LA TERCERA – Comenzamos el 2026 con una sensación que hace tiempo no experimentábamos: la ciudad, finalmente, se está recuperando del daño y abandono sufrido tras el estallido, la pandemia y la crisis de inseguridad. Si el urbanismo es la construcción de confianza pública en el entorno compartido, las obras que avanzan o inauguraremos, son una señal de esperanza.
He sido crítico de la falta de una agenda urbana por parte del Presidente Boric, pero los tiempos de la ciudad no coinciden con los ciclos electorales, y hay muchos proyectos que verán la luz más allá de la administración saliente.
El primer regalo es el Parque Barón en Valparaíso. Tras años de parálisis, el Puerto abrirá 11 hectáreas de borde costero, y esperamos que la rehabilitación de la Bodega Simón Bolívar -con buena gestión- inyecte vitalidad a un plan que pedía a gritos inversión. A esto sumamos la madurez de parques como Mapocho Río, Víctor Jara o Costanera de Puerto Montt que este año operarán al 100%, demostrando que el estándar de Providencia puede y debe llegar a Cerro Navia y regiones.
Otro regalo del 2026 será la electromovilidad regional. Al cierre de este trimestre, Chile consolidará una flota de 4.400 buses eléctricos, la segunda mayor del mundo tras China. Y el “silencio eléctrico” de Red ya no será privilegio santiaguino, con la entrada masiva de buses en Concepción (Lota y Talcahuano), Villarrica, Antofagasta y Copiapó.
En materia de rieles, 2026 será el año de la expansión ferroviaria. En Concepción, el Nuevo Puente Ferroviario permite por fin que el Biotrén utilice trenes dobles, eliminando el cuello de botella y proyectando frecuencias cada 15 minutos hacia Coronel. El primer cuatrimestre marcará el inicio de obras del Tren Melipilla-Batuco que con el avance del tramo subterráneo a Estación Central, promete cambiar para siempre la conectividad del periurbano capitalino; y la Línea 7 del Metro supera el 40% de avance. Los regalos llegarán también desde el aire: la puesta en marcha del Teleférico Pío Nono, el avance del Bicentenario —que ya asoma sus torres entre Providencia y Huechuraba— y la licitación del Teleférico Iquique Alto Hospicio, revelan que no son sólo anécdotas, sino una movilidad que sortea nuestra geografía como opción de conectividad limpia y eficiente.
Pero la ciudad no sería más que cemento sin el alma de sus habitantes: la vivienda. El Parlamento acaba de extender el Plan de Emergencia Habitacional para ir más allá de la inefable meta de 260.000 nuevas viviendas (según el Minvu un 90% cumplida), y estamos atentos a las señales del nuevo gobierno sobre cómo enfrentar las crisis de campamentos y reconstrucciones fallidas. También esperamos el avance del plan Ciudades Justas, con nuevos proyectos de integración. La ciudad del 2026 puede ser más accesible, silenciosa y humana, el desafío es la gestión y la seguridad de estos nuevos espacios, en la medida que nos atrevamos a vivirla, hacerla nuestra y, sobre todo, a cuidarla.
Por Pablo Allard, decano Facultad de Arquitectura UDD
Fuente: La Tercera, Domingo 4 de Enero de 2026





