Viernes, Mayo 7, 2021

Ferrocarriles en Chile: ¿Qué nos puede enseñar la historia?, por Francisco Gallego y Felipe González

EL MERCURIO – En las últimas semanas se ha dado una interesante discusión respecto de los potenciales efectos de la expansión de ferrocarriles en Chile. Eso se argumenta por diversas razones: descongestión de carreteras, aumento de la competencia, disminución de externalidades negativas, generación de proyectos que ayuden a la reactivación del empleo. En esta columna sugerimos mirar la historia de Chile para entender qué podemos esperar de una potencial expansión de los ferrocarriles.
En un trabajo que contó con apoyo de Fondecyt, y que fue recientemente aceptado para publicación en el Journal of Population Economics, estudiamos qué efectos tuvo la expansión del ferrocarril desde Santiago a Valparaíso y al sur de Chile desde mediados del siglo XIX hasta comienzos del siglo XX. En ese período se construyeron casi 1.500 kilómetros de vías férreas que permitieron en 1920 tener conexiones desde Santiago a Valparaíso y Puerto Montt, pasando por ciudades intermedias. Conviene notar que esta construcción se realizó en una época en que el transporte de carga y personas se realizaba principalmente por tierra (con una muy menor participación de cabotaje). La entrada del ferrocarril generó una baja importante en los costos de transporte, además de mejorar la velocidad y la seguridad.
¿Qué produjo? Usando los pocos datos disponibles que hay a nivel de departamentos (había 35 en la zona que nosotros estudiamos) y técnicas econométricas que permiten aislar el impacto de los ferrocarriles de otras variables, en nuestro trabajo estudiamos los efectos en el crecimiento de la población urbana, rural y del empleo por diferentes ocupaciones entre 1865 y 1920. Asimismo, estudiamos efectos en fertilidad y expansión de la educación de la población. Nuestros resultados muestran un patrón claro de que el ferrocarril ayudó a la expansión poblacional hacia las zonas que recibían este medio de transporte, con un efecto nulo en la urbanización de estas zonas. O sea, las personas que migraban lo hacían a zonas urbanas y rurales. También, el ferrocarril contribuyó a la expansión de las actividades en que existían ventajas comparativas (la agricultura principalmente) porque ayudaba a integrarse al comercio internacional al bajar los costos de transporte. Además, generó expansiones de la oferta de servicios locales, como educación, policía y la presencia del Estado.
Sin embargo, también mostramos que los efectos de los ferrocarriles dependen de las condiciones económicas existentes. En otras palabras, las repercusiones positivas de su llegada solo se potencian en un contexto favorable para la actividad económica. También nuestros resultados contrastan con los impactos ocurridos en otros países, donde la llegada de los ferrocarriles ayudó a potenciar la llamada transformación estructural (pasar de agricultura a manufacturas). Una explicación obvia a este fenómeno es que las zonas no tenían ventaja comparativa en manufacturas. Una explicación alternativa, consistente con investigación de frontera, es que para potenciar el impacto de los ferrocarriles es necesaria la existencia de factores complementarios, en particular relacionados con el capital humano de la población.
En suma, nuestro trabajo documenta que los ferrocarriles ciertamente ayudaron al desarrollo de zonas desconectadas y a su crecimiento poblacional. Esto es un efecto relevante de destacar en la discusión actual: parece ser una buena manera de desconcentrar la población y la actividad económica desde Santiago y zonas urbanas a otras zonas. Sin embargo, no fueron una panacea que mejoraron todo. Sus efectos dependen de factores complementarios, tales como las condiciones macroeconómicas y las capacidades de la población. Ciertamente, hoy las condiciones son muy diferentes en nuestro país, pero las implicancias de lo anterior probablemente siguen siendo relevantes en el presente.
Fuente: El Mercurio, Miércoles 16 de Septiembre de 2020

EL MERCURIO – En las últimas semanas se ha dado una interesante discusión respecto de los potenciales efectos de la expansión de ferrocarriles en Chile. Eso se argumenta por diversas razones: descongestión de carreteras, aumento de la competencia, disminución de externalidades negativas, generación de proyectos que ayuden a la reactivación del empleo. En esta columna sugerimos mirar la historia de Chile para entender qué podemos esperar de una potencial expansión de los ferrocarriles.
En un trabajo que contó con apoyo de Fondecyt, y que fue recientemente aceptado para publicación en el Journal of Population Economics, estudiamos qué efectos tuvo la expansión del ferrocarril desde Santiago a Valparaíso y al sur de Chile desde mediados del siglo XIX hasta comienzos del siglo XX. En ese período se construyeron casi 1.500 kilómetros de vías férreas que permitieron en 1920 tener conexiones desde Santiago a Valparaíso y Puerto Montt, pasando por ciudades intermedias. Conviene notar que esta construcción se realizó en una época en que el transporte de carga y personas se realizaba principalmente por tierra (con una muy menor participación de cabotaje). La entrada del ferrocarril generó una baja importante en los costos de transporte, además de mejorar la velocidad y la seguridad.
¿Qué produjo? Usando los pocos datos disponibles que hay a nivel de departamentos (había 35 en la zona que nosotros estudiamos) y técnicas econométricas que permiten aislar el impacto de los ferrocarriles de otras variables, en nuestro trabajo estudiamos los efectos en el crecimiento de la población urbana, rural y del empleo por diferentes ocupaciones entre 1865 y 1920. Asimismo, estudiamos efectos en fertilidad y expansión de la educación de la población. Nuestros resultados muestran un patrón claro de que el ferrocarril ayudó a la expansión poblacional hacia las zonas que recibían este medio de transporte, con un efecto nulo en la urbanización de estas zonas. O sea, las personas que migraban lo hacían a zonas urbanas y rurales. También, el ferrocarril contribuyó a la expansión de las actividades en que existían ventajas comparativas (la agricultura principalmente) porque ayudaba a integrarse al comercio internacional al bajar los costos de transporte. Además, generó expansiones de la oferta de servicios locales, como educación, policía y la presencia del Estado.
Sin embargo, también mostramos que los efectos de los ferrocarriles dependen de las condiciones económicas existentes. En otras palabras, las repercusiones positivas de su llegada solo se potencian en un contexto favorable para la actividad económica. También nuestros resultados contrastan con los impactos ocurridos en otros países, donde la llegada de los ferrocarriles ayudó a potenciar la llamada transformación estructural (pasar de agricultura a manufacturas). Una explicación obvia a este fenómeno es que las zonas no tenían ventaja comparativa en manufacturas. Una explicación alternativa, consistente con investigación de frontera, es que para potenciar el impacto de los ferrocarriles es necesaria la existencia de factores complementarios, en particular relacionados con el capital humano de la población.
En suma, nuestro trabajo documenta que los ferrocarriles ciertamente ayudaron al desarrollo de zonas desconectadas y a su crecimiento poblacional. Esto es un efecto relevante de destacar en la discusión actual: parece ser una buena manera de desconcentrar la población y la actividad económica desde Santiago y zonas urbanas a otras zonas. Sin embargo, no fueron una panacea que mejoraron todo. Sus efectos dependen de factores complementarios, tales como las condiciones macroeconómicas y las capacidades de la población. Ciertamente, hoy las condiciones son muy diferentes en nuestro país, pero las implicancias de lo anterior probablemente siguen siendo relevantes en el presente.
Fuente: El Mercurio, Miércoles 16 de Septiembre de 2020

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