Jueves, Abril 25, 2024

Implementó técnicas que redujeron en 10 veces daños de terremotos: ahora pide pasar al aislamiento sísmico

QUÉ PASA – El ingeniero Juan Carlos de la Llera, ex decano de la Facultad de Ingeniería en la UC, reconoce avances post 27F, pero dice que debería informarse mejor qué significa una estructura con protección sísmica versus una con aislamiento sísmico, para que la gente sepa si está dispuesta a hacer la diferencia, “como lo hace con un auto que tiene frenos ABS versus uno que no tiene”.

En cierto sentido, Juan Carlos de la Llera vivió un terremoto tras otro al salir de la universidad. El primero fue el 3 marzo de 1985 en Santiago, cuenta, cuando recién estaba saliendo de la carrera de Ingeniería Civil en la U. Católica. Entre tantos edificios destruidos y vidas humanas perdidas, quedó marcado en sus recuerdos el edificio El Faro, en Concón, que tuvo que ser dinamitado tras el terremoto por las fallas estructurales que sufrió.

Se fue a estudiar a Estados Unidos, y en 1989 vivió el terremoto de Loma Prieta en San Francisco. A pesar de que sintió que el movimiento fue menos intenso que el de Chile, le impactó la gran cantidad de estructuras colapsadas en lo que era una de las ciudades más avanzadas del mundo. Ahí fue cuando se convenció de que debía apostar por innovaciones antisísmicas en las construcciones que diseñaba.

Terremoto de Loma Prieta en 1989. Foto de archivo.

De la Llera fue pionero en implementar técnicas de aislamiento sísmico que redujeron hasta en diez veces los daños de los terremotos en Chile, y que también se han expandido a otros países. Hoy se especializa en modelamiento estructural, dinámica estructural, sistemas de reducción de vibraciones y riesgos. Fue decano de la Facultad de Ingeniería en la UC entre el 2010 y el 2022, y ha recibido muchos reconocimientos nacionales e internacionales por sus avances.

A 14 años del terremoto del 27 de febrero del 2010, calificado como la “peor tragedia natural vivida en Chile desde 1960″, De la Llera reflexiona sobre el crecimiento que ha tenido el país en prevención sísmica.

– ¿Cómo vivió el terremoto del 27 de febrero?

Me acuerdo muy bien. Estaba en mi casa, en la zona alta de Santiago, pegado al cerro Manquehue. En cuanto partió el evento, me llamó mucho la atención. Había dos hijos viviendo en la casa, que yo había diseñado con un lugar especial para cualquier evento de esta naturaleza. Cuando vi que venía un sismo muy fuerte, les dije que vinieran al centro de la casa. Ahí pasamos el primer gran movimiento. Luego vino otro, y supe que era mucho más serio de lo que de lo que realmente pensaba. Fueron prácticamente dos minutos.

Fue muy, muy intenso el movimiento que yo sentí. Tanto así que a las 6.30 de la mañana me vestí y salí a ver los edificios que tenían protección sísmica, a ver que había ocurrido en lo que habíamos diseñado. Yo había vivido el terremoto el 3 de marzo del 85, y el terremoto de Loma Prieta, en Estados Unidos, en el 89. También estuve en el terremoto del 94 en North Beach y otros terremotos fuera de Chile. Pero el terremoto del 27F fue absolutamente de otra dimensión.

– A 14 años desde el terremoto del 27 de febrero, ¿cómo ha visto la evolución en Chile en materia antisísmica?

Chile ha progresado muchísimo. Hemos tenido un gran avance en todo lo que es el diseño sismo-resistente, y ahora en la incorporación de nuevas tecnologías para resistir grandes terremotos. Hoy hay otro tipo de amenazas naturales que existen sobre la infraestructura del país, pero creo que el camino que ha recorrido la ingeniería sísmica y la sismología en Chile es un camino que se podría perfectamente emular para otro tipo de amenazas.

Demolición de edificio Alto Rio en Concepción, 2010. Foto: Agencia Uno

Hay progresos en muchos sentidos. Primero, desde el punto de vista normativo, las normas inmediatamente acogieron lo que no funcionó bien en el 2010 en los edificios convencionales. Eso se corrigió en 2011, en un par de decretos con los cuales se empezaron a diseñar las estructuras a partir de ese momento, se trabajó en la clasificación de los suelos y la intensidad de los movimientos. La sociedad inmediatamente hizo ese salto, y también empezó a aparecer mucha más investigación con la ANID. Se empezó a trabajar todo el tema de las grandes amenazas y desastres en general y todo esto llevó a la ley 21.364 del Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres.

– ¿Considera que esta evolución ha sido equitativa entre todas las regiones del país?

Sí. Pienso que el tema sísmico en Chile es extraordinariamente democrático. Los territorios se clasifican de acuerdo a su amenaza, y no depende de nada que no sea simplemente una condición física del país. Cuanto más hacia la cordillera, la amenaza es más chica, y más cerca de la costa, la amenaza sísmica es más grande.

Tal vez la única condición que podría decir que es más particular tiene que ver con el tipo de suelo, porque algunas viviendas se desarrollan en suelos más blandos, de menor resistencia. Los suelos blandos tienden a amplificar las ondas sísmicas y ahí podría haber un tema que se debe manejar con un poco más de cuidado. Pero pienso que en Chile el riesgo es bastante homogéneo. No depende de condiciones socioeconómicas, salvo por supuesto las construcciones no regulares. Por supuesto que ahí sí hay un riesgo enorme. Pero son viviendas pequeñas. En general, en cualquier edificio en Chile la norma es la misma.

– ¿Cuáles fueron las cosas que fallaron en el 27 de febrero que ahora ya no ocurren?

En el edificio de hormigón armado, que es el edificio de vivienda más típico en Chile, se presentó una falla en las cabezas de los muros que hicieron que el hormigón básicamente explotara en la cabeza. Se doblaron las barras de acero que iban en la cabeza de los muros, y esa falla se propagó hacia el centro del edificio. Hubo mucho daño en ese tipo. Probablemente entre 50 y 60 edificios en la zona afectada por el terremoto tuvieron ese problema. Es algo muy delicado de lo que no se había dado cuenta, y fue regulado.

Talcahuano (Bío Bío) tras el terremoto del 27 de febrero de 2010. Foto: Patricio Lepin.

A pesar de que es algo indeseable, es valorable que ya fue corregido a través de estos nuevos decretos. Se controla básicamente lo que es la tensión axial en los muros para evitar que comporte de forma frágil, como un vidrio, y así el muro obtenga capacidad dúctil. Todo esto en edificios convencionales, no los edificios con protección sísmica que yo he desarrollado, principalmente con aislamiento sísmico y disipación. En estos casos no hubo ninguna ningún problema, ni siquiera con el terremoto del 2010.

– ¿Cómo ha visto el avance en cuanto a nuevas normas de diseño en el país?

Solo tenemos una norma que es obligatoria, la de diseño sismorresistente. A pesar de esto, muchos mandantes deciden ir en la dirección del aislamiento sísmico, aunque no es un deber. En Chile todavía muchas estructuras están siendo diseñadas con normas modernas y similares a las que tiene Estados Unidos, Japón y Nueva Zelanda, pero que no incorporan tecnologías antisísmicas. Un edificio convencional se diseña para que en un gran terremoto pueda sufrir daño pero que no pueda colapsar, que no pueda matar a una persona. Entonces, en esta ley de diseño sismo-resistente la única condición es el no colapso, pero el edificio puede quedar completamente inutilizado.

Hay un criterio que se conoce como el desempeño estructural, que implica ir hacia estructuras y comportamientos que te permitan seguir operando después del terremoto. En el caso de los hospitales es obvio. Entonces hoy todos los todos los grandes hospitales en Chile están siendo aislados y eso es algo muy, muy positivo. Pero no es así con las escuelas ni los liceos, ni los edificios. Creo que hay un espacio gigante por crecer y mejorar en eso.

Edificio en demolición tras el 27F. Foto: Universidad de Chile

Obviamente tomará tiempo, porque usar un sistema de protección sísmica implica esfuerzo adicional. Aunque cada vez es más común. Y siempre está la discusión sobre el costo, pero creo que es un tema que va en caída. Esto se va a transformar en un diseño que sea dominante en el mediano y largo plazo. Pero así es la situación de hoy, un ingeniero puede escoger entre un edificio protegido sísmicamente con estos sistemas o un edificio convencional.

– ¿Qué más queda por mejorar en esta materia?

Creo que cada terremoto te muestra cosas nuevas. Falta conocimiento experimental todavía para seguir probando nuevas soluciones estructurales, hay mucho por avanzar en eso. Pero claramente se debe avanzar en moverse en la dirección del desempeño, salir del criterio del no colapso. La única solución es el aislamiento sísmico y la disefacción de energía.

Y también dentro del aislamiento sísmico hay mucho por avanzar, por ejemplo, para la vivienda de bajo costo. La proyección sísmica ya no es un privilegio de la estructura cara, sino que se puede incorporar en estructuras de precios que son mucho más moderados.

Foto: Bastián Sepúlveda.

Esto también se puede aplicar a edificios existentes, como el caso precioso de lo que estamos haciendo con la basílica del Salvador, que es no tocar la basílica por dentro y colocar por abajo con una especie de topo para generar una capa de aislamiento sísmico que proteja toda la superestructura.

– ¿Piensa que se debería avanzar hacia la obligatoriedad de la protección antisísmica?

Hay medidas antisísmicas que existen en el código convencional, lo que falta es la protección sísmica adicional. Yo creo que al menos se debería informar de mucho mejor manera qué significa desde el punto de vista de los factores de seguridad de una estructura versus otra, y que la gente pueda saber si está dispuesta a hacer la diferencia, como lo hace con un auto que tiene frenos ABS versus un auto que no tiene.

Creo que el primer paso es dar a conocer cuál es el verdadero nivel de riesgo de las estructuras, no solo de que no colapse, sino de que siga siendo activa después de un desastre. A mi me parece que es un tema crucial, pero más que obligarlo hoy día, creo que sería mejor sugerirlo muy enfáticamente, sobretodo en algunas estructuras. Yo, por ejemplo, protegería todas las escuelas de Chile. También los hospitales, como ya se está haciendo. Además de todas las líneas críticas, transmisión eléctrica, agua, puertos, puentes, cosa que no se interrumpa su funcionamiento.

Talca tras el terremoto del 27F. Foto: Enrique Campo.

Creo que con el 27 de febrero a veces se transmiten mensajes muy negativos. Pero yo creo que la gente debería estar muy contenta de que después de eso Chile tiene un sistema que incorpora dentro de sus leyes normativas, a nivel estado y privado, el conocimiento que tenemos de estos eventos. Es un proceso de crecimiento, y creo que es muy importante resaltarlo.

Fuente: Qué Pasa, Martes 27 de Febrero de 2024

QUÉ PASA – El ingeniero Juan Carlos de la Llera, ex decano de la Facultad de Ingeniería en la UC, reconoce avances post 27F, pero dice que debería informarse mejor qué significa una estructura con protección sísmica versus una con aislamiento sísmico, para que la gente sepa si está dispuesta a hacer la diferencia, “como lo hace con un auto que tiene frenos ABS versus uno que no tiene”.

En cierto sentido, Juan Carlos de la Llera vivió un terremoto tras otro al salir de la universidad. El primero fue el 3 marzo de 1985 en Santiago, cuenta, cuando recién estaba saliendo de la carrera de Ingeniería Civil en la U. Católica. Entre tantos edificios destruidos y vidas humanas perdidas, quedó marcado en sus recuerdos el edificio El Faro, en Concón, que tuvo que ser dinamitado tras el terremoto por las fallas estructurales que sufrió.

Se fue a estudiar a Estados Unidos, y en 1989 vivió el terremoto de Loma Prieta en San Francisco. A pesar de que sintió que el movimiento fue menos intenso que el de Chile, le impactó la gran cantidad de estructuras colapsadas en lo que era una de las ciudades más avanzadas del mundo. Ahí fue cuando se convenció de que debía apostar por innovaciones antisísmicas en las construcciones que diseñaba.

Terremoto de Loma Prieta en 1989. Foto de archivo.

De la Llera fue pionero en implementar técnicas de aislamiento sísmico que redujeron hasta en diez veces los daños de los terremotos en Chile, y que también se han expandido a otros países. Hoy se especializa en modelamiento estructural, dinámica estructural, sistemas de reducción de vibraciones y riesgos. Fue decano de la Facultad de Ingeniería en la UC entre el 2010 y el 2022, y ha recibido muchos reconocimientos nacionales e internacionales por sus avances.

A 14 años del terremoto del 27 de febrero del 2010, calificado como la “peor tragedia natural vivida en Chile desde 1960″, De la Llera reflexiona sobre el crecimiento que ha tenido el país en prevención sísmica.

– ¿Cómo vivió el terremoto del 27 de febrero?

Me acuerdo muy bien. Estaba en mi casa, en la zona alta de Santiago, pegado al cerro Manquehue. En cuanto partió el evento, me llamó mucho la atención. Había dos hijos viviendo en la casa, que yo había diseñado con un lugar especial para cualquier evento de esta naturaleza. Cuando vi que venía un sismo muy fuerte, les dije que vinieran al centro de la casa. Ahí pasamos el primer gran movimiento. Luego vino otro, y supe que era mucho más serio de lo que de lo que realmente pensaba. Fueron prácticamente dos minutos.

Fue muy, muy intenso el movimiento que yo sentí. Tanto así que a las 6.30 de la mañana me vestí y salí a ver los edificios que tenían protección sísmica, a ver que había ocurrido en lo que habíamos diseñado. Yo había vivido el terremoto el 3 de marzo del 85, y el terremoto de Loma Prieta, en Estados Unidos, en el 89. También estuve en el terremoto del 94 en North Beach y otros terremotos fuera de Chile. Pero el terremoto del 27F fue absolutamente de otra dimensión.

– A 14 años desde el terremoto del 27 de febrero, ¿cómo ha visto la evolución en Chile en materia antisísmica?

Chile ha progresado muchísimo. Hemos tenido un gran avance en todo lo que es el diseño sismo-resistente, y ahora en la incorporación de nuevas tecnologías para resistir grandes terremotos. Hoy hay otro tipo de amenazas naturales que existen sobre la infraestructura del país, pero creo que el camino que ha recorrido la ingeniería sísmica y la sismología en Chile es un camino que se podría perfectamente emular para otro tipo de amenazas.

Demolición de edificio Alto Rio en Concepción, 2010. Foto: Agencia Uno

Hay progresos en muchos sentidos. Primero, desde el punto de vista normativo, las normas inmediatamente acogieron lo que no funcionó bien en el 2010 en los edificios convencionales. Eso se corrigió en 2011, en un par de decretos con los cuales se empezaron a diseñar las estructuras a partir de ese momento, se trabajó en la clasificación de los suelos y la intensidad de los movimientos. La sociedad inmediatamente hizo ese salto, y también empezó a aparecer mucha más investigación con la ANID. Se empezó a trabajar todo el tema de las grandes amenazas y desastres en general y todo esto llevó a la ley 21.364 del Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres.

– ¿Considera que esta evolución ha sido equitativa entre todas las regiones del país?

Sí. Pienso que el tema sísmico en Chile es extraordinariamente democrático. Los territorios se clasifican de acuerdo a su amenaza, y no depende de nada que no sea simplemente una condición física del país. Cuanto más hacia la cordillera, la amenaza es más chica, y más cerca de la costa, la amenaza sísmica es más grande.

Tal vez la única condición que podría decir que es más particular tiene que ver con el tipo de suelo, porque algunas viviendas se desarrollan en suelos más blandos, de menor resistencia. Los suelos blandos tienden a amplificar las ondas sísmicas y ahí podría haber un tema que se debe manejar con un poco más de cuidado. Pero pienso que en Chile el riesgo es bastante homogéneo. No depende de condiciones socioeconómicas, salvo por supuesto las construcciones no regulares. Por supuesto que ahí sí hay un riesgo enorme. Pero son viviendas pequeñas. En general, en cualquier edificio en Chile la norma es la misma.

– ¿Cuáles fueron las cosas que fallaron en el 27 de febrero que ahora ya no ocurren?

En el edificio de hormigón armado, que es el edificio de vivienda más típico en Chile, se presentó una falla en las cabezas de los muros que hicieron que el hormigón básicamente explotara en la cabeza. Se doblaron las barras de acero que iban en la cabeza de los muros, y esa falla se propagó hacia el centro del edificio. Hubo mucho daño en ese tipo. Probablemente entre 50 y 60 edificios en la zona afectada por el terremoto tuvieron ese problema. Es algo muy delicado de lo que no se había dado cuenta, y fue regulado.

Talcahuano (Bío Bío) tras el terremoto del 27 de febrero de 2010. Foto: Patricio Lepin.

A pesar de que es algo indeseable, es valorable que ya fue corregido a través de estos nuevos decretos. Se controla básicamente lo que es la tensión axial en los muros para evitar que comporte de forma frágil, como un vidrio, y así el muro obtenga capacidad dúctil. Todo esto en edificios convencionales, no los edificios con protección sísmica que yo he desarrollado, principalmente con aislamiento sísmico y disipación. En estos casos no hubo ninguna ningún problema, ni siquiera con el terremoto del 2010.

– ¿Cómo ha visto el avance en cuanto a nuevas normas de diseño en el país?

Solo tenemos una norma que es obligatoria, la de diseño sismorresistente. A pesar de esto, muchos mandantes deciden ir en la dirección del aislamiento sísmico, aunque no es un deber. En Chile todavía muchas estructuras están siendo diseñadas con normas modernas y similares a las que tiene Estados Unidos, Japón y Nueva Zelanda, pero que no incorporan tecnologías antisísmicas. Un edificio convencional se diseña para que en un gran terremoto pueda sufrir daño pero que no pueda colapsar, que no pueda matar a una persona. Entonces, en esta ley de diseño sismo-resistente la única condición es el no colapso, pero el edificio puede quedar completamente inutilizado.

Hay un criterio que se conoce como el desempeño estructural, que implica ir hacia estructuras y comportamientos que te permitan seguir operando después del terremoto. En el caso de los hospitales es obvio. Entonces hoy todos los todos los grandes hospitales en Chile están siendo aislados y eso es algo muy, muy positivo. Pero no es así con las escuelas ni los liceos, ni los edificios. Creo que hay un espacio gigante por crecer y mejorar en eso.

Edificio en demolición tras el 27F. Foto: Universidad de Chile

Obviamente tomará tiempo, porque usar un sistema de protección sísmica implica esfuerzo adicional. Aunque cada vez es más común. Y siempre está la discusión sobre el costo, pero creo que es un tema que va en caída. Esto se va a transformar en un diseño que sea dominante en el mediano y largo plazo. Pero así es la situación de hoy, un ingeniero puede escoger entre un edificio protegido sísmicamente con estos sistemas o un edificio convencional.

– ¿Qué más queda por mejorar en esta materia?

Creo que cada terremoto te muestra cosas nuevas. Falta conocimiento experimental todavía para seguir probando nuevas soluciones estructurales, hay mucho por avanzar en eso. Pero claramente se debe avanzar en moverse en la dirección del desempeño, salir del criterio del no colapso. La única solución es el aislamiento sísmico y la disefacción de energía.

Y también dentro del aislamiento sísmico hay mucho por avanzar, por ejemplo, para la vivienda de bajo costo. La proyección sísmica ya no es un privilegio de la estructura cara, sino que se puede incorporar en estructuras de precios que son mucho más moderados.

Foto: Bastián Sepúlveda.

Esto también se puede aplicar a edificios existentes, como el caso precioso de lo que estamos haciendo con la basílica del Salvador, que es no tocar la basílica por dentro y colocar por abajo con una especie de topo para generar una capa de aislamiento sísmico que proteja toda la superestructura.

– ¿Piensa que se debería avanzar hacia la obligatoriedad de la protección antisísmica?

Hay medidas antisísmicas que existen en el código convencional, lo que falta es la protección sísmica adicional. Yo creo que al menos se debería informar de mucho mejor manera qué significa desde el punto de vista de los factores de seguridad de una estructura versus otra, y que la gente pueda saber si está dispuesta a hacer la diferencia, como lo hace con un auto que tiene frenos ABS versus un auto que no tiene.

Creo que el primer paso es dar a conocer cuál es el verdadero nivel de riesgo de las estructuras, no solo de que no colapse, sino de que siga siendo activa después de un desastre. A mi me parece que es un tema crucial, pero más que obligarlo hoy día, creo que sería mejor sugerirlo muy enfáticamente, sobretodo en algunas estructuras. Yo, por ejemplo, protegería todas las escuelas de Chile. También los hospitales, como ya se está haciendo. Además de todas las líneas críticas, transmisión eléctrica, agua, puertos, puentes, cosa que no se interrumpa su funcionamiento.

Talca tras el terremoto del 27F. Foto: Enrique Campo.

Creo que con el 27 de febrero a veces se transmiten mensajes muy negativos. Pero yo creo que la gente debería estar muy contenta de que después de eso Chile tiene un sistema que incorpora dentro de sus leyes normativas, a nivel estado y privado, el conocimiento que tenemos de estos eventos. Es un proceso de crecimiento, y creo que es muy importante resaltarlo.

Fuente: Qué Pasa, Martes 27 de Febrero de 2024

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