Domingo, Junio 13, 2021

Casi la mitad de los buses del Transantiago tiene una década y está al límite de su vida útil

EL MERCURIO – La existencia de buses cuya vida útil está al límite debido a su antigüedad provoca descontento en quienes usan el Transantiago. La calidad del servicio, el estado de su carrocería y la limpieza son algunos de los factores que inciden en la evaluación del viaje. Además, entre más años tenga el vehículo, en muchos casos, la insatisfacción es mayor. Y más al contrastarlo con nuevas máquinas, como las eléctricas.
Según datos de la cartera entregados por Ley de Transparencia, 6.756 micros componían la flota a diciembre. De ellas, 3.119, un 46%, fueron fabricadas antes de 2010.
De hecho, un 18% del parque, correspondiente a 1.233 vehículos, fue fabricado en 2006, mientras que 561 tienen 14 años. En el caso de las más modernas, hay 153 de 2017 y 103 hechas el año pasado.
Capacidad
Sebastián Raveau, investigador del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (Cedeus) de la U. Católica, afirma que a las micros del Transantiago se les “establece una vida útil de 10 años, tras lo cual la flota debe renovarse”. El límite se instaura -plantea- “en muchos casos para garantizar un nivel de servicio”.
Agrega que algunas máquinas, eso sí, “deben ser retiradas antes de los 10 años, y otras podrían continuar operando perfectamente 15 años o más”.
Es que precisamente un factor relevante en la vida útil es la mantención, la que se suma “al estado de las vías, el comportamiento de los usuarios y la calidad de la conducción”.
Para Guillermo Muñoz, exdirector del Transporte Público Metropolitano (DTPM), “hay dos impactos importantes: la incomodidad de viajar en buses que ya tienen 13 años, y, por otro lado, que son buses que generan alta mantención y alta falla. Eso implica menor frecuencia y regularidad, lo que también afecta al usuario”.
Raveau agrega que algunas consecuencias de que operen buses cuya vida útil ya se cumplió o que ya están ad portas de aquello son los “asientos en mal estado, mala amortiguación, puertas que no abren o timbres que no funcionan”.
Muñoz también advierte que “hace casi un año se comprometió una licitación muy rápida y este es un año que va a generar dificultades en la operación de estos buses más antiguos, ya que no ha habido un proceso de renovación masivo como sería con una licitación”.

Cambios en el sistema
Desde el año pasado que la cartera ha estado, de manera gradual, integrando los nuevas micros eléctricas y ecológicas, lo que se seguirá desarrollando en los próximos años.
Fernando Saka, director del DTPM, asegura que “durante 2020 vamos a ver que ingresan aproximadamente tres mil buses, y en 2021, cerca de otros dos mil”.
En el caso de los vehículos nuevos, explica que vienen a renovar “la flota que operaba Alsacia, que era de 2005-2006. Los que están integrando son del año y con grandes atributos tecnológicos”.
Además, dice que el foco “es hacer un cambio paulatino en todo el sistema, tanto en flota como en mejoras operacionales y tecnología a bordo para que, por ejemplo, las personas puedan tener distintos medios de pago en un futuro próximo”.
Ver Artículo
Fuente: El Mercurio, Domingo 03 de marzo de 2019

EL MERCURIO – La existencia de buses cuya vida útil está al límite debido a su antigüedad provoca descontento en quienes usan el Transantiago. La calidad del servicio, el estado de su carrocería y la limpieza son algunos de los factores que inciden en la evaluación del viaje. Además, entre más años tenga el vehículo, en muchos casos, la insatisfacción es mayor. Y más al contrastarlo con nuevas máquinas, como las eléctricas.
Según datos de la cartera entregados por Ley de Transparencia, 6.756 micros componían la flota a diciembre. De ellas, 3.119, un 46%, fueron fabricadas antes de 2010.
De hecho, un 18% del parque, correspondiente a 1.233 vehículos, fue fabricado en 2006, mientras que 561 tienen 14 años. En el caso de las más modernas, hay 153 de 2017 y 103 hechas el año pasado.
Capacidad
Sebastián Raveau, investigador del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (Cedeus) de la U. Católica, afirma que a las micros del Transantiago se les “establece una vida útil de 10 años, tras lo cual la flota debe renovarse”. El límite se instaura -plantea- “en muchos casos para garantizar un nivel de servicio”.
Agrega que algunas máquinas, eso sí, “deben ser retiradas antes de los 10 años, y otras podrían continuar operando perfectamente 15 años o más”.
Es que precisamente un factor relevante en la vida útil es la mantención, la que se suma “al estado de las vías, el comportamiento de los usuarios y la calidad de la conducción”.
Para Guillermo Muñoz, exdirector del Transporte Público Metropolitano (DTPM), “hay dos impactos importantes: la incomodidad de viajar en buses que ya tienen 13 años, y, por otro lado, que son buses que generan alta mantención y alta falla. Eso implica menor frecuencia y regularidad, lo que también afecta al usuario”.
Raveau agrega que algunas consecuencias de que operen buses cuya vida útil ya se cumplió o que ya están ad portas de aquello son los “asientos en mal estado, mala amortiguación, puertas que no abren o timbres que no funcionan”.
Muñoz también advierte que “hace casi un año se comprometió una licitación muy rápida y este es un año que va a generar dificultades en la operación de estos buses más antiguos, ya que no ha habido un proceso de renovación masivo como sería con una licitación”.

Cambios en el sistema
Desde el año pasado que la cartera ha estado, de manera gradual, integrando los nuevas micros eléctricas y ecológicas, lo que se seguirá desarrollando en los próximos años.
Fernando Saka, director del DTPM, asegura que “durante 2020 vamos a ver que ingresan aproximadamente tres mil buses, y en 2021, cerca de otros dos mil”.
En el caso de los vehículos nuevos, explica que vienen a renovar “la flota que operaba Alsacia, que era de 2005-2006. Los que están integrando son del año y con grandes atributos tecnológicos”.
Además, dice que el foco “es hacer un cambio paulatino en todo el sistema, tanto en flota como en mejoras operacionales y tecnología a bordo para que, por ejemplo, las personas puedan tener distintos medios de pago en un futuro próximo”.
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Fuente: El Mercurio, Domingo 03 de marzo de 2019

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