Domingo, Junio 13, 2021

Infraestructura ‘resiliente’ frente al cambio climático, por Diego Pini

LA TERCERA – La sucesión de eventos climáticos extremos y de desastres naturales son cada vez más frecuentes. Huracanes devastadores en el Caribe y en la costa de Estados Unidos. Potentes tifones en Filipinas y Japón. Asoladores incendios en California, España y Portugal. Aquí en Chile, eventos climáticos que antes eran esporádicos hoy se han vuelto habituales: aluviones en quebradas que antes se mantenían inactivas, incendios forestales y sequías cada vez más extensas.

Los ingenieros no podemos cambiar el clima, ni las condiciones geológicas de la tierra, pero sí podemos desarrollar infraestructura más resistente o “resiliente”, como nos pide Naciones Unidas en sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), ante el creciente riesgo de catástrofes naturales. La tarea es urgente.

Las corporaciones que nos dedicamos al desarrollo de infraestructura por todo el mundo estamos siempre alerta y en busca de las técnicas de construcción más innovadoras, de materiales de última generación y de soluciones más resilientes que nos permitan mitigar mejor los daños potenciales de escenarios altamente destructivos.

A fines del año pasado concluimos la construcción del Hospital pediátrico Exequiel González Cortés. Este edificio, que beneficiará a más de 350 mil niños, es capaz de superar un terremoto grado 10 en la escala de Richter debido a que descansa sobre diversos aisladores con deslizadores sísmicos.

Y es que en 2010, tras el terremoto de 8,8 grados Richter, el gobierno elevó la norma antisísmica de aplicación en estructuras públicas con el objeto de hacerlas capaces de resistir movimientos telúricos de hasta 9 grados Richter. La capacidad de resiliencia de estas estructuras ha provocado un cambio de paradigma: si antes los procedimientos de seguridad exigían evacuar los edificios durante un sismo, ahora se pide a las personas que permanezcan en su interior.

En las zonas con alto riesgo de inundación, la estrategia consiste en reforzar los métodos de construcción y de prevención. Tras el paso de la tormenta tropical Allison (2001) los hospitales en Texas, en el área de Houston, se reconstruyeron con puertas submarinas para quirófanos, fuentes de alimentación elevadas, bombas de agua y compuertas, baterías de respaldo en caso de cortes de energía y tanques capaces de almacenar suministros de agua para siete días. Como resultado, estos hospitales hicieron frente con éxito al reciente huracán Harvey.

La innovación es nuestro mejor aliado para construir estructuras resilientes. La nanotecnología tiene el poder de hacer que nuestra infraestructura sea más “inteligente”: ahora podemos insertar micro-sensores en construcciones de concreto que nos alertan en caso de necesitar mantenimiento o reparación. También podemos usar nuevos materiales, como compuestos de carbono, para construir estructuras más ligeras, resistentes y sostenibles.

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Fuente: La Tercera, Miércoles 26 de septiembre de 2018

LA TERCERA – La sucesión de eventos climáticos extremos y de desastres naturales son cada vez más frecuentes. Huracanes devastadores en el Caribe y en la costa de Estados Unidos. Potentes tifones en Filipinas y Japón. Asoladores incendios en California, España y Portugal. Aquí en Chile, eventos climáticos que antes eran esporádicos hoy se han vuelto habituales: aluviones en quebradas que antes se mantenían inactivas, incendios forestales y sequías cada vez más extensas.

Los ingenieros no podemos cambiar el clima, ni las condiciones geológicas de la tierra, pero sí podemos desarrollar infraestructura más resistente o “resiliente”, como nos pide Naciones Unidas en sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), ante el creciente riesgo de catástrofes naturales. La tarea es urgente.

Las corporaciones que nos dedicamos al desarrollo de infraestructura por todo el mundo estamos siempre alerta y en busca de las técnicas de construcción más innovadoras, de materiales de última generación y de soluciones más resilientes que nos permitan mitigar mejor los daños potenciales de escenarios altamente destructivos.

A fines del año pasado concluimos la construcción del Hospital pediátrico Exequiel González Cortés. Este edificio, que beneficiará a más de 350 mil niños, es capaz de superar un terremoto grado 10 en la escala de Richter debido a que descansa sobre diversos aisladores con deslizadores sísmicos.

Y es que en 2010, tras el terremoto de 8,8 grados Richter, el gobierno elevó la norma antisísmica de aplicación en estructuras públicas con el objeto de hacerlas capaces de resistir movimientos telúricos de hasta 9 grados Richter. La capacidad de resiliencia de estas estructuras ha provocado un cambio de paradigma: si antes los procedimientos de seguridad exigían evacuar los edificios durante un sismo, ahora se pide a las personas que permanezcan en su interior.

En las zonas con alto riesgo de inundación, la estrategia consiste en reforzar los métodos de construcción y de prevención. Tras el paso de la tormenta tropical Allison (2001) los hospitales en Texas, en el área de Houston, se reconstruyeron con puertas submarinas para quirófanos, fuentes de alimentación elevadas, bombas de agua y compuertas, baterías de respaldo en caso de cortes de energía y tanques capaces de almacenar suministros de agua para siete días. Como resultado, estos hospitales hicieron frente con éxito al reciente huracán Harvey.

La innovación es nuestro mejor aliado para construir estructuras resilientes. La nanotecnología tiene el poder de hacer que nuestra infraestructura sea más “inteligente”: ahora podemos insertar micro-sensores en construcciones de concreto que nos alertan en caso de necesitar mantenimiento o reparación. También podemos usar nuevos materiales, como compuestos de carbono, para construir estructuras más ligeras, resistentes y sostenibles.

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Fuente: La Tercera, Miércoles 26 de septiembre de 2018

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