Martes, Mayo 28, 2024

El problema no es la falta de agua, es el ciclo del agua. Por Gabriel Caldes

IAGUA – Cuando la crisis se perpetua, como es el caso del agua, deja de ser crisis y por un tiempo y pasan a ser un estado normal y rutinario, pero siempre la situación va a seguir empeorando, hasta que se desatan sus efectos.

La escasez hídrica puede ser una crisis catastrófica (y sin exagerar), sin embargo, pareciera que nos estamos acostumbrando a convivir con esta amenaza permanente, a pesar de todo el impacto que está ocasionando a los ecosistemas, comunidades rurales y economías locales, como estos no nos afectan, no los notamos, tal vez porque no ha llegado a paralizar los grandes centros urbanos o la gran industria, solo ha afectado a algunas comunidades rurales, crianceros y agricultores pequeños y vulnerables.

Nos estamos adaptando (o acomodando) de forma descoordinada, disgregada e intuitiva, tomando medidas paliativas y desarrollando soluciones individuales, territoriales o sectoriales, como disminuyendo algunos consumos o usos del agua, mejorando procesos productivos, incorporando tecnologías al riego, implementando plantas desaladoras o simplemente produciendo menos. En ciertos casos, hemos buscado soluciones deficientes o ilegales pero que solucionan la contingencia corta, como son los camiones aljibes, la sobre explotación de las fuentes, extracciones ilegales, profundización de pozos, impermeabilización de los canales para el regadío y otras. Esta adaptación hídrica improvisada, además de ser de corto plazo es insostenible ambiental, social y económicamente porque se basa en el consumo de las reservas de aguas que nos quedan.

En la política hídrica del año 2015 se indicaba que la brecha nacional (oferta vs Demanda) era de 82 m3/seg y que al 2030 podría llegar a 149 m3/seg. Esta magnitud de brecha no se soluciona con plantas desaladoras (la más grande en el país es cercana a los 3 m3/seg), tampoco con el re-uso de aguas servidas (los 22 emisarios submarinos de aguas servidas disponen al mar un total de 8 m3/seg.) y menos profundizando pozos o impermeabilizando los canales de regadío o logrando eficiencia en el uso, el problema es más profundo y complejo.

Si seguimos mirando la problemática hídrica solo como la falta de un determinado volumen de aguas, vamos a buscar soluciones preferentemente volumétricas, tanto en la oferta como en la demanda. Sin embargo, si miramos la problemática como los efectos del cambio en el ciclo del agua, podemos concluir que el problema es de gran magnitud y que no es solo un problema de falta de agua, es de avance del desierto y zonas áridas, de resiliencia y desastres naturales, de pérdida de productividad alimentaria, de biodiversidad y de competitividad en los mercados, de desplazados y desempleados, etc. Es decir, no basta con un volumen de agua dulce o desalada, tenemos que definir soluciones más de largo plazo, integrales, amigables con el medio ambiente, sostenible y que se hagan cargo del contexto, para que el país se proyecte al futuro. Algunos datos:

  • La demanda de agua, según la DGA, crecerá entre 4% y un 4,5% anual ¿Cuánta agua nos faltará el año 2030 o 2050 si al año 2015 teníamos una brecha de 82 m3/seg? El agua es una parte del problema, Algunos datos:
  • El incremento de la temperatura, según la Dirección Meteorológica , en la década 1991-2000 el incremento de la temperatura fue de +0,26°C, la década del 2001 al 2010 fue de +0,30°C y la década del 2011 al 2021 del +0,66°C (DGAC, 2022) . Es decir, la última década el incremento de la temperatura se aceleró y fue más del doble de la década anterior.
  • La tendencia de la isoterma cero durante la década 1981-2021 para la zona norte, se incrementó 36 mts, en la zona central y sur, se incrementó de 21 y 19 mts respectivamente. (DGAC. 2022). Esto significa que tendremos menos nieve y más agua lluvia, que se transforma en barro y deslizamientos de tierra.
  • El deshielo de los Glaciales, y capas de hielo. En el estudio preliminar del informe sobre glaciares en Chile para la COP25 indicaba que al año 2019 se han perdido alrededor de 2.000 km2 de masa glaciar, producto del aumento de la temperatura.

Avance del Desierto. según CONAF (2022), el 21,7% del territorio continental está siendo afectada por la desertificación (16,4 millones de hectáreas y 7 millones de personas), esto se agrava si consideramos que en la actualidad el 72% del país ya se encuentra con una sequía estructural y prolongada. La degradación del suelo está avanzando a lo largo del territorio generando graves daños al ecosistema, aumentando la zona desértica hacia el centro del país.

La silvoagricultura. Los resultados preliminares del VIII Censo Agrícola del año 2021, muestran una disminución de la superficie productiva del 22% en relación con el año 2007. Solo en la variación interanual entre los años agrícolas del 2020 y 2021 la superficie sembrada de cultivos disminuyó -10,9% y las cosechas de cultivos anuales, en el mismo período, disminuyeron un – 14,5%. (INE 2022)

Las cifras nos muestran que aún no estamos en crisis, estamos en una etapa de transición que nos puede llevar a una crisis, donde cada día la situación se va agravando y si no tenemos alternativas reales para el día 0, se desatará la verdadera crisis hídrica

Es sabido que Chile es un país que tiene abundantes recursos hídricos, suficiente para acortar la brecha y dar seguridad hídrica al país en el futuro, pero lamentablemente esas aguas están lejos de los centros poblados y productivos. En este contexto y la magnitud de los nuevos escenarios empieza a tomar sentido la carretera hídrica por el borde costero, como un instrumento multifuncional que aprovecha nuestras fortalezas geográficas y de recursos naturalez, para instalarse como una solución más integral y entregar la anhelada seguridad hídrica y alimentaria a lo largo del país. Lamentablemente no contamos con los estudios que nos permitan hacer una evaluación ambiental, social, técnica y económica, pero con los estudios preliminares pareciera ser una solución global, sostenible, innovadora y viable.

Gabriel Caldes, Consultor (MBA) Gestión Hídrica, asesor de Escenarios Hídricos de la Fundación Chile

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Fuente: Iagua, Viernes 17 de Marzo de 2023

IAGUA – Cuando la crisis se perpetua, como es el caso del agua, deja de ser crisis y por un tiempo y pasan a ser un estado normal y rutinario, pero siempre la situación va a seguir empeorando, hasta que se desatan sus efectos.

La escasez hídrica puede ser una crisis catastrófica (y sin exagerar), sin embargo, pareciera que nos estamos acostumbrando a convivir con esta amenaza permanente, a pesar de todo el impacto que está ocasionando a los ecosistemas, comunidades rurales y economías locales, como estos no nos afectan, no los notamos, tal vez porque no ha llegado a paralizar los grandes centros urbanos o la gran industria, solo ha afectado a algunas comunidades rurales, crianceros y agricultores pequeños y vulnerables.

Nos estamos adaptando (o acomodando) de forma descoordinada, disgregada e intuitiva, tomando medidas paliativas y desarrollando soluciones individuales, territoriales o sectoriales, como disminuyendo algunos consumos o usos del agua, mejorando procesos productivos, incorporando tecnologías al riego, implementando plantas desaladoras o simplemente produciendo menos. En ciertos casos, hemos buscado soluciones deficientes o ilegales pero que solucionan la contingencia corta, como son los camiones aljibes, la sobre explotación de las fuentes, extracciones ilegales, profundización de pozos, impermeabilización de los canales para el regadío y otras. Esta adaptación hídrica improvisada, además de ser de corto plazo es insostenible ambiental, social y económicamente porque se basa en el consumo de las reservas de aguas que nos quedan.

En la política hídrica del año 2015 se indicaba que la brecha nacional (oferta vs Demanda) era de 82 m3/seg y que al 2030 podría llegar a 149 m3/seg. Esta magnitud de brecha no se soluciona con plantas desaladoras (la más grande en el país es cercana a los 3 m3/seg), tampoco con el re-uso de aguas servidas (los 22 emisarios submarinos de aguas servidas disponen al mar un total de 8 m3/seg.) y menos profundizando pozos o impermeabilizando los canales de regadío o logrando eficiencia en el uso, el problema es más profundo y complejo.

Si seguimos mirando la problemática hídrica solo como la falta de un determinado volumen de aguas, vamos a buscar soluciones preferentemente volumétricas, tanto en la oferta como en la demanda. Sin embargo, si miramos la problemática como los efectos del cambio en el ciclo del agua, podemos concluir que el problema es de gran magnitud y que no es solo un problema de falta de agua, es de avance del desierto y zonas áridas, de resiliencia y desastres naturales, de pérdida de productividad alimentaria, de biodiversidad y de competitividad en los mercados, de desplazados y desempleados, etc. Es decir, no basta con un volumen de agua dulce o desalada, tenemos que definir soluciones más de largo plazo, integrales, amigables con el medio ambiente, sostenible y que se hagan cargo del contexto, para que el país se proyecte al futuro. Algunos datos:

  • La demanda de agua, según la DGA, crecerá entre 4% y un 4,5% anual ¿Cuánta agua nos faltará el año 2030 o 2050 si al año 2015 teníamos una brecha de 82 m3/seg? El agua es una parte del problema, Algunos datos:
  • El incremento de la temperatura, según la Dirección Meteorológica , en la década 1991-2000 el incremento de la temperatura fue de +0,26°C, la década del 2001 al 2010 fue de +0,30°C y la década del 2011 al 2021 del +0,66°C (DGAC, 2022) . Es decir, la última década el incremento de la temperatura se aceleró y fue más del doble de la década anterior.
  • La tendencia de la isoterma cero durante la década 1981-2021 para la zona norte, se incrementó 36 mts, en la zona central y sur, se incrementó de 21 y 19 mts respectivamente. (DGAC. 2022). Esto significa que tendremos menos nieve y más agua lluvia, que se transforma en barro y deslizamientos de tierra.
  • El deshielo de los Glaciales, y capas de hielo. En el estudio preliminar del informe sobre glaciares en Chile para la COP25 indicaba que al año 2019 se han perdido alrededor de 2.000 km2 de masa glaciar, producto del aumento de la temperatura.

Avance del Desierto. según CONAF (2022), el 21,7% del territorio continental está siendo afectada por la desertificación (16,4 millones de hectáreas y 7 millones de personas), esto se agrava si consideramos que en la actualidad el 72% del país ya se encuentra con una sequía estructural y prolongada. La degradación del suelo está avanzando a lo largo del territorio generando graves daños al ecosistema, aumentando la zona desértica hacia el centro del país.

La silvoagricultura. Los resultados preliminares del VIII Censo Agrícola del año 2021, muestran una disminución de la superficie productiva del 22% en relación con el año 2007. Solo en la variación interanual entre los años agrícolas del 2020 y 2021 la superficie sembrada de cultivos disminuyó -10,9% y las cosechas de cultivos anuales, en el mismo período, disminuyeron un – 14,5%. (INE 2022)

Las cifras nos muestran que aún no estamos en crisis, estamos en una etapa de transición que nos puede llevar a una crisis, donde cada día la situación se va agravando y si no tenemos alternativas reales para el día 0, se desatará la verdadera crisis hídrica

Es sabido que Chile es un país que tiene abundantes recursos hídricos, suficiente para acortar la brecha y dar seguridad hídrica al país en el futuro, pero lamentablemente esas aguas están lejos de los centros poblados y productivos. En este contexto y la magnitud de los nuevos escenarios empieza a tomar sentido la carretera hídrica por el borde costero, como un instrumento multifuncional que aprovecha nuestras fortalezas geográficas y de recursos naturalez, para instalarse como una solución más integral y entregar la anhelada seguridad hídrica y alimentaria a lo largo del país. Lamentablemente no contamos con los estudios que nos permitan hacer una evaluación ambiental, social, técnica y económica, pero con los estudios preliminares pareciera ser una solución global, sostenible, innovadora y viable.

Gabriel Caldes, Consultor (MBA) Gestión Hídrica, asesor de Escenarios Hídricos de la Fundación Chile

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Fuente: Iagua, Viernes 17 de Marzo de 2023

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