Martes, Junio 15, 2021

APR: Sin tecnología no hay agua

EL MOSTRADOR – Los APR funcionan ante una solicitud de la comunidad al Ministerio de Obras Públicas (MOP), quienes entregan un terreno, generalmente adquirido comercialmente, donde el MOP hace un sondaje, instala la infraestructura de control y las matrices para que el agua potable llegue a los beneficiados.

Con el objetivo de solucionar el problema de falta de agua potable en los sectores rurales, en los años 60, el Estado de Chile creó los Comité de Agua Potable Rural (APR) y que en estos momentos se encuentran en funcionamiento en todas las regiones del país.

Los APR funcionan ante una solicitud de la comunidad al Ministerio de Obras Públicas (MOP), quienes entregan un terreno, generalmente adquirido comercialmente, donde el MOP hace un sondaje, instala la infraestructura de control y las matrices para que el agua potable llegue a los beneficiados. Para este efecto, la comunidad, de acuerdo con las normas que rigen las organizaciones sociales, nombra un directorio en el que uno de sus miembros preside y representa legalmente al constituido comité.

Aunque estos servicios son supervisados y controlados por el MOP, el Ministerio de Salud y el Servicio de Impuestos Internos; la administración recae en el directorio, lo cual requiere un total compromiso ante una tarea que muchas veces parece titánica y que es de vital importancia para la comunidad.

Desde 2008 soy la presidenta del APR de Quilapilún en Colina y de los comités de APR de la provincia de Chacabuco, por lo que sé de primera mano el desgaste físico y psicológico que conlleva esta actividad, aprendiendo, no tan solo del funcionamiento de estos servicios, sino de temas contables, sanitarios y de administración.

La entrega de un dirigente de APR es ingrata, extenuante, pero de suma importancia para muchas personas que dependen de nosotros para contar con algo tan necesario como el agua. La tónica diaria es la solución constante de problemas, planificación de proyectos y un sinnúmero de reuniones con distintos actores, y con recursos y una infraestructura bastante precaria.

En ese sentido, los APR debemos avanzar y buscar maneras de ser más eficientes y menos demandantes. Es ahí donde la tecnología juega un papel clave. Un ejemplo concreto, es lo que hemos hecho con el Programa Agua Rural de Anglo American, el cual ha implementado un mecanismo de diagnóstico, automatización y monitoreo en línea para los sistemas de APR, todo acompañado con capacitaciones y con un software que permite al operador controlar y automatizar su sistema en forma remota.

Este programa ha significado un gran alivio para cada una de las personas que nos desempeñamos en esta función y en la operación, ya que antes se hacía todo en forma presencial y en muchos servicios los estanques están en el cerro y, si no se pueden visitar, es básicamente como trabajar a ciegas. En cambio, ahora podemos desde un computador o de nuestros teléfonos móviles estar al tanto del funcionamiento integral del servicio, ahorrando tiempo y seguridad, y lo más importante, anticiparnos a ciertos eventos y de esa manera disponer de este elemento.

Ante el escenario de escasez hídrica, debemos seguir trabajando en innovaciones que permitan mejorar la disponibilidad y no podemos quedarnos atados a las costumbres del pasado. Reciclar, tratar las aguas servidas y especialmente educar a la comunidad para el buen uso, serán claves para los desafíos que tenemos hacia el futuro.

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Fuente: País Circular, Viernes 07 de Mayo de 2021

EL MOSTRADOR – Los APR funcionan ante una solicitud de la comunidad al Ministerio de Obras Públicas (MOP), quienes entregan un terreno, generalmente adquirido comercialmente, donde el MOP hace un sondaje, instala la infraestructura de control y las matrices para que el agua potable llegue a los beneficiados.

Con el objetivo de solucionar el problema de falta de agua potable en los sectores rurales, en los años 60, el Estado de Chile creó los Comité de Agua Potable Rural (APR) y que en estos momentos se encuentran en funcionamiento en todas las regiones del país.

Los APR funcionan ante una solicitud de la comunidad al Ministerio de Obras Públicas (MOP), quienes entregan un terreno, generalmente adquirido comercialmente, donde el MOP hace un sondaje, instala la infraestructura de control y las matrices para que el agua potable llegue a los beneficiados. Para este efecto, la comunidad, de acuerdo con las normas que rigen las organizaciones sociales, nombra un directorio en el que uno de sus miembros preside y representa legalmente al constituido comité.

Aunque estos servicios son supervisados y controlados por el MOP, el Ministerio de Salud y el Servicio de Impuestos Internos; la administración recae en el directorio, lo cual requiere un total compromiso ante una tarea que muchas veces parece titánica y que es de vital importancia para la comunidad.

Desde 2008 soy la presidenta del APR de Quilapilún en Colina y de los comités de APR de la provincia de Chacabuco, por lo que sé de primera mano el desgaste físico y psicológico que conlleva esta actividad, aprendiendo, no tan solo del funcionamiento de estos servicios, sino de temas contables, sanitarios y de administración.

La entrega de un dirigente de APR es ingrata, extenuante, pero de suma importancia para muchas personas que dependen de nosotros para contar con algo tan necesario como el agua. La tónica diaria es la solución constante de problemas, planificación de proyectos y un sinnúmero de reuniones con distintos actores, y con recursos y una infraestructura bastante precaria.

En ese sentido, los APR debemos avanzar y buscar maneras de ser más eficientes y menos demandantes. Es ahí donde la tecnología juega un papel clave. Un ejemplo concreto, es lo que hemos hecho con el Programa Agua Rural de Anglo American, el cual ha implementado un mecanismo de diagnóstico, automatización y monitoreo en línea para los sistemas de APR, todo acompañado con capacitaciones y con un software que permite al operador controlar y automatizar su sistema en forma remota.

Este programa ha significado un gran alivio para cada una de las personas que nos desempeñamos en esta función y en la operación, ya que antes se hacía todo en forma presencial y en muchos servicios los estanques están en el cerro y, si no se pueden visitar, es básicamente como trabajar a ciegas. En cambio, ahora podemos desde un computador o de nuestros teléfonos móviles estar al tanto del funcionamiento integral del servicio, ahorrando tiempo y seguridad, y lo más importante, anticiparnos a ciertos eventos y de esa manera disponer de este elemento.

Ante el escenario de escasez hídrica, debemos seguir trabajando en innovaciones que permitan mejorar la disponibilidad y no podemos quedarnos atados a las costumbres del pasado. Reciclar, tratar las aguas servidas y especialmente educar a la comunidad para el buen uso, serán claves para los desafíos que tenemos hacia el futuro.

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Fuente: País Circular, Viernes 07 de Mayo de 2021

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