Domingo, Junio 13, 2021

Infraestructura astronómica

EL MERCURIO – Las extraordinarias aptitudes astronómicas que presentan los cielos del norte del país —mínima cantidad de noches nubladas por el efecto que genera la cordillera, la escasa humedad y el bajo impacto lumínico de los centros poblados— constituyen un inmenso atractivo para instalar telescopios ópticos o de radiofrecuencia.

El área de espejos recolectores de información del espacio que habrá en nuestro país, tanto de los observatorios ya instalados como de los que se encuentran en construcción, sumará a comienzos de la próxima década aproximadamente dos tercios del total mundial, con una inversión acumulada rondando los 10 mil millones de dólares.

Son tres los grandes proyectos que se encuentran en distintas fases de ejecución: el E-ELT, el telescopio más grande del mundo, con un espejo de 39 metros de diámetro, ubicado en el cerro Armazones, en la cordillera de la costa de Antofagasta; el GMT, ubicado en Las Campanas, entre las regiones de Atacama y Coquimbo —con siete espejos combinados, equivalentes a uno de 25 metros de diámetro—, y el LSST, en cerro Pachón, en la Región de Coquimbo. Este último es el que tiene su construcción más adelantada y se espera que sus primeras observaciones ocurran en 2020.

El LSST es un gran telescopio sinóptico, que barrerá todo el cielo visible (desde su ubicación) dos veces por semana, estudiando las variaciones de las imágenes de lugares equivalentes, extrayendo de ellas valiosa información cosmológica que corrobore o desmienta las hipótesis teóricas formuladas respecto de la naturaleza del Universo. De esa manera se avanza en responder con mayor precisión las preguntas que la humanidad se ha planteado desde sus inicios.

Para Chile, todo este desarrollo tiene variadas implicancias que van más allá de la ciencia, sin perjuicio de que la propia astronomía haya tenido un explosivo crecimiento en los últimos años. La construcción de esa infraestructura, la incipiente participación de universidades chilenas en la fabricación de equipos de precisión, en asociación con otros centros mundiales; la interconexión con fibra óptica de alto ancho de banda de dichos centros con otros puntos del país y del extranjero, el almacenamiento de la gigantesca cantidad de datos que dicha infraestructura genera, la utilización de computación de alta performance para procesar toda esa información, redundarán en avances tecnológicos con importantes impactos en otras áreas de la actividad económica, los que aprovechados adecuadamente impulsarán el protagonismo científico y tecnológico del país, así como su desarrollo económico futuro.

El país tiene en la astronomía una potente e inesperada palanca de progreso.

Ver Artículo

Fuente: El Mercurio, Viernes 28 de septiembre de 2018

EL MERCURIO – Las extraordinarias aptitudes astronómicas que presentan los cielos del norte del país —mínima cantidad de noches nubladas por el efecto que genera la cordillera, la escasa humedad y el bajo impacto lumínico de los centros poblados— constituyen un inmenso atractivo para instalar telescopios ópticos o de radiofrecuencia.

El área de espejos recolectores de información del espacio que habrá en nuestro país, tanto de los observatorios ya instalados como de los que se encuentran en construcción, sumará a comienzos de la próxima década aproximadamente dos tercios del total mundial, con una inversión acumulada rondando los 10 mil millones de dólares.

Son tres los grandes proyectos que se encuentran en distintas fases de ejecución: el E-ELT, el telescopio más grande del mundo, con un espejo de 39 metros de diámetro, ubicado en el cerro Armazones, en la cordillera de la costa de Antofagasta; el GMT, ubicado en Las Campanas, entre las regiones de Atacama y Coquimbo —con siete espejos combinados, equivalentes a uno de 25 metros de diámetro—, y el LSST, en cerro Pachón, en la Región de Coquimbo. Este último es el que tiene su construcción más adelantada y se espera que sus primeras observaciones ocurran en 2020.

El LSST es un gran telescopio sinóptico, que barrerá todo el cielo visible (desde su ubicación) dos veces por semana, estudiando las variaciones de las imágenes de lugares equivalentes, extrayendo de ellas valiosa información cosmológica que corrobore o desmienta las hipótesis teóricas formuladas respecto de la naturaleza del Universo. De esa manera se avanza en responder con mayor precisión las preguntas que la humanidad se ha planteado desde sus inicios.

Para Chile, todo este desarrollo tiene variadas implicancias que van más allá de la ciencia, sin perjuicio de que la propia astronomía haya tenido un explosivo crecimiento en los últimos años. La construcción de esa infraestructura, la incipiente participación de universidades chilenas en la fabricación de equipos de precisión, en asociación con otros centros mundiales; la interconexión con fibra óptica de alto ancho de banda de dichos centros con otros puntos del país y del extranjero, el almacenamiento de la gigantesca cantidad de datos que dicha infraestructura genera, la utilización de computación de alta performance para procesar toda esa información, redundarán en avances tecnológicos con importantes impactos en otras áreas de la actividad económica, los que aprovechados adecuadamente impulsarán el protagonismo científico y tecnológico del país, así como su desarrollo económico futuro.

El país tiene en la astronomía una potente e inesperada palanca de progreso.

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Fuente: El Mercurio, Viernes 28 de septiembre de 2018

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