EX ANTE – En Chile predomina una percepción mayoritariamente crítica sobre nuestra situación logística. Valoramos nuestra posición regional y la capacidad para mover carga, pero actores del sector hemos alertado hace tiempo que hemos perdido eficiencia y competitividad en los últimos años.
Es hora de mirarnos al espejo. Sobre todo de cara al nuevo orden mundial y la necesidad de reactivar nuestra economía y crecer por sobre el 1,9% promedio que ha sido la tónica en la última década. Informes de centros de estudios muestran que el sistema logístico chileno se ha rezagado frente a otros países del Pacífico Sur, especialmente en puertos y en la concreción de obras de infraestructura. Atribuyen esto a un menor dinamismo económico y deficiencias institucionales en la gestión de inversiones.
El Banco Mundial fue preciso al decir que hemos empeorado en varios rubros del Índice de Desempeño Logístico, sobre todo en infraestructura y envíos internacionales, con mejoras leves solo en servicios logísticos.
Como sector privado, detectamos problemas esenciales: falta de integración tecnológica y automatización, escasez de personal capacitado en logística y costos relativamente altos de transporte y almacenamiento, especialmente para exportaciones. Desde el ámbito público y académico, se ha reiterado la necesidad de una política logística nacional articulada, modernización regulatoria, digitalización de la cadena de transporte -incluidos puertos y fronteras- y mayor continuidad en proyectos de corredores ferroviarios y puertos exteriores.
No cabe duda que tenemos una base logística sólida, factor clave de nuestra competitividad regional, pero ha estancado su desarrollo. Altos costos, congestión en puertos y transporte terrestre, afectan a exportadores, pymes y consumidores, agravados por nuevas cargas tributarias y una demanda creciente de modernización y coordinación estatal.
Desde los gremios empresariales hemos criticado con fuerza la posible creación de nuevos impuestos sobre la carga portuaria, que encarecerían todos los productos del comercio exterior: un golpe directo a nuestra competitividad. Lo que sí debemos priorizar son inversiones en infraestructura portuaria y vial, y la recuperación de turnos nocturnos de camiones en la zona central para descongestionar carreteras y mejorar la cadena logística.
Somos muchas las voces que por años hemos promovido una política logística nacional clara, con planificación a largo plazo que implique coordinación virtuosa entre puertos, ferrocarril y carreteras, existentes y por construir, y menos cambios normativos abruptos que perturben la operación diaria. No podemos obviar que el sector logístico es un pilar crítico de la economía chilena.
No debemos ignorar los logros. Nuestro Servicio Nacional de Aduanas es una de las más eficientes de América Latina, especialmente en digitalización y gestión electrónica de trámites. Sin embargo, algunas prácticas aduaneras generan atochamientos, costos adicionales y multas al importador que no son responsabilidad directa del operador logístico. Estas trabas surgen en la interacción con otros servicios fiscalizadores como SAG, Servicio de Salud y SERNAPESCA, cuyos procesos manuales y falta de sincronización provocan demoras en la liberación, aumentando tiempos y costos de la carga.
Urge una mayor integración digital entre todos los organismos para que la información circule en tiempo real y se reduzcan inspecciones físicas innecesarias, poniendo el foco donde más hoy nos duele que es el contrabando, los delitos transfronterizos, las mafias internacionales y el crimen organizado. Las regulaciones y cambios normativos deben diseñarse de la mano del sector privado, para evitar modificaciones abruptas que generen paros operacionales y encarezcan el comercio exterior.
Aduanas es un eslabón sólido y valorado, pero la logística del comercio exterior chileno se frena por falta de coordinación entre organismos, limitaciones infraestructurales y rigideces en la práctica aduanera. Nos invitan a una integración digital y un diálogo público-privado para ganar eficiencia.
Estos problemas logísticos se evidencian también en el mundo del bodegaje. Un estudio evidencia que el 84% de las empresas cuentan con bodegas de más de 5.000 m², lo que indica que la logística chilena opera mayormente en grandes instalaciones, con buena capacidad de almacenamiento y movilización de productos. Solo en la Región Metropolitana se concentra una oferta diversa de bodegas, pero sobre demandada por empresas industriales, comerciales y de e-commerce.
Puertos como San Antonio y Valparaíso operan con tasas de ocupación por sobre el 65%, lo que implica patios y áreas de almacenamiento adyacentes muy cargados. Ampliar capacidad de bodegaje y patios es clave para mantener la competitividad. En la macrozona norte también se registra alta ocupación de instalaciones portuarias, llevando a las empresas a buscar bodegaje más cercano o a explotar mejor sus alturas.
La demanda de almacenaje está creciendo más rápido que la expansión orgánica de la infraestructura, generando presión sobre precios y tiempos de arriendo. En ese contexto, actores del sector plantean incentivar el desarrollo de nuevas plataformas logísticas, bodegas con mayor altura y mejores conexiones carreteras, para evitar cuellos de botella físicos y financieros en la cadena de suministro.
La logística debe ser una “secuencia natural” del trabajo de agentes de aduanas y del comercio exterior. Necesitamos mejorar accesos portuarios, infraestructura de almacenaje y coordinación entre organismos para reducir tiempos y costos de la carga, beneficiando directamente a importadores, exportadores y consumidores finales. Es hora de actuar con visión unificada, o seguiremos pagando el precio de la inercia.
Fuente: Ex-Ante, Sábado 25 de Abril de 2026





