Domingo, Febrero 5, 2023

Covid y cambio climático, por Pablo Allard y Alex Godoy

LA TERCERA – En 2009, History Channel reunió a diversos científicos para responder cómo sería la Tierra sin humanos. Un interesante y poco común experimento intelectual sobre la capacidad de resiliencia del planeta al cambio climático. Diez años más tarde, y aunque aún parcial, la pandemia del Covid surge como experimento natural más amenazante vivido por nuestra civilización, comprometiendo y cuestionando nuestros modelos de desarrollo, pero también iluminando cierta esperanza a futuro.

El confinamiento global ha provocado una baja en las emisiones de gases efecto invernadero con el consiguiente mejoramiento en la calidad del aire a nivel local. Se estima que entre febrero y marzo China redujo sus emisiones de CO2 entre un 18-25% acorde a los datos del NASA Earth Observatory, alrededor de 250 millones de toneladas equivalentes a tres veces lo que emite Chile en un año. Para Europa, en igual período las reducciones alcanzan las 400 millones de toneladas. En áreas metropolitanas, en el Reino Unido, Alemania, Países Bajos y China, las concentraciones atmosféricas de NO2 también han disminuido en medio del “lockdown”. A finales de marzo el tránsito vehicular en la Región Metropolitana bajó en un 34% en punta mañana, y en los Estados Unidos se estima bajó en cerca de un 40%.

Si los sectores que explican tales emisiones son energía, transporte, manufactura y construcción, hemos tenido el experimento perfecto. Si a estos se suman los efectos visibles de claridad de cielos y avistamiento de animales silvestres en zonas urbanas, los beneficios de reducir emisiones y la intensidad en la cual producimos y consumimos en un sistema globalizado, nos muestran que nuevos modelos de desarrollo y estilos de vida más sostenibles son posibles para aplanar la otra curva, la del cambio climático.

En este escenario, no podemos olvidar que la pandemia traerá costos humanos y sociales inmediatos sin precedentes; vaticinándose una depresión similar o peor a la del 29, con países que intentan contener la tragedia con radicales planes de apoyo y reactivación económica. Lamentablemente, sabemos que posterior a la crisis subprime del 2008, cuando se trata de un shock de inversión y acelerar el crecimiento económico, gobiernos y empresas adoptaron modelos de producción costo-eficientes, desplazando cualquier posibilidad de innovar y acelerar la descarbonización de nuestras economías o incentivar la eficiencia en el uso de recursos.

Post pandemia, éste será uno de los grandes dilemas éticos, enfrentar la crisis como oportunidad para romper paradigmas y así transitar a modelos de producción sostenibles, o postergar decisiones que ya eran críticas antes del Covid-19. En medio de esta tormenta, la revalorización de las ciencias, así como la transformación tecnológica y reflexión sobre qué sociedad queremos, son fuertes señales de que este cambio podría ser posible. Ojalá este cambio de actitud hacia la investigación y la evidencia científica ilumine a los tomadores de decisiones, de manera que la reactivación y el mundo post Covid pueda avanzar hacia modelos de desarrollo circulares, sostenibles y por qué no decirlo, más seguros y resilientes.

Fuente: La Tercera, lunes 20 de abril 2020

LA TERCERA – En 2009, History Channel reunió a diversos científicos para responder cómo sería la Tierra sin humanos. Un interesante y poco común experimento intelectual sobre la capacidad de resiliencia del planeta al cambio climático. Diez años más tarde, y aunque aún parcial, la pandemia del Covid surge como experimento natural más amenazante vivido por nuestra civilización, comprometiendo y cuestionando nuestros modelos de desarrollo, pero también iluminando cierta esperanza a futuro.

El confinamiento global ha provocado una baja en las emisiones de gases efecto invernadero con el consiguiente mejoramiento en la calidad del aire a nivel local. Se estima que entre febrero y marzo China redujo sus emisiones de CO2 entre un 18-25% acorde a los datos del NASA Earth Observatory, alrededor de 250 millones de toneladas equivalentes a tres veces lo que emite Chile en un año. Para Europa, en igual período las reducciones alcanzan las 400 millones de toneladas. En áreas metropolitanas, en el Reino Unido, Alemania, Países Bajos y China, las concentraciones atmosféricas de NO2 también han disminuido en medio del “lockdown”. A finales de marzo el tránsito vehicular en la Región Metropolitana bajó en un 34% en punta mañana, y en los Estados Unidos se estima bajó en cerca de un 40%.

Si los sectores que explican tales emisiones son energía, transporte, manufactura y construcción, hemos tenido el experimento perfecto. Si a estos se suman los efectos visibles de claridad de cielos y avistamiento de animales silvestres en zonas urbanas, los beneficios de reducir emisiones y la intensidad en la cual producimos y consumimos en un sistema globalizado, nos muestran que nuevos modelos de desarrollo y estilos de vida más sostenibles son posibles para aplanar la otra curva, la del cambio climático.

En este escenario, no podemos olvidar que la pandemia traerá costos humanos y sociales inmediatos sin precedentes; vaticinándose una depresión similar o peor a la del 29, con países que intentan contener la tragedia con radicales planes de apoyo y reactivación económica. Lamentablemente, sabemos que posterior a la crisis subprime del 2008, cuando se trata de un shock de inversión y acelerar el crecimiento económico, gobiernos y empresas adoptaron modelos de producción costo-eficientes, desplazando cualquier posibilidad de innovar y acelerar la descarbonización de nuestras economías o incentivar la eficiencia en el uso de recursos.

Post pandemia, éste será uno de los grandes dilemas éticos, enfrentar la crisis como oportunidad para romper paradigmas y así transitar a modelos de producción sostenibles, o postergar decisiones que ya eran críticas antes del Covid-19. En medio de esta tormenta, la revalorización de las ciencias, así como la transformación tecnológica y reflexión sobre qué sociedad queremos, son fuertes señales de que este cambio podría ser posible. Ojalá este cambio de actitud hacia la investigación y la evidencia científica ilumine a los tomadores de decisiones, de manera que la reactivación y el mundo post Covid pueda avanzar hacia modelos de desarrollo circulares, sostenibles y por qué no decirlo, más seguros y resilientes.

Fuente: La Tercera, lunes 20 de abril 2020

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