Jueves, Abril 25, 2024

Ciudades para las mujeres que cuidan, por Montserrat Delpino

EL MOSTRADOR – La mujer que cuida queda invisibilizada, y su actividad, dificultada cuando se hace visible la concepción androcéntrica presente en los diseños de las ciudades

Una de cada cuatro personas en Chile cuida, o es cuidada. Y de este total, casi la totalidad de las personas que lo hacen, son mujeres. Esta condición se da en todos los segmentos socioeconómicos, con infantes o personas en situación de dependencia que requieren atención. Y, a pesar de ser una potente necesidad social, las labores de cuidado siguen siendo invisibilizadas en el diseño de las ciudades chilenas.

Son las mujeres, en su rol de cuidadoras históricas, quienes se enfrentan a situaciones más difíciles. Ellas deben conseguir moverse por la ciudad con coches, bastones, infantes o sillas de ruedas.

Esta hazaña ya significa un gran desafío, esquivando hoyos o baldosas en las veredas, haciendo equilibrio al subirse al transporte público, o acelerando el paso para lograr cruzar los semáforos a tiempo. Luego se enfrentan a plazas públicas con pocos bancos o en mal estado. A trayectos angostos o mal iluminados. O al requerimiento de caminar enormes distancias antes de encontrar un baño público en buen estado.

Nuestras ciudades no están pensadas para las personas que cuidan, ni para cuidarnos. El diseño de los espacios y sociabilización, excluyen a personas que se mueven con ruedas y carecen de entornos seguros para el disfrute de la infancia.

Los espacios públicos de diseño monofuncional, no favorecen la mixtura de usos, relegando las zonas infantiles a una única actividad, donde las cuidadoras deben estar al servicio de quienes cuidan, y no pueden acceder a abastecimiento básico de bebidas, alimentos o servicios higiénicos. Los espacios de permanencia siguen con problemas de mantención, mal asoleamiento, vegetación descuidada y muchos rincones que favorecen la sensación de miedo y amenaza entre sus ocupantes.

Es evidente la concepción androcéntrica en los diseños. La mujer que cuida está invisibilizada, y su actividad, dificultada.

¿Qué proponemos? Una ciudad que cuide y favorezca los cuidados. Espacios amables como cafeterías o un quiosco en medio de plazas y parques urbanos, rodeados de árboles que den sombra y zonas infantiles para que madres y padres disfruten mientras los niños juegan.

Zonas urbanas con amplias veredas, barreras a la calle y mesas en el exterior, para favorecer la sociabilización y el encuentro de distintos grupos etarios. Con bancas y lugares de detención distribuidos con frecuencia para el descanso de adultos mayores. Baños públicos seguros e inclusivos (que permitan a mujeres u hombres entrar con coches y mudar).

Pero, una ciudad cuidadora también es una ciudad que promueve la seguridad, sin cámaras, sin rejas, sino con elementos de diseño urbano que favorecen la permanencia e inclusividad de distintas personas en el espacio público.

Ha llegado el momento de dejar de pensar la ciudad y nuestras prácticas sociales como dinámicas regidas por el funcionalismo y la segregación. La idea es que comencemos a concebir y construir comunas que favorezcan los cuidados, con una sociedad que promueva la integración y el encuentro entre sus diversos integrantes.

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Fuente: El Mostrador, Viernes 08 de Marzo de 2024

EL MOSTRADOR – La mujer que cuida queda invisibilizada, y su actividad, dificultada cuando se hace visible la concepción androcéntrica presente en los diseños de las ciudades

Una de cada cuatro personas en Chile cuida, o es cuidada. Y de este total, casi la totalidad de las personas que lo hacen, son mujeres. Esta condición se da en todos los segmentos socioeconómicos, con infantes o personas en situación de dependencia que requieren atención. Y, a pesar de ser una potente necesidad social, las labores de cuidado siguen siendo invisibilizadas en el diseño de las ciudades chilenas.

Son las mujeres, en su rol de cuidadoras históricas, quienes se enfrentan a situaciones más difíciles. Ellas deben conseguir moverse por la ciudad con coches, bastones, infantes o sillas de ruedas.

Esta hazaña ya significa un gran desafío, esquivando hoyos o baldosas en las veredas, haciendo equilibrio al subirse al transporte público, o acelerando el paso para lograr cruzar los semáforos a tiempo. Luego se enfrentan a plazas públicas con pocos bancos o en mal estado. A trayectos angostos o mal iluminados. O al requerimiento de caminar enormes distancias antes de encontrar un baño público en buen estado.

Nuestras ciudades no están pensadas para las personas que cuidan, ni para cuidarnos. El diseño de los espacios y sociabilización, excluyen a personas que se mueven con ruedas y carecen de entornos seguros para el disfrute de la infancia.

Los espacios públicos de diseño monofuncional, no favorecen la mixtura de usos, relegando las zonas infantiles a una única actividad, donde las cuidadoras deben estar al servicio de quienes cuidan, y no pueden acceder a abastecimiento básico de bebidas, alimentos o servicios higiénicos. Los espacios de permanencia siguen con problemas de mantención, mal asoleamiento, vegetación descuidada y muchos rincones que favorecen la sensación de miedo y amenaza entre sus ocupantes.

Es evidente la concepción androcéntrica en los diseños. La mujer que cuida está invisibilizada, y su actividad, dificultada.

¿Qué proponemos? Una ciudad que cuide y favorezca los cuidados. Espacios amables como cafeterías o un quiosco en medio de plazas y parques urbanos, rodeados de árboles que den sombra y zonas infantiles para que madres y padres disfruten mientras los niños juegan.

Zonas urbanas con amplias veredas, barreras a la calle y mesas en el exterior, para favorecer la sociabilización y el encuentro de distintos grupos etarios. Con bancas y lugares de detención distribuidos con frecuencia para el descanso de adultos mayores. Baños públicos seguros e inclusivos (que permitan a mujeres u hombres entrar con coches y mudar).

Pero, una ciudad cuidadora también es una ciudad que promueve la seguridad, sin cámaras, sin rejas, sino con elementos de diseño urbano que favorecen la permanencia e inclusividad de distintas personas en el espacio público.

Ha llegado el momento de dejar de pensar la ciudad y nuestras prácticas sociales como dinámicas regidas por el funcionalismo y la segregación. La idea es que comencemos a concebir y construir comunas que favorezcan los cuidados, con una sociedad que promueva la integración y el encuentro entre sus diversos integrantes.

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Fuente: El Mostrador, Viernes 08 de Marzo de 2024

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