Viernes, Julio 30, 2021

Comercio internacional y logística

EL MERCURIO – El progreso de Chile se encuentra íntimamente vinculado con su estrategia de apertura al exterior. De hecho, los períodos de mayor crecimiento económico en los últimos 35 años han estado, en general, ligados a un aumento significativo en el intercambio comercial. Esta estrategia ha enfrentado siempre dos desventajas. Por un lado, la lejanía del país respecto de los mercados internacionales y, por otro, el escaso intercambio con las naciones vecinas. Con todo, buenas políticas económicas y de infraestructura han permitido mantener la competitividad en este ámbito. A ello se agregan ventajas importantes en minería y agricultura, entre otros sectores. Pero el aseguramiento de un escenario favorable para nuestro comercio exterior es una tarea continua. En ese sentido, el debilitamiento del intercambio comercial del país en los últimos años, aun antes de la pandemia, tiene diversas explicaciones. Ha influido, sin duda, la disminución del crecimiento mundial del comercio, pero también un conjunto de factores internos que incluyen la poca atención hacia políticas que aumenten la productividad, rezagos en la renovación de la infraestructura y una burocratización excesiva, muchas veces influida por falta de innovación tecnológica o de integración en algunos procesos.

Este último factor se hizo especialmente notorio durante 2020 en la internación de productos desde el exterior. Por supuesto, también influyeron las restricciones impuestas por la crisis sanitaria, pero la lenta adaptación a ello ha sido indicativa de una gestión en aduanas que requiere mayor modernización o al menos repensar la forma de abordar los desafíos que impone el intercambio comercial en los tiempos actuales. Por ejemplo, antes de la pandemia el desaduanamiento en el aeropuerto de paquetes courier hasta por tres mil dólares rara vez demoraba menos de un día, a pesar de que, por ejemplo, el TLC con Estados Unidos estableció un lapso de seis horas para ello; las demoras son aún más prolongadas ahora. Esto, en un contexto en que el número de este tipo de envíos ha crecido exponencialmente —respecto de 2012, se ha multiplicado por 46—, produciendo una tensión logística que la pandemia solo ha exacerbado. Este crecimiento, efecto de la transformación tecnológica, era completamente predecible y demanda una atención especial a la gestión de la cadena logística, de modo de evitar pérdidas de eficiencia que signifiquen una reducción de valor. Una parte importante de estos costos recae, por lo demás, en los ciudadanos, que por estas demoras deben muchas veces pagar tiempos adicionales de almacenaje.

Una situación similar está ocurriendo en los puertos, donde el año pasado, particularmente en el segundo semestre, se observó un fuerte aumento en el ingreso de productos y una incapacidad para abordar los movimientos de descarga y desaduanización de las importaciones. Es cierto que la pandemia ha generado una disrupción importante en estos servicios, pero precisamente estas situaciones ponen a prueba la flexibilidad y capacidad de adaptación de los sistemas. Hay que recordar que, en función de los modelos de riesgo, solo un 3 a 5 por ciento de la carga que ingresa se somete a una revisión exhaustiva. Esta mercadería es la que ha sufrido las mayores demoras, pero ello no significa que el resto no haya sido afectado. Ha habido una revisión de los procesos para disminuir los tiempos de espera, pero estos aún son más largos de lo razonable.

La competitividad y la productividad del país se juegan cada vez más en aspectos tan específicos como estos, siendo imprescindible que se implementen gestiones y soluciones tecnológicas de punta. Puertos y aeropuertos de otros países también se han visto afectados por las consecuencias de la pandemia, pero en muchos casos con efectos y demoras más acotados que en Chile. Ha ayudado en ello la existencia de responsabilidades únicas, que permiten una mejor coordinación de todos los procesos. En nuestro país, en cambio, tales responsabilidades se encuentran aún muy diluidas, reduciendo la eficacia de la logística y ejemplificando uno de los aspectos que deben abordarse para lograr una mejor gestión en este ámbito.

Fuente: El Mercurio, Jueves 21 de Enero de 2021

EL MERCURIO – El progreso de Chile se encuentra íntimamente vinculado con su estrategia de apertura al exterior. De hecho, los períodos de mayor crecimiento económico en los últimos 35 años han estado, en general, ligados a un aumento significativo en el intercambio comercial. Esta estrategia ha enfrentado siempre dos desventajas. Por un lado, la lejanía del país respecto de los mercados internacionales y, por otro, el escaso intercambio con las naciones vecinas. Con todo, buenas políticas económicas y de infraestructura han permitido mantener la competitividad en este ámbito. A ello se agregan ventajas importantes en minería y agricultura, entre otros sectores. Pero el aseguramiento de un escenario favorable para nuestro comercio exterior es una tarea continua. En ese sentido, el debilitamiento del intercambio comercial del país en los últimos años, aun antes de la pandemia, tiene diversas explicaciones. Ha influido, sin duda, la disminución del crecimiento mundial del comercio, pero también un conjunto de factores internos que incluyen la poca atención hacia políticas que aumenten la productividad, rezagos en la renovación de la infraestructura y una burocratización excesiva, muchas veces influida por falta de innovación tecnológica o de integración en algunos procesos.

Este último factor se hizo especialmente notorio durante 2020 en la internación de productos desde el exterior. Por supuesto, también influyeron las restricciones impuestas por la crisis sanitaria, pero la lenta adaptación a ello ha sido indicativa de una gestión en aduanas que requiere mayor modernización o al menos repensar la forma de abordar los desafíos que impone el intercambio comercial en los tiempos actuales. Por ejemplo, antes de la pandemia el desaduanamiento en el aeropuerto de paquetes courier hasta por tres mil dólares rara vez demoraba menos de un día, a pesar de que, por ejemplo, el TLC con Estados Unidos estableció un lapso de seis horas para ello; las demoras son aún más prolongadas ahora. Esto, en un contexto en que el número de este tipo de envíos ha crecido exponencialmente —respecto de 2012, se ha multiplicado por 46—, produciendo una tensión logística que la pandemia solo ha exacerbado. Este crecimiento, efecto de la transformación tecnológica, era completamente predecible y demanda una atención especial a la gestión de la cadena logística, de modo de evitar pérdidas de eficiencia que signifiquen una reducción de valor. Una parte importante de estos costos recae, por lo demás, en los ciudadanos, que por estas demoras deben muchas veces pagar tiempos adicionales de almacenaje.

Una situación similar está ocurriendo en los puertos, donde el año pasado, particularmente en el segundo semestre, se observó un fuerte aumento en el ingreso de productos y una incapacidad para abordar los movimientos de descarga y desaduanización de las importaciones. Es cierto que la pandemia ha generado una disrupción importante en estos servicios, pero precisamente estas situaciones ponen a prueba la flexibilidad y capacidad de adaptación de los sistemas. Hay que recordar que, en función de los modelos de riesgo, solo un 3 a 5 por ciento de la carga que ingresa se somete a una revisión exhaustiva. Esta mercadería es la que ha sufrido las mayores demoras, pero ello no significa que el resto no haya sido afectado. Ha habido una revisión de los procesos para disminuir los tiempos de espera, pero estos aún son más largos de lo razonable.

La competitividad y la productividad del país se juegan cada vez más en aspectos tan específicos como estos, siendo imprescindible que se implementen gestiones y soluciones tecnológicas de punta. Puertos y aeropuertos de otros países también se han visto afectados por las consecuencias de la pandemia, pero en muchos casos con efectos y demoras más acotados que en Chile. Ha ayudado en ello la existencia de responsabilidades únicas, que permiten una mejor coordinación de todos los procesos. En nuestro país, en cambio, tales responsabilidades se encuentran aún muy diluidas, reduciendo la eficacia de la logística y ejemplificando uno de los aspectos que deben abordarse para lograr una mejor gestión en este ámbito.

Fuente: El Mercurio, Jueves 21 de Enero de 2021

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