Martes, Junio 15, 2021

Bloqueo en Puerto de Valparaíso

EL MERCURIO – A pesar de los esfuerzos de las autoridades edilicias, portuarias y sus concesionarios por ofrecer garantías a la industria de cruceros turísticos para que utilicen el puerto de Valparaíso como una recalada más en los circuitos que recorren el Pacífico y el Atlántico, el bloqueo ejercido por trabajadores portuarios eventuales, que impide el normal embarque y desembarque de los pasajeros y sus pertenencias, así como el pertrecho de las naves para que continúen su periplo, obligó a desviar varios transatlánticos al puerto de San Antonio. De esa manera, el puerto de Valparaíso echa por la borda el impulso por superar el daño a su prestigio provocado en la temporada anterior por una movilización similar, y los trabajadores, en una maniobra que resulta incomprensible si lo que buscan es defender sus propias intereses, están asegurándose de que los trabajos relacionados con los cruceros se discontinúen y, probablemente, también disminuyan aquellos que dependen de otras áreas de la actividad portuaria.

Por otra parte, también resulta difícil de entender que las empresas del sector ejerzan la actividad laboral en las zonas portuarias mediante el sistema de trabajadores eventuales, más allá de los contratados. Si las compañías portuarias se ven enfrentadas a demandas fluctuantes, que requieran aumentar o disminuir los trabajadores ocupados en algún instante del tiempo, la solución de utilizar trabajadores “eventuales” para acomodar esa demanda fluctuante no parece la mejor, en especial si se considera que dichos trabajadores, incorporados a listados que los sindican como tales, se sienten, a continuación, con un derecho de preeminencia frente a cualquier tercero que quisiera trabajar, y, más aun, consideran que ese privilegio les da permiso para provocar una movilización ilegal que impide que esos terceros puedan trabajar si así quisieran.

Todo este sistema responde a prácticas antiguas, que a estas alturas deberían estar desterradas. Ello se hace aun más urgente considerando que la actividad portuaria es una de las que, con relativa facilidad, pueden entrar en un proceso de automatización creciente, que disminuya aceleradamente la demanda por trabajadores, y haga insostenible que en el futuro ella constituya la fuente laboral que tienen en mente los trabajadores que en esta ocasión han protagonizado este bloqueo.

La necesidad de mirar con realismo el futuro de la actividad laboral, a la luz de los procesos de automatización en desarrollo y de las diversas e innovadoras maneras en las que las personas se van a emplear —horarios variables y dispersos, lugares distintos de la sede de la empresa, y formas de control por resultados mucho más que por inspección directa—, es algo que no ha sido asumido con la claridad necesaria por parte de la dirigencia sindical responsable, ni tampoco por los sectores políticos que aspiran a representar a dicha fuerza laboral.

Algunos se han atrevido a hacerlo, como es el caso del senador Guido Girardli, quien en una reciente entrevista a este diario se refirió de manera descarnada a lo que está ocurriendo en el mundo del trabajo, que modifica de manera radical las prácticas conocidas hasta ahora, lo que requerirá de una adecuación profunda de la sociedad si quiere enfrentarla con alguna posibilidad de éxito. Por de pronto, el sistema educacional deberá preparar a los jóvenes con herramientas que les confieran adaptabilidad ante diferentes escenarios, y las políticas públicas y doctrinas políticas deberán incorporarlos a su comprensión de la dinámica social.

El bloqueo de Valparaíso, que tanto daño les hace a la ciudad y a los propios trabajadores involucrados, es solo una señal más de la urgencia con que este debate debe ingresar a la sociedad chilena.

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Fuente: El Mercurio, Miércoles 21 de noviembre de 2018

EL MERCURIO – A pesar de los esfuerzos de las autoridades edilicias, portuarias y sus concesionarios por ofrecer garantías a la industria de cruceros turísticos para que utilicen el puerto de Valparaíso como una recalada más en los circuitos que recorren el Pacífico y el Atlántico, el bloqueo ejercido por trabajadores portuarios eventuales, que impide el normal embarque y desembarque de los pasajeros y sus pertenencias, así como el pertrecho de las naves para que continúen su periplo, obligó a desviar varios transatlánticos al puerto de San Antonio. De esa manera, el puerto de Valparaíso echa por la borda el impulso por superar el daño a su prestigio provocado en la temporada anterior por una movilización similar, y los trabajadores, en una maniobra que resulta incomprensible si lo que buscan es defender sus propias intereses, están asegurándose de que los trabajos relacionados con los cruceros se discontinúen y, probablemente, también disminuyan aquellos que dependen de otras áreas de la actividad portuaria.

Por otra parte, también resulta difícil de entender que las empresas del sector ejerzan la actividad laboral en las zonas portuarias mediante el sistema de trabajadores eventuales, más allá de los contratados. Si las compañías portuarias se ven enfrentadas a demandas fluctuantes, que requieran aumentar o disminuir los trabajadores ocupados en algún instante del tiempo, la solución de utilizar trabajadores “eventuales” para acomodar esa demanda fluctuante no parece la mejor, en especial si se considera que dichos trabajadores, incorporados a listados que los sindican como tales, se sienten, a continuación, con un derecho de preeminencia frente a cualquier tercero que quisiera trabajar, y, más aun, consideran que ese privilegio les da permiso para provocar una movilización ilegal que impide que esos terceros puedan trabajar si así quisieran.

Todo este sistema responde a prácticas antiguas, que a estas alturas deberían estar desterradas. Ello se hace aun más urgente considerando que la actividad portuaria es una de las que, con relativa facilidad, pueden entrar en un proceso de automatización creciente, que disminuya aceleradamente la demanda por trabajadores, y haga insostenible que en el futuro ella constituya la fuente laboral que tienen en mente los trabajadores que en esta ocasión han protagonizado este bloqueo.

La necesidad de mirar con realismo el futuro de la actividad laboral, a la luz de los procesos de automatización en desarrollo y de las diversas e innovadoras maneras en las que las personas se van a emplear —horarios variables y dispersos, lugares distintos de la sede de la empresa, y formas de control por resultados mucho más que por inspección directa—, es algo que no ha sido asumido con la claridad necesaria por parte de la dirigencia sindical responsable, ni tampoco por los sectores políticos que aspiran a representar a dicha fuerza laboral.

Algunos se han atrevido a hacerlo, como es el caso del senador Guido Girardli, quien en una reciente entrevista a este diario se refirió de manera descarnada a lo que está ocurriendo en el mundo del trabajo, que modifica de manera radical las prácticas conocidas hasta ahora, lo que requerirá de una adecuación profunda de la sociedad si quiere enfrentarla con alguna posibilidad de éxito. Por de pronto, el sistema educacional deberá preparar a los jóvenes con herramientas que les confieran adaptabilidad ante diferentes escenarios, y las políticas públicas y doctrinas políticas deberán incorporarlos a su comprensión de la dinámica social.

El bloqueo de Valparaíso, que tanto daño les hace a la ciudad y a los propios trabajadores involucrados, es solo una señal más de la urgencia con que este debate debe ingresar a la sociedad chilena.

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Fuente: El Mercurio, Miércoles 21 de noviembre de 2018

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