Miércoles, Abril 24, 2024

Espacios públicos para el derecho a la ciudad de todas y todos, por Alena Collado

COOPERATIVA – El espacio público es, por definición, el espacio de todos y todas, aquel lugar donde no hay barreras de entrada y, por ende, un escenario excepcional para generar encuentro en la diversidad. En ciudades cada vez más pobladas, diversas y desiguales, disponer de espacios públicos pertinentes en todos los barrios es una pieza fundamental para avanzar hacia ciudades inclusivas, tal como establece el Objetivo de Desarrollo Sostenible 11. Por ende, invertir en ellos se torna una herramienta muy potente para fomentar la cohesión social entre personas de diferentes orígenes y culturas, avanzando así hacia el derecho universal a la ciudad.

Sin embargo, la Nueva Agenda Urbana (ONU, 2016) alerta que el diseño de los espacios urbanos puede tanto promover como obstaculizar la inclusión y la cohesión social. En este sentido, Paulina Saball recalcó, en el Congreso Social UC, que “no hemos sacado el provecho de los espacios públicos como espacios de interacción de lo diverso sin temor”. Un ejemplo de esto lo encontramos en los resultados de la encuesta “Chilenas y chilenos hoy”, en la cual, frente a dos afirmaciones, se pregunta por cuál de las dos opciones la persona está más de acuerdo. Ante la pregunta vinculada a la migración, un 49% de las personas considera que la migración es beneficiosa para el país porque aporta diversidad y otros beneficios sociales, pero un 43% considera que la migración es dañina para el país porque aumentan los problemas sociales (Espacio Público e Ipsos, 2021).

¿Cómo potenciar que los espacios públicos sean escenarios para la inclusión? Un espacio público pertinente y de calidad debiera ser aquel que invite y dé cabida a múltiples actividades y usos, promoviendo el acercamiento y la interacción entre los diversos colectivos que forman los barrios, por ejemplo, personas nacidas dentro y fuera de Chile.

En este sentido, desde la mirada del diseño, debiera ser un espacio abierto que invite a entrar, incorporando accesos desde los diferentes puntos de circulación perimetral, y evitando rejas; y que a la vez considere elementos de seguridad pasiva, como amplia visibilidad e inexistencia de rincones oscuros. También es importante la incorporación de espacios acogedores que entreguen oportunidades de encuentro y reunión, convirtiéndose en espacios de convivencia. Un ejemplo de ello son los lugares sombreados con mobiliario para que grupos de personas puedan sentarse y compartir. Otro ejemplo son espacios que ofrecen oportunidades de juego diversas y no estructuradas, donde niños y niñas que no se conocen, y que incluso no hablan el mismo idioma, puedan relacionarse como pares, incorporando además mobiliario para que las personas cuidadoras puedan conocerse y conversar.

Por otro lado, es esencial generar mayor representatividad en los procesos participativos que cada vez son más habituales en el marco de las intervenciones urbanas. Si bien es cierto que actualmente hay más instancias para el rol activo de vecinos/as en los proyectos de inversión en espacios públicos (aun cuando hay todavía mucho que hacer en relación a la incidencia real de esta participación), a menudo la población participante no es representativa de la diversidad existente en los barrios. No es una tarea fácil, debido -por ejemplo- a barreras de idioma, a la existencia de prejuicios o a la falta de redes por parte de personas migrantes en los países de destino. Sin embargo, procesos participativos más inclusivos y representativos no solo permitirían construir espacios públicos más pertinentes para la diversidad de necesidades e intereses, sino también generar confianzas y fomentar un mayor sentimiento de pertenencia de todos y todas.

Materializar el derecho a la ciudad exige promover la publificación y la polivalencia de espacios susceptibles de usos colectivos diversos, tal como enfatiza el geógrafo y urbanista Jordi Borja. Promovamos un urbanismo participativo e integrador que nos permita avanzar hacia ciudades donde todas las personas, independiente de su origen, puedan sentirse orgullosas y bienvenidas en su barrio.

Ver artículo

Fuente: Cooperativa, Viernes 16 de Diciembre de 2022

COOPERATIVA – El espacio público es, por definición, el espacio de todos y todas, aquel lugar donde no hay barreras de entrada y, por ende, un escenario excepcional para generar encuentro en la diversidad. En ciudades cada vez más pobladas, diversas y desiguales, disponer de espacios públicos pertinentes en todos los barrios es una pieza fundamental para avanzar hacia ciudades inclusivas, tal como establece el Objetivo de Desarrollo Sostenible 11. Por ende, invertir en ellos se torna una herramienta muy potente para fomentar la cohesión social entre personas de diferentes orígenes y culturas, avanzando así hacia el derecho universal a la ciudad.

Sin embargo, la Nueva Agenda Urbana (ONU, 2016) alerta que el diseño de los espacios urbanos puede tanto promover como obstaculizar la inclusión y la cohesión social. En este sentido, Paulina Saball recalcó, en el Congreso Social UC, que “no hemos sacado el provecho de los espacios públicos como espacios de interacción de lo diverso sin temor”. Un ejemplo de esto lo encontramos en los resultados de la encuesta “Chilenas y chilenos hoy”, en la cual, frente a dos afirmaciones, se pregunta por cuál de las dos opciones la persona está más de acuerdo. Ante la pregunta vinculada a la migración, un 49% de las personas considera que la migración es beneficiosa para el país porque aporta diversidad y otros beneficios sociales, pero un 43% considera que la migración es dañina para el país porque aumentan los problemas sociales (Espacio Público e Ipsos, 2021).

¿Cómo potenciar que los espacios públicos sean escenarios para la inclusión? Un espacio público pertinente y de calidad debiera ser aquel que invite y dé cabida a múltiples actividades y usos, promoviendo el acercamiento y la interacción entre los diversos colectivos que forman los barrios, por ejemplo, personas nacidas dentro y fuera de Chile.

En este sentido, desde la mirada del diseño, debiera ser un espacio abierto que invite a entrar, incorporando accesos desde los diferentes puntos de circulación perimetral, y evitando rejas; y que a la vez considere elementos de seguridad pasiva, como amplia visibilidad e inexistencia de rincones oscuros. También es importante la incorporación de espacios acogedores que entreguen oportunidades de encuentro y reunión, convirtiéndose en espacios de convivencia. Un ejemplo de ello son los lugares sombreados con mobiliario para que grupos de personas puedan sentarse y compartir. Otro ejemplo son espacios que ofrecen oportunidades de juego diversas y no estructuradas, donde niños y niñas que no se conocen, y que incluso no hablan el mismo idioma, puedan relacionarse como pares, incorporando además mobiliario para que las personas cuidadoras puedan conocerse y conversar.

Por otro lado, es esencial generar mayor representatividad en los procesos participativos que cada vez son más habituales en el marco de las intervenciones urbanas. Si bien es cierto que actualmente hay más instancias para el rol activo de vecinos/as en los proyectos de inversión en espacios públicos (aun cuando hay todavía mucho que hacer en relación a la incidencia real de esta participación), a menudo la población participante no es representativa de la diversidad existente en los barrios. No es una tarea fácil, debido -por ejemplo- a barreras de idioma, a la existencia de prejuicios o a la falta de redes por parte de personas migrantes en los países de destino. Sin embargo, procesos participativos más inclusivos y representativos no solo permitirían construir espacios públicos más pertinentes para la diversidad de necesidades e intereses, sino también generar confianzas y fomentar un mayor sentimiento de pertenencia de todos y todas.

Materializar el derecho a la ciudad exige promover la publificación y la polivalencia de espacios susceptibles de usos colectivos diversos, tal como enfatiza el geógrafo y urbanista Jordi Borja. Promovamos un urbanismo participativo e integrador que nos permita avanzar hacia ciudades donde todas las personas, independiente de su origen, puedan sentirse orgullosas y bienvenidas en su barrio.

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Fuente: Cooperativa, Viernes 16 de Diciembre de 2022

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