Miércoles, Junio 16, 2021

Las nuevas urbes, una gran oportunidad para la bioeconomía

DIARIO FINANCIERO – A 2050, el 66% de la población mundial vivirá los más diversos estilos de vida en entornos urbanos. La dicotomía ya no será entre el campo y la ciudad, sino entre ciudades y megaciudades. Casi 10 mil millones de personas girarán en torno a urbes más densificadas, con gran presión por provisión de espacios públicos de calidad. Esta nueva forma de vida ya está implicando cambios en la producción de bienes, la construcción de viviendas, el comercio, la tecnología y los flujos de información, que están afectando el funcionamiento de los ecosistemas terrestres de formas inéditas. Aunque el ser humano sigue dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles, los recursos biofísicos son finitos.

En el desafío de crear un nuevo modelo, basado en los recursos naturales renovables, los bosques surgen como una alternativa de importancia central. La utilización de madera en embalaje, mobiliario, construcción o bioenergía permite almacenar CO2 y sustituir otros materiales más contaminantes como el plástico, hormigón, vidrio, acero y aluminio, que producen altas emisiones de carbono en su fabricación. Pero la madera avanza “aguas abajo” y hoy tiene aplicaciones infinitas, desde vestuario hasta informática, sentando las bases de una nueva bioeconomía más sostenible.

Según un estudio del Instituto Forestal Europeo (EFI), “el desafío es ‘biologizar la economía’ como un nuevo paradigma que elimine la carbonización, baje la contaminación, el consumo del agua, y en general, reduzca los impactos ambientales negativos, al tiempo que aumente la competitividad, equidad y bienestar. El éxito dependerá de la capacidad de aumentar la eficiencia energética, aprovechando las oportunidades emergentes que ofrecen los desarrollos tecnológicos y sociales en un campo tan diverso como la sociedad digital, y las revoluciones biológicas y nanotecnológicas”.

Para Marc Palahí, director de EFI y que visitará Chile durante la Semana de la Madera, “la bioeconomía será el motor del crecimiento del siglo XXI, especialmente a partir de los recursos forestales (…) La nueva visión de la bioeconomía está basada en la biotecnología para transformar el conocimiento de las ciencias de la vida en productos nuevos, sostenibles, ecoeficientes y competitivos. Es decir, debemos crear coherencia de políticas entre la investigación y la innovación, el desarrollo agrícola y rural, y el medio ambiente y la industria”.

Pero no sólo se deberán reducir los impactos ambientales negativos, sino que también habrá que producir un 50% más de alimentos, un 45% más de energía y un 30% más de agua dulce para satisfacer las crecientes demandas mundiales estudiadas por Naciones Unidas. Esto representa un enorme desafío para la sociedad y la tecnología, donde está clara la necesidad de un nuevo modelo económico.

Recursos biológicos renovables

Mientras en la región del Maule de Chile desarrollan productos forestales no madereros como frutos, musgos, hongos, mimbre y corteza, en el sur de Europa centran su objetivo en el turismo basado en la naturaleza, las cadenas de valor cortas, y los bienes y servicios provenientes de los bosques. A nivel global se abordan los recursos biológicos renovables, donde la silvicultura y el sector forestal constituyen la piedra angular de la bioeconomía y la mitigación del cambio climático.

Para la Unión Europea y 15 países miembros, que ya han desarrollado estrategias “para no transgredir fronteras planetarias”, el bosque puede jugar un rol fundamental en el sentido de crear un marco biológico de la economía. El ecoturismo, la construcción en madera, el embalaje biológico y los biocombustibles para la aviación son ejemplos de cómo los bienes y servicios forestales podrían transformar los principales sectores económicos de una región.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente -Pnuma-, sostiene que, a escala global, el valor total de los servicios ecosistémicos provenientes de los bosques es dos veces superior al PIB mundial. El turismo basado en la naturaleza, donde los recursos forestales son un elemento clave, es el segmento más dinámico de Europa, teniendo como referencia que sólo el turismo representa el 10% del PIB mundial. Sin embargo, los bosques sólo pueden producir bienes y servicios para la bioeconomía si no hay alteración de su integridad biológica.

Sector forestal chileno

Este sector, que aporta alrededor de $2,8 billones anuales al producto interno bruto, ha desarrollado, a través del Consejo de Política Forestal, un documento sobre “Desafíos y Visión 2015-2035”, que constituye un gran paso hacia mejoras estructurales y de diversificación.
Según el documento, para sumarse al modelo de la transformación del bosque versus la biología es necesario desarrollar de manera permanente nuevos materiales de avanzada que ayuden a transmutar sectores económicos importantes como la energía, la construcción y la manufactura. Además, una cartera intensiva de conocimientos, traducida en productos concretos, requerirá de servicios especializados en investigación, desarrollo, diseño, comercialización y ventas, entre otros, lo cual podría multiplicar su impacto económico y su capacidad de generar empleos.

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Fuente: Diario Financiero, Jueves 19 de julio de 2018

DIARIO FINANCIERO – A 2050, el 66% de la población mundial vivirá los más diversos estilos de vida en entornos urbanos. La dicotomía ya no será entre el campo y la ciudad, sino entre ciudades y megaciudades. Casi 10 mil millones de personas girarán en torno a urbes más densificadas, con gran presión por provisión de espacios públicos de calidad. Esta nueva forma de vida ya está implicando cambios en la producción de bienes, la construcción de viviendas, el comercio, la tecnología y los flujos de información, que están afectando el funcionamiento de los ecosistemas terrestres de formas inéditas. Aunque el ser humano sigue dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles, los recursos biofísicos son finitos.

En el desafío de crear un nuevo modelo, basado en los recursos naturales renovables, los bosques surgen como una alternativa de importancia central. La utilización de madera en embalaje, mobiliario, construcción o bioenergía permite almacenar CO2 y sustituir otros materiales más contaminantes como el plástico, hormigón, vidrio, acero y aluminio, que producen altas emisiones de carbono en su fabricación. Pero la madera avanza “aguas abajo” y hoy tiene aplicaciones infinitas, desde vestuario hasta informática, sentando las bases de una nueva bioeconomía más sostenible.

Según un estudio del Instituto Forestal Europeo (EFI), “el desafío es ‘biologizar la economía’ como un nuevo paradigma que elimine la carbonización, baje la contaminación, el consumo del agua, y en general, reduzca los impactos ambientales negativos, al tiempo que aumente la competitividad, equidad y bienestar. El éxito dependerá de la capacidad de aumentar la eficiencia energética, aprovechando las oportunidades emergentes que ofrecen los desarrollos tecnológicos y sociales en un campo tan diverso como la sociedad digital, y las revoluciones biológicas y nanotecnológicas”.

Para Marc Palahí, director de EFI y que visitará Chile durante la Semana de la Madera, “la bioeconomía será el motor del crecimiento del siglo XXI, especialmente a partir de los recursos forestales (…) La nueva visión de la bioeconomía está basada en la biotecnología para transformar el conocimiento de las ciencias de la vida en productos nuevos, sostenibles, ecoeficientes y competitivos. Es decir, debemos crear coherencia de políticas entre la investigación y la innovación, el desarrollo agrícola y rural, y el medio ambiente y la industria”.

Pero no sólo se deberán reducir los impactos ambientales negativos, sino que también habrá que producir un 50% más de alimentos, un 45% más de energía y un 30% más de agua dulce para satisfacer las crecientes demandas mundiales estudiadas por Naciones Unidas. Esto representa un enorme desafío para la sociedad y la tecnología, donde está clara la necesidad de un nuevo modelo económico.

Recursos biológicos renovables

Mientras en la región del Maule de Chile desarrollan productos forestales no madereros como frutos, musgos, hongos, mimbre y corteza, en el sur de Europa centran su objetivo en el turismo basado en la naturaleza, las cadenas de valor cortas, y los bienes y servicios provenientes de los bosques. A nivel global se abordan los recursos biológicos renovables, donde la silvicultura y el sector forestal constituyen la piedra angular de la bioeconomía y la mitigación del cambio climático.

Para la Unión Europea y 15 países miembros, que ya han desarrollado estrategias “para no transgredir fronteras planetarias”, el bosque puede jugar un rol fundamental en el sentido de crear un marco biológico de la economía. El ecoturismo, la construcción en madera, el embalaje biológico y los biocombustibles para la aviación son ejemplos de cómo los bienes y servicios forestales podrían transformar los principales sectores económicos de una región.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente -Pnuma-, sostiene que, a escala global, el valor total de los servicios ecosistémicos provenientes de los bosques es dos veces superior al PIB mundial. El turismo basado en la naturaleza, donde los recursos forestales son un elemento clave, es el segmento más dinámico de Europa, teniendo como referencia que sólo el turismo representa el 10% del PIB mundial. Sin embargo, los bosques sólo pueden producir bienes y servicios para la bioeconomía si no hay alteración de su integridad biológica.

Sector forestal chileno

Este sector, que aporta alrededor de $2,8 billones anuales al producto interno bruto, ha desarrollado, a través del Consejo de Política Forestal, un documento sobre “Desafíos y Visión 2015-2035”, que constituye un gran paso hacia mejoras estructurales y de diversificación.
Según el documento, para sumarse al modelo de la transformación del bosque versus la biología es necesario desarrollar de manera permanente nuevos materiales de avanzada que ayuden a transmutar sectores económicos importantes como la energía, la construcción y la manufactura. Además, una cartera intensiva de conocimientos, traducida en productos concretos, requerirá de servicios especializados en investigación, desarrollo, diseño, comercialización y ventas, entre otros, lo cual podría multiplicar su impacto económico y su capacidad de generar empleos.

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Fuente: Diario Financiero, Jueves 19 de julio de 2018

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