Lunes, Julio 26, 2021

XLII Diálogo del CPI – Releva la importancia de la participación ciudadana en proyectos de infraestructura

CPI – En la ocasión se destacó la necesidad de desarrollar una cultura de la participación e integrarla al sistema de gestión, de la misma manera en que se integran calidad y otros elementos fundamentales para que los proyectos funcionen
“Participar en los proyectos de infraestructura, pudiendo incidir en la toma de decisiones, desde las etapas más tempranas y durante todo su ciclo de vida, es una expectativa ciudadana latente hace ya 30 años, y que aún no es una exigencia normada, a pesar de la relevancia que ésta tiene para la sostenibilidad y la gobernanza”. Así lo afirmó la líder del Área de Medio Ambiente de Arcadis Chile, Vilma Pérez, a cargo de la presentación del XLII Diálogo del Consejo de Políticas de Infraestructura.
En la oportunidad, la experta afirmó que la participación ciudadana, en el marco del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), más que un hito en la etapa de evaluación de los proyectos, debiera ser un proceso incorporado en todo el ciclo de los mismos, desde su “cuna” hasta su cierre o reinvención. “La expectativa dejó de ser, hace mucho tiempo, estar informado, o incluso poder retroalimentar al proponente del proyecto. La expectativa es cómo participo directamente en la toma de decisiones de un proyecto”, afirmó.
Participación ciudadana en el ciclo de un proyecto
 Vilma Pérez se refirió al rol de la participación ciudadana en cada etapa de un proyecto, enfatizando la relevancia del inicio pues “tiene que ver con la forma en que un proyecto se inserta en un territorio y la relación de dicho proyecto y proponentes con el territorio y sus actores”. La experta destacó la relevancia de que en las etapas de diseño y evaluación ambiental y social, los grupos de interés local incidan tempranamente en las decisiones, antes de que un proyecto sea ingresado al SEIA.
El único momento que está normado en nuestro país en el SEIA es durante la calificación ambiental de un proyecto. Esto, tanto para la ciudadanía como para los proponentes, ya es tarde para tomar cualquier decisión relevante. La expectativa de participar anticipadamente nace con la Ley de Bases del Medio Ambiente, en la década de los 90 y desde ahí las organizaciones ciudadanas y ambientales han solicitado que la participación ciudadana anticipada sea obligatoria. “Sin embargo, los proyectos de Ley que se han levantado para incorporar esta obligatoriedad, están actualmente detenidos”, señaló la experta.
“En lo que se refiere al propósito de la participación hay dos intereses, complementarios, pero con rutas críticas propias: uno es cómo participo e incido para minimizar y gestionar impactos negativos –es decir, cómo las comunidades participan en la elaboración de las líneas de base, en la discusión de los impactos, las medidas y planes de seguimiento- y la otra senda, complementaria y paralela, es cómo juegan un rol para maximizar las oportunidades que representan los proyectos, vale decir como incremento los impactos positivos para el territorio y las comunidades locales. Nuestro SEIA nos exige quedarnos en la primera ruta, es decir, está enfocado en mirar los impactos negativos. Sin embargo, las comunidades que interactúan con un proyecto pueden sentirse afectadas, pero también tienen expectativas respecto de los beneficios, por lo que ambas miradas son igualmente relevantes”, explicó la representante de Arcadis.
Existen ya varias experiencias a nivel mundial en lo referente a la forma de acercarse a esos beneficios; la de mayor estándar tiene que ver con asociarse a un determinado proyecto. Otra es que la comunidad pueda compartir utilidades y una tercera dice relación con cómo hacer que el desarrollo del proyecto sea coherente con el territorio. “La generación de espacios de participación en las oportunidades tiene que ver con construir el plan de manera conjunta, con trabajar juntos -explica Vilma Pérez- “y para esto es vital la empatía, como una condición básica para aceptar y entender las distintas visiones y culturas sobre un territorio. La empatía se entrena y para ello existen métodos; ésta es una herramienta que permite transformar conflictos, generar acuerdos y valor compartido”, aseveró.
Esta misma empatía y el foco en los impactos y valor compartido se deben mantener durante toda la vida del proyecto, es decir, durante su construcción y operación. En el caso de los impactos, una manera básica para mantener activa la participación es a través de los monitoreos, que permiten verificar si las medidas que se diseñaron para manejarlos se están cumpliendo. En cuanto al valor compartido, en estas etapas de ejecución conjunta se debe también hacer seguimiento, evaluar y cuidar el uso de los fondos de las iniciativas acordadas y ejecutadas colaborativamente.
En cuanto al cierre -o en muchas oportunidades, reinvenciones de un proyecto- es básico utilizar la herramienta de los monitoreos participativos y considerar nuevamente el valor compartido, pero en función del cierre social, es decir, de la definición de lo que podría ocurrir en una comunidad cuando el proyecto se cierre o se transforme en algo distinto a lo que en un principio fue concebido.
Nuevos paradigmas
Vilma Pérez afirma que para aumentar la participación ciudadana en proyectos sostenibles y de largo plazo, es imprescindible desarrollar una cultura de la participación e integrarla al sistema de gestión, de la misma manera en que se integran calidad y otros elementos fundamentales para que la compañía o proyecto puedan funcionar. Integrar esta cultura, a su vez, implica tener una definición política como compañía de los principios rectores de lo que se entiende por participación, sumada a una gerencia responsable y de alto nivel, entre otros elementos.
“Es fundamental tener planes de participación de largo aliento en todo el ciclo de vida del proyecto, al interior de los cuales se insertan programas puntuales y específicos, por ejemplo, para los temas de evaluación ambiental, ya sea de una Declaración o un Estudio de Impacto Ambiental de un proyecto”, finaliza Vilma Pérez.
Por su parte, la directora ejecutiva del Centro de Innovación en Ciudades de la UDD e integrante del grupo de Infraestructura y Ciudad del Consejo de Políticas de Infraestructura, Francisca Astaburuaga, afirmó que la “participación ciudadana no es solo un instrumento, sino una manera de hacer; tiene el potencial, si se integra al proceso de diseño desde el inicio, de ser una herramienta de conocimiento del territorio para entender las claves de éxito de futuros cambios. Hoy, en Chile, tenemos que diseñar iniciativas que nos permitan avanzar sin dejar perdedores en el camino; la gente debe sentir que es partícipe de un proceso de cambio donde quedarán en un lugar distinto, pero nunca peor”.
“Si nos preguntamos si la participación ciudadana es un fin o un medio, esto se relaciona con una dimensión de la ética conectada no con lo que yo creo, sino con donde yo estoy y comparto y tiene que ver con dos dimensiones; una, con la comunidad extendida; si es una empresa global, la comunidad es Chile. La otra se relaciona con lo mismo: si es fin, tiene que ver con los resultados que yo quiero obtener, tanto para mi compañía, como para el país; tiene que ver con el desarrollo”, afirmó la directora del Observatorio de Sostenibilidad del Departamento de Administración de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, Reinalina Chavarri.
Antonio Ortiz, secretario ejecutivo de Alianza Valor Minero, explicó el trabajo que ha realizado la entidad –junto a otros grupos- para proponer la creación de una agencia pública que se haga cargo de los procesos de diálogo dentro de los proyectos de inversión. La idea es que ésta partiera impulsando estos procesos desde muy temprano en el ciclo de vida de los proyectos, que acompañe después la participación ciudadana durante la etapa de evaluación ambiental y posteriormente, retome un rol principal en todo el proceso de construcción y operación del proyecto.
“En esa propuesta de política pública se desarrolló un modelo de diálogo que generó una serie de estándares y lineamientos para desarrollar estos procesos, pero además nos sumergimos en la participación temprana, generando una guía de orientación metodológica  aplicable en proyectos de inversión, que tiene varias particularidades, y que busca, entre otras cosas, que el uso de la participación temprana ayude a mejorar la  inserción territorial sostenible en los proyectos de inversión”, afirmó Ortiz.
El arquitecto y urbanista Francisco Schmidt se refirió a su vez a los impactos positivos de los proyectos, que muchas veces no son mencionados. “La política del SEIA es mitigar reducir, compensar; tenemos que cambiar esa mirada. La infraestructura es para crear valor compartido y esto pasa por ver impactos positivos. Por ejemplo, el proyecto del gran colector del Zanjón de la Aguada, responde a una mirada tridimensional que parte de un proyecto hidráulico en una zona que se inundaba siempre por las aguas lluvias y que, sin embargo, logra tener un proceso –largo, sí- para revertir su sola condición de hidráulico a un proyecto que toma en cuenta otras necesidades como equipamiento urbano, parques, etc. y otros, y que es un éxito. Se puede hacer”, finalizó.


 
A continuación ponemos a su disposición la presentación realizada durante la jornada:

MINUTA DIÁLOGO

XLII Diálogo del CPI. Participación Ciudadana en los Proyectos de Infraestructura en el Sistema de Evaluación de Impacto AmbientalVer Minuta

CPI – En la ocasión se destacó la necesidad de desarrollar una cultura de la participación e integrarla al sistema de gestión, de la misma manera en que se integran calidad y otros elementos fundamentales para que los proyectos funcionen
“Participar en los proyectos de infraestructura, pudiendo incidir en la toma de decisiones, desde las etapas más tempranas y durante todo su ciclo de vida, es una expectativa ciudadana latente hace ya 30 años, y que aún no es una exigencia normada, a pesar de la relevancia que ésta tiene para la sostenibilidad y la gobernanza”. Así lo afirmó la líder del Área de Medio Ambiente de Arcadis Chile, Vilma Pérez, a cargo de la presentación del XLII Diálogo del Consejo de Políticas de Infraestructura.
En la oportunidad, la experta afirmó que la participación ciudadana, en el marco del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), más que un hito en la etapa de evaluación de los proyectos, debiera ser un proceso incorporado en todo el ciclo de los mismos, desde su “cuna” hasta su cierre o reinvención. “La expectativa dejó de ser, hace mucho tiempo, estar informado, o incluso poder retroalimentar al proponente del proyecto. La expectativa es cómo participo directamente en la toma de decisiones de un proyecto”, afirmó.
Participación ciudadana en el ciclo de un proyecto
 Vilma Pérez se refirió al rol de la participación ciudadana en cada etapa de un proyecto, enfatizando la relevancia del inicio pues “tiene que ver con la forma en que un proyecto se inserta en un territorio y la relación de dicho proyecto y proponentes con el territorio y sus actores”. La experta destacó la relevancia de que en las etapas de diseño y evaluación ambiental y social, los grupos de interés local incidan tempranamente en las decisiones, antes de que un proyecto sea ingresado al SEIA.
El único momento que está normado en nuestro país en el SEIA es durante la calificación ambiental de un proyecto. Esto, tanto para la ciudadanía como para los proponentes, ya es tarde para tomar cualquier decisión relevante. La expectativa de participar anticipadamente nace con la Ley de Bases del Medio Ambiente, en la década de los 90 y desde ahí las organizaciones ciudadanas y ambientales han solicitado que la participación ciudadana anticipada sea obligatoria. “Sin embargo, los proyectos de Ley que se han levantado para incorporar esta obligatoriedad, están actualmente detenidos”, señaló la experta.
“En lo que se refiere al propósito de la participación hay dos intereses, complementarios, pero con rutas críticas propias: uno es cómo participo e incido para minimizar y gestionar impactos negativos –es decir, cómo las comunidades participan en la elaboración de las líneas de base, en la discusión de los impactos, las medidas y planes de seguimiento- y la otra senda, complementaria y paralela, es cómo juegan un rol para maximizar las oportunidades que representan los proyectos, vale decir como incremento los impactos positivos para el territorio y las comunidades locales. Nuestro SEIA nos exige quedarnos en la primera ruta, es decir, está enfocado en mirar los impactos negativos. Sin embargo, las comunidades que interactúan con un proyecto pueden sentirse afectadas, pero también tienen expectativas respecto de los beneficios, por lo que ambas miradas son igualmente relevantes”, explicó la representante de Arcadis.
Existen ya varias experiencias a nivel mundial en lo referente a la forma de acercarse a esos beneficios; la de mayor estándar tiene que ver con asociarse a un determinado proyecto. Otra es que la comunidad pueda compartir utilidades y una tercera dice relación con cómo hacer que el desarrollo del proyecto sea coherente con el territorio. “La generación de espacios de participación en las oportunidades tiene que ver con construir el plan de manera conjunta, con trabajar juntos -explica Vilma Pérez- “y para esto es vital la empatía, como una condición básica para aceptar y entender las distintas visiones y culturas sobre un territorio. La empatía se entrena y para ello existen métodos; ésta es una herramienta que permite transformar conflictos, generar acuerdos y valor compartido”, aseveró.
Esta misma empatía y el foco en los impactos y valor compartido se deben mantener durante toda la vida del proyecto, es decir, durante su construcción y operación. En el caso de los impactos, una manera básica para mantener activa la participación es a través de los monitoreos, que permiten verificar si las medidas que se diseñaron para manejarlos se están cumpliendo. En cuanto al valor compartido, en estas etapas de ejecución conjunta se debe también hacer seguimiento, evaluar y cuidar el uso de los fondos de las iniciativas acordadas y ejecutadas colaborativamente.
En cuanto al cierre -o en muchas oportunidades, reinvenciones de un proyecto- es básico utilizar la herramienta de los monitoreos participativos y considerar nuevamente el valor compartido, pero en función del cierre social, es decir, de la definición de lo que podría ocurrir en una comunidad cuando el proyecto se cierre o se transforme en algo distinto a lo que en un principio fue concebido.
Nuevos paradigmas
Vilma Pérez afirma que para aumentar la participación ciudadana en proyectos sostenibles y de largo plazo, es imprescindible desarrollar una cultura de la participación e integrarla al sistema de gestión, de la misma manera en que se integran calidad y otros elementos fundamentales para que la compañía o proyecto puedan funcionar. Integrar esta cultura, a su vez, implica tener una definición política como compañía de los principios rectores de lo que se entiende por participación, sumada a una gerencia responsable y de alto nivel, entre otros elementos.
“Es fundamental tener planes de participación de largo aliento en todo el ciclo de vida del proyecto, al interior de los cuales se insertan programas puntuales y específicos, por ejemplo, para los temas de evaluación ambiental, ya sea de una Declaración o un Estudio de Impacto Ambiental de un proyecto”, finaliza Vilma Pérez.
Por su parte, la directora ejecutiva del Centro de Innovación en Ciudades de la UDD e integrante del grupo de Infraestructura y Ciudad del Consejo de Políticas de Infraestructura, Francisca Astaburuaga, afirmó que la “participación ciudadana no es solo un instrumento, sino una manera de hacer; tiene el potencial, si se integra al proceso de diseño desde el inicio, de ser una herramienta de conocimiento del territorio para entender las claves de éxito de futuros cambios. Hoy, en Chile, tenemos que diseñar iniciativas que nos permitan avanzar sin dejar perdedores en el camino; la gente debe sentir que es partícipe de un proceso de cambio donde quedarán en un lugar distinto, pero nunca peor”.
“Si nos preguntamos si la participación ciudadana es un fin o un medio, esto se relaciona con una dimensión de la ética conectada no con lo que yo creo, sino con donde yo estoy y comparto y tiene que ver con dos dimensiones; una, con la comunidad extendida; si es una empresa global, la comunidad es Chile. La otra se relaciona con lo mismo: si es fin, tiene que ver con los resultados que yo quiero obtener, tanto para mi compañía, como para el país; tiene que ver con el desarrollo”, afirmó la directora del Observatorio de Sostenibilidad del Departamento de Administración de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, Reinalina Chavarri.
Antonio Ortiz, secretario ejecutivo de Alianza Valor Minero, explicó el trabajo que ha realizado la entidad –junto a otros grupos- para proponer la creación de una agencia pública que se haga cargo de los procesos de diálogo dentro de los proyectos de inversión. La idea es que ésta partiera impulsando estos procesos desde muy temprano en el ciclo de vida de los proyectos, que acompañe después la participación ciudadana durante la etapa de evaluación ambiental y posteriormente, retome un rol principal en todo el proceso de construcción y operación del proyecto.
“En esa propuesta de política pública se desarrolló un modelo de diálogo que generó una serie de estándares y lineamientos para desarrollar estos procesos, pero además nos sumergimos en la participación temprana, generando una guía de orientación metodológica  aplicable en proyectos de inversión, que tiene varias particularidades, y que busca, entre otras cosas, que el uso de la participación temprana ayude a mejorar la  inserción territorial sostenible en los proyectos de inversión”, afirmó Ortiz.
El arquitecto y urbanista Francisco Schmidt se refirió a su vez a los impactos positivos de los proyectos, que muchas veces no son mencionados. “La política del SEIA es mitigar reducir, compensar; tenemos que cambiar esa mirada. La infraestructura es para crear valor compartido y esto pasa por ver impactos positivos. Por ejemplo, el proyecto del gran colector del Zanjón de la Aguada, responde a una mirada tridimensional que parte de un proyecto hidráulico en una zona que se inundaba siempre por las aguas lluvias y que, sin embargo, logra tener un proceso –largo, sí- para revertir su sola condición de hidráulico a un proyecto que toma en cuenta otras necesidades como equipamiento urbano, parques, etc. y otros, y que es un éxito. Se puede hacer”, finalizó.


 
A continuación ponemos a su disposición la presentación realizada durante la jornada:

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