Martes, Mayo 18, 2021

La nueva forma de volar, por Pablo Allard

LA TERCERA – El domingo pasado, en el Aeropuerto Internacional de Santiago, el Presidente Piñera anunció la reapertura de fronteras a extranjeros no residentes, cerradas desde marzo. Un anuncio que alimentó la ansiedad de quienes cuestionan el plan Paso a Paso, pero alimentó esperanzas en una de las industrias más afectadas por la pandemia: la aeronáutica y el turismo.

La magnitud de la crisis del Covid-19 ha sido devastadora. Según el Airport Council International, el 45% de los destinos globales cerraron sus fronteras para turistas, y un 30% para todo tipo de viajeros. Esto implica la pérdida de más de 25 millones de empleos en todo el mundo, y la inminente quiebra de varias aerolíneas, hoteles y negocios asociados al turismo.

En el caso chileno, el clima estival y la inminente vacuna abren una ventana de oportunidad de al menos ocho meses antes de enfrentar este destino. Un alto ejecutivo de una línea aérea low-cost local me comentaba que en los últimos días ya se acercaban al número de viajes que antes tenían en temporada baja, y que su foco en vuelos locales y regionales, sumado a la automatización de muchos de sus procesos podría salvarlos de correr la suerte de sus pares europeos.

No todo son malas noticias. Si hay algo que caracteriza a la aeronáutica es su resiliencia y capacidad de adaptación, comprobada luego de los ataques del 11 de Septiembre de 2001. Por otro lado, la pandemia es prueba que la humanidad está cada vez más globalizada, y que pese a todas las restricciones seguiremos volando.

A la resiliencia de la industria se suma su capacidad de innovación tecnológica. Aquí es probablemente donde más avances veremos en el mundo post-covid. No me refiero solo a nuevas aplicaciones y software para optimizar la operación, logística y experiencia del usuario, sino más relevante aún, cómo cambiarán y evolucionarán los modos aéreos.

Aprovechando la pausa de la pandemia, los principales fabricantes de aviones están acelerando el diseño de nuevas naves con motores más eficientes, incluso eléctricos o en base a hidrógeno, de manera de enfrentar el karma de las altas emisiones del jet-fuel. Más relevante aún son los avances en movilidad aérea de despegue vertical o drones tripulados. Algo que parece ciencia ficción se está acelerando por parte de empresas como Airbus, la china EHang, o el programa Uber Elevate, que está desarrollando transporte aéreo compartido entre suburbios, centros urbanos y aeropuertos.

Estos cambios no solo afectarán la forma en que se diseñarán los aeropuertos, sino además agregarán valor a los aeródromos urbanos como los nuevos centros intermodales. Los próximos meses serán clave para el devenir de la industria, pero contradiciendo al personaje infantil Buzz-Lightyear, en una de esas y en lugar de “caer con estilo”, experimentaremos una nueva forma de volar.

Fuente: La Tercera, Domingo 29 de Noviembre de 2020

LA TERCERA – El domingo pasado, en el Aeropuerto Internacional de Santiago, el Presidente Piñera anunció la reapertura de fronteras a extranjeros no residentes, cerradas desde marzo. Un anuncio que alimentó la ansiedad de quienes cuestionan el plan Paso a Paso, pero alimentó esperanzas en una de las industrias más afectadas por la pandemia: la aeronáutica y el turismo.

La magnitud de la crisis del Covid-19 ha sido devastadora. Según el Airport Council International, el 45% de los destinos globales cerraron sus fronteras para turistas, y un 30% para todo tipo de viajeros. Esto implica la pérdida de más de 25 millones de empleos en todo el mundo, y la inminente quiebra de varias aerolíneas, hoteles y negocios asociados al turismo.

En el caso chileno, el clima estival y la inminente vacuna abren una ventana de oportunidad de al menos ocho meses antes de enfrentar este destino. Un alto ejecutivo de una línea aérea low-cost local me comentaba que en los últimos días ya se acercaban al número de viajes que antes tenían en temporada baja, y que su foco en vuelos locales y regionales, sumado a la automatización de muchos de sus procesos podría salvarlos de correr la suerte de sus pares europeos.

No todo son malas noticias. Si hay algo que caracteriza a la aeronáutica es su resiliencia y capacidad de adaptación, comprobada luego de los ataques del 11 de Septiembre de 2001. Por otro lado, la pandemia es prueba que la humanidad está cada vez más globalizada, y que pese a todas las restricciones seguiremos volando.

A la resiliencia de la industria se suma su capacidad de innovación tecnológica. Aquí es probablemente donde más avances veremos en el mundo post-covid. No me refiero solo a nuevas aplicaciones y software para optimizar la operación, logística y experiencia del usuario, sino más relevante aún, cómo cambiarán y evolucionarán los modos aéreos.

Aprovechando la pausa de la pandemia, los principales fabricantes de aviones están acelerando el diseño de nuevas naves con motores más eficientes, incluso eléctricos o en base a hidrógeno, de manera de enfrentar el karma de las altas emisiones del jet-fuel. Más relevante aún son los avances en movilidad aérea de despegue vertical o drones tripulados. Algo que parece ciencia ficción se está acelerando por parte de empresas como Airbus, la china EHang, o el programa Uber Elevate, que está desarrollando transporte aéreo compartido entre suburbios, centros urbanos y aeropuertos.

Estos cambios no solo afectarán la forma en que se diseñarán los aeropuertos, sino además agregarán valor a los aeródromos urbanos como los nuevos centros intermodales. Los próximos meses serán clave para el devenir de la industria, pero contradiciendo al personaje infantil Buzz-Lightyear, en una de esas y en lugar de “caer con estilo”, experimentaremos una nueva forma de volar.

Fuente: La Tercera, Domingo 29 de Noviembre de 2020

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