Jueves, Mayo 19, 2022

Experto del Banco Mundial: “Salir de la pandemia genera oportunidades para la acción climática”

DIARIO FINANCIERO – El Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu), junto con presentar su estrategia de planificación urbana de largo plazo en colaboración técnica con el Banco Mundial (BM), realizó el seminario “Ciudades 2050: Planificar ciudades desde el territorio”, que abordó el desarrollo de ciudades integradas, equitativas, sostenibles y resilientes para los próximos 30 años.

El orador principal fue Sameh Wahba, director global de la Práctica Global Urbana, Gestión del Riesgo de Desastres, Resiliencia y Territorio del BM, quien en entrevista con DF, señala que hoy las ciudades se enfrentan a los impactos económicos que dejó la pandemia, con pérdidas promedio de entre 5% y 30% de los ingresos municipales y con pérdidas de 60% del presupuesto en inversión de capital. No obstante, afirma que “salir de la pandemia genera oportunidades para la acción climática”.

– Con estos impactos, ¿Cuáles son los principales retos para tener una ciudad sostenible en 2050?

– El reto de las ciudades hoy es que tienen que seguir funcionando a pesar de las dificultades económicas, logísticas y los desafíos de recursos humanos. Tienen que proporcionar ayuda específica para los pobres, los vulnerables y los que están físicamente afectados, en complemento a los servicios nacionales. Pero también tienen que empezar a planificar la recuperación tras la pandemia. Y cuando empiezan a planificar, hay múltiples dimensiones que necesitan planificar, no sólo las espaciales, sino también las económicas, la prestación de servicios, y cómo contribuir a la inclusión. A medida que la ciudad trata de salir de los impactos del Covid- 19, necesita integrar estos aspectos con la forma en que está haciendo su acción climática para que puedan contribuir a ciudades más sostenibles.

– ¿Cuáles serán los desafíos de la urbanización para la sostenibilidad?

– La capacidad de una ciudad para alcanzar su potencial en términos de alivio de la pobreza consiste en maximizar los beneficios de la urbanización, como el mercado de trabajo, la educación de mejor calidad, los mejores servicios sanitarios y minimizar las implicaciones negativas. Por eso creo que habrá más atención a la inversión en la calidad del entorno construido.

También se empezarán a ver cambios en la movilidad dentro de una ciudad. A medida que las urbes empiezan a tener menos presupuesto para inversiones, vamos a ver que muchas de ellas empezaron a invertir en ampliar las aceras, en añadir carriles para bicicletas y calles que suben para los peatones, quitando espacio a los automóviles, dándoselo a los peatones, a los espacios públicos, a los espacios verdes, porque son inversiones que no son muy costosas, pero que contribuyen a una importante mejora de la calidad del entorno construido.

– ¿Cómo se traduce esto en acciones climáticas o ambientales?

– Por un lado, debido a la constatación de que, para atraer a la gente a las ciudades, es necesario que éstas tengan mejores servicios, que tomen en cuenta la naturaleza, no sólo como un servicio, sino también como una infraestructura. Por ejemplo, los humedales desempeñan un papel importante en la prevención de inundaciones, las zonas verdes son un sumidero de carbono clave, los espacios abiertos también pueden convertirse en depósitos para retener las inundaciones y las aguas pluviales para reducir el impacto de las inundaciones en la ciudad. Por lo tanto, las soluciones basadas en la naturaleza no son sólo una amenidad para una ciudad, sino también son una infraestructura importante para la prevención de inundaciones y mitigación del cambio climático.

– ¿Y cuáles son los principales retos para convertirse en una ciudad resiliente?

– En primer lugar, el concepto de resiliencia es bastante amplio, es decir, incluye la resiliencia a las catástrofes naturales, la resiliencia al cambio climático, pero también la resiliencia a las crisis económicas y a las crisis sociales.

Los retos que se plantean son siempre institucionales, porque lograr la resiliencia no es solo una cuestión de infraestructura, sino de coordinación de las inversiones y de una gran variedad de partes interesadas para poder trabajar en colaboración.

También forma parte de una mayor resiliencia, pero también de una mayor sostenibilidad, la preparación y la capacidad de respuesta en caso de emergencia. Por ello es clave ayudar a las urbes a establecer sus centros de operaciones de emergencia, crear la coordinación intersectorial necesaria y apoyar a las distintas instituciones para que lleven a cabo la planificación de la contingencia, la identificación y la preparación para efrentar los riesgos y las inversiones que podrían reducirlos.

Ver artículo

Fuente: Diario Financiero, Jueves 20 de Enero de 2022

DIARIO FINANCIERO – El Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu), junto con presentar su estrategia de planificación urbana de largo plazo en colaboración técnica con el Banco Mundial (BM), realizó el seminario “Ciudades 2050: Planificar ciudades desde el territorio”, que abordó el desarrollo de ciudades integradas, equitativas, sostenibles y resilientes para los próximos 30 años.

El orador principal fue Sameh Wahba, director global de la Práctica Global Urbana, Gestión del Riesgo de Desastres, Resiliencia y Territorio del BM, quien en entrevista con DF, señala que hoy las ciudades se enfrentan a los impactos económicos que dejó la pandemia, con pérdidas promedio de entre 5% y 30% de los ingresos municipales y con pérdidas de 60% del presupuesto en inversión de capital. No obstante, afirma que “salir de la pandemia genera oportunidades para la acción climática”.

– Con estos impactos, ¿Cuáles son los principales retos para tener una ciudad sostenible en 2050?

– El reto de las ciudades hoy es que tienen que seguir funcionando a pesar de las dificultades económicas, logísticas y los desafíos de recursos humanos. Tienen que proporcionar ayuda específica para los pobres, los vulnerables y los que están físicamente afectados, en complemento a los servicios nacionales. Pero también tienen que empezar a planificar la recuperación tras la pandemia. Y cuando empiezan a planificar, hay múltiples dimensiones que necesitan planificar, no sólo las espaciales, sino también las económicas, la prestación de servicios, y cómo contribuir a la inclusión. A medida que la ciudad trata de salir de los impactos del Covid- 19, necesita integrar estos aspectos con la forma en que está haciendo su acción climática para que puedan contribuir a ciudades más sostenibles.

– ¿Cuáles serán los desafíos de la urbanización para la sostenibilidad?

– La capacidad de una ciudad para alcanzar su potencial en términos de alivio de la pobreza consiste en maximizar los beneficios de la urbanización, como el mercado de trabajo, la educación de mejor calidad, los mejores servicios sanitarios y minimizar las implicaciones negativas. Por eso creo que habrá más atención a la inversión en la calidad del entorno construido.

También se empezarán a ver cambios en la movilidad dentro de una ciudad. A medida que las urbes empiezan a tener menos presupuesto para inversiones, vamos a ver que muchas de ellas empezaron a invertir en ampliar las aceras, en añadir carriles para bicicletas y calles que suben para los peatones, quitando espacio a los automóviles, dándoselo a los peatones, a los espacios públicos, a los espacios verdes, porque son inversiones que no son muy costosas, pero que contribuyen a una importante mejora de la calidad del entorno construido.

– ¿Cómo se traduce esto en acciones climáticas o ambientales?

– Por un lado, debido a la constatación de que, para atraer a la gente a las ciudades, es necesario que éstas tengan mejores servicios, que tomen en cuenta la naturaleza, no sólo como un servicio, sino también como una infraestructura. Por ejemplo, los humedales desempeñan un papel importante en la prevención de inundaciones, las zonas verdes son un sumidero de carbono clave, los espacios abiertos también pueden convertirse en depósitos para retener las inundaciones y las aguas pluviales para reducir el impacto de las inundaciones en la ciudad. Por lo tanto, las soluciones basadas en la naturaleza no son sólo una amenidad para una ciudad, sino también son una infraestructura importante para la prevención de inundaciones y mitigación del cambio climático.

– ¿Y cuáles son los principales retos para convertirse en una ciudad resiliente?

– En primer lugar, el concepto de resiliencia es bastante amplio, es decir, incluye la resiliencia a las catástrofes naturales, la resiliencia al cambio climático, pero también la resiliencia a las crisis económicas y a las crisis sociales.

Los retos que se plantean son siempre institucionales, porque lograr la resiliencia no es solo una cuestión de infraestructura, sino de coordinación de las inversiones y de una gran variedad de partes interesadas para poder trabajar en colaboración.

También forma parte de una mayor resiliencia, pero también de una mayor sostenibilidad, la preparación y la capacidad de respuesta en caso de emergencia. Por ello es clave ayudar a las urbes a establecer sus centros de operaciones de emergencia, crear la coordinación intersectorial necesaria y apoyar a las distintas instituciones para que lleven a cabo la planificación de la contingencia, la identificación y la preparación para efrentar los riesgos y las inversiones que podrían reducirlos.

Ver artículo

Fuente: Diario Financiero, Jueves 20 de Enero de 2022

TITULARES

X