estudiando busca captar parte del valor de la plusvalía que tendrán los terrenos. “Es la única forma para que el Estado no subsidie”, dice Sutil. Y explica: “En Copiapó un suelo ‘pelado’ vale cero, porque no tiene agua, que es fundamental. Pero si tiene agua, tiene valor económico. Entonces, si paga por el agua, su terreno que valía 20, ahora costará 100”.

Y si bien los números aún no están definidos, indica que un modelo del valor es el que hoy se paga en países como Portugal o España. “En esos países entregar el agua cuesta US$ 400 a US$ 900 por hectárea. Y esa cifra la puede pagar cualquier cultivo de fruta y hortaliza de exportación o de cultivos industriales”, dice.

En todo caso, agrega, puede ser que un productor no tenga los recursos, pero “sí tiene la opción de que se valorice su tierra, por lo tanto, puede acceder a un crédito, asociarse o bien vender a un buen precio y que venga otro productor y desarrolle ese terreno”, detalla.

De interés público
Sutil está convencido de que la iniciativa que impulsa desde el año 2014 y que ha presentado en universidades, encuentros empresariales e incluso en seminario internacionales contará con la venia de las autoridades chilenas.

“Nosotros creemos firmemente que reunimos todas las condiciones para que este sea un proyecto que pueda ser declarado de interés público y entendemos también que eso requiere de un apoyo político y de una conciencia ciudadana que signifique que sea calificado como beneficioso para el país”, explica el empresario.

Detalla que luego de obtener el carácter público, el proyecto deberá profundizar sus estudios, los que tendrán un mayor costo, dice, proceso que se podría extender por cuatro años más. Terminada esa etapa, agrega, la autoridad estaría en condiciones de licitar la iniciativa. Por eso, proyecta que en marzo de 2022 podría comenzar la construcción del primer tramo de la carretera hídrica.

“Tengo confianza en que un gobierno como el actual, que ha puesto su acento en el desarrollo y crecimiento, mirará con mayor atención un proyecto de este tipo”, recalca Sutil.

En cuanto a los números, indica que espera afinar la cifra durante el año, pero destaca: “Puedo decir responsablemente que US$ 20 mil millones no son el problema mayor, sino que este sea un proyecto integral, que resuelva los problemas hídricos que tiene el país, que sea aceptado por la comunidad y que tenga una oposición ambiental fundada”, destaca Sutil.

Y añade: “Este proyecto transformará al país en una potencia”.

Ver artículo

Fuente: Pulso, Domingo 22 de abril de 2018

PULSO – Más del 25% de su tiempo es lo que Juan Sutil le ha dedicado “en cuerpo” al diseño de lo que él mismo cataloga como una “locura”. Es que el conocido empresario agrícola está seguro de que la carretera hídrica, el millonario proyecto de más de 900 mil hectáreas de extensión y de unos US$ 20 mil millones de inversión, será realidad.

De hecho, la estimación de Sutil es que en marzo de 2024 se inaugure el primer tramo de la llamada ruta hídrica. “Yo he sido un hombre bien concreto en mi vida y he dado testimonio, durante 30 años, de ser una persona concreta, y espero que este proyecto sea igual”, recalca al ser consultado respecto de la viabilidad de su construcción.

“Este sueño no es un sueño de Juan Sutil y de la corporación (Reguemos Chile). Es un sueño de muchísima gente”, recalca el empresario, quien adelanta que a fines de este año quieren presentar la iniciativa ante el Consejo de Concesiones del Ministerio de Obras Públicas, cita que esperan concretar en diciembre próximo.

La idea central de Reguemos Chile, corporación que preside Sutil y donde están, entre otros, Mario Montanari y Milton Millas -en representación de la SNA- como directores, es llevar agua desde el sur, donde existe en abundancia, hacia el norte del país, y con eso regar un millón de hectáreas distribuidas entre el Biobío y Atacama. Con esto, además, se espera generar un millón de empleos vinculados con la agricultura, sector que gracias a la expansión elevará su aporte al Producto Interno Bruto (PIB) nacional desde los proyectados US$ 18 mil millones hasta alcanzar los US$ 65 mil millones hacia el año 2036, cuenta Sutil.

“El 25% de la producción agrícola de Chile se concentra en la zona del Maule. Son 200 mil hectáreas. Pero si ese 25% lo traspaso hacia Copiapó, donde queremos regar 200 mil hectáreas más, eso significará llevarse todo el polo productivo y de desarrollo que eso implica e instalarlo en Copiapó. Si le sumamos una mayor producción agrícola, significará darle tres puntos al Producto Interno Bruto (PIB) del país. Con eso, Chile pasará a ser un país desarrollado y nos pondremos a la altura de Portugal y de España”, comenta con entusiasmo.

La ruta del agua
El trazado recorrerá 1.800 kilómetros y contempla cinco tramos: el primero irá desde la Región del Biobío hasta la de O’Higgins, pasando por el embalse Digua y Colbún. El segundo tramo avanza desde la Región de Maule hasta la Metropolitana, pasando por el futuro y proyectado embalse Cachapoal. El tercero nace en la Región de O’Higgins hasta la IV Región, donde está el embalse Corrales. El cuarto tramo va desde el embalse Corrales hasta el embalse Puclaro, pasando por los embalses Cogotí, Paloma y Recoleta. Y el quinto va desde el embalse Puclaro hasta Huasco.

Y si bien el año pasado ya contaban con la información necesaria para llegar al MOP, en Reguemos Chile quisieron esperar unos meses más, primero por el cambio de gobierno y, segundo, para tener más detalles respecto del impacto que tendrá la iniciativa. De hecho, en abril de este año comenzó el estudio de demanda de las zonas de riego, documento que tomará seis meses y que está siendo desarrollado por la Universidad de Chile. En mayo, en tanto, se iniciarán los análisis relacionados con la ingeniería del trazado, que abarca ocho regiones del país. En septiembre se espera iniciar el estudio socioeconómico, el más relevante para la corporación. “Este estudio englobará todo y nos permitirá presentar el proyecto al MOP en diciembre de este año, para que se declare de interés público”, adelanta Sutil, calificación que espera lograr durante el primer semestre de 2019 (ver hoja de ruta).

Pese a tenerle fe al nuevo gobierno, “por su acento en el desarrollo”, indica que la certidumbre en los números son ahora “absolutamente más relevantes” que antes. “Este es un gobierno que mira los números con mucha detención, porque tienen una mirada más bien técnica que política. Esa visión nos hace estudiar con mayor profundidad y acuciosidad los estudios para lograr que al final la respuesta sea viable económica, social y políticamente”, cuenta el empresario.

Añade que “como queremos dar profundidad y seriedad a nuestro trabajo, hemos tenido que profundizar aún más en los estudios”.

Recuerda que la idea de trasladar el agua del sur al norte del país nació en el gobierno de Jorge Alessandri y luego fue tomada también por su sucesor, Eduardo Frei Montalva, quien en su período construyó los embalses Cogotí, Paloma y Recoleta, destaca. “Salvador Allende también armó un proyecto que se llamaría el Río de la Unidad y de la Prosperidad. Este proyecto hoy está en boga e incluso se firmó un acuerdo para tratar de implementarlo”, dice.

“Este tema lo ha pensado mucha gente antes, incluyendo tres expresidentes. He conversado con gente que estuvo en aquella época y me he leído toda la documentación que existe en la biblioteca del MOP. Por eso decimos que esta es una idea transversal”, destaca Sutil.

Modelo de negocio
La carretera hídrica se abastecerá de las aguas provenientes de los excedentes de los ríos y de los propietarios de derechos de agua, sean públicos o privados. El hilo conductor será la infraestructura de canales existente y también la elaboración de algunos otros que el diseño de ruta determinará. Y para su distribución serán las actuales agrupaciones de canalistas las que administrarán el recurso.

“Ellos serán los principales socios de un proyecto de esta naturaleza”, recalca el presidente de Reguemos Chile.

El modelo de negocio, indica, funciona bajo el concepto de empalme, mismo término que se usa en el sector eléctrico cuando se requiere energía para iluminar un territorio desocupado, describe.

Agrega que la fórmula que están estudiando busca captar parte del valor de la plusvalía que tendrán los terrenos. “Es la única forma para que el Estado no subsidie”, dice Sutil. Y explica: “En Copiapó un suelo ‘pelado’ vale cero, porque no tiene agua, que es fundamental. Pero si tiene agua, tiene valor económico. Entonces, si paga por el agua, su terreno que valía 20, ahora costará 100”.

Y si bien los números aún no están definidos, indica que un modelo del valor es el que hoy se paga en países como Portugal o España. “En esos países entregar el agua cuesta US$ 400 a US$ 900 por hectárea. Y esa cifra la puede pagar cualquier cultivo de fruta y hortaliza de exportación o de cultivos industriales”, dice.

En todo caso, agrega, puede ser que un productor no tenga los recursos, pero “sí tiene la opción de que se valorice su tierra, por lo tanto, puede acceder a un crédito, asociarse o bien vender a un buen precio y que venga otro productor y desarrolle ese terreno”, detalla.

De interés público
Sutil está convencido de que la iniciativa que impulsa desde el año 2014 y que ha presentado en universidades, encuentros empresariales e incluso en seminario internacionales contará con la venia de las autoridades chilenas.

“Nosotros creemos firmemente que reunimos todas las condiciones para que este sea un proyecto que pueda ser declarado de interés público y entendemos también que eso requiere de un apoyo político y de una conciencia ciudadana que signifique que sea calificado como beneficioso para el país”, explica el empresario.

Detalla que luego de obtener el carácter público, el proyecto deberá profundizar sus estudios, los que tendrán un mayor costo, dice, proceso que se podría extender por cuatro años más. Terminada esa etapa, agrega, la autoridad estaría en condiciones de licitar la iniciativa. Por eso, proyecta que en marzo de 2022 podría comenzar la construcción del primer tramo de la carretera hídrica.

“Tengo confianza en que un gobierno como el actual, que ha puesto su acento en el desarrollo y crecimiento, mirará con mayor atención un proyecto de este tipo”, recalca Sutil.

En cuanto a los números, indica que espera afinar la cifra durante el año, pero destaca: “Puedo decir responsablemente que US$ 20 mil millones no son el problema mayor, sino que este sea un proyecto integral, que resuelva los problemas hídricos que tiene el país, que sea aceptado por la comunidad y que tenga una oposición ambiental fundada”, destaca Sutil.

Y añade: “Este proyecto transformará al país en una potencia”.

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Fuente: Pulso, Domingo 22 de abril de 2018

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