Lunes, Marzo 9, 2026

Justicia Espada Acuña Mena

MUJERES INGENIERAS – Me llamo Justicia Espada Acuña Mena y nací en Santiago de Chile en 1893, en una época en que ser mujer significaba, muchas veces, tener el camino ya trazado por otros. Sin embargo, crecí en una familia distinta: mi padre, José Acuña, constructor civil, creía que sus hijas debían tener total autonomía y crecer con igualdad de oportunidades. Quizás por eso, decidió darles a todos sus hijos nombres únicos y memorables. Así nacimos: Tucapel Arauco, Sansón Radical, Australia Tonel, América del Sur, Arquímides Capitán, Gracia Brasil, Chile Mapocho y yo… Justicia Espada.

Estudié en el Liceo de Niñas Nº 2 y, aunque comencé Pedagogía en Matemáticas, sentí que mi verdadera vocación estaba en la ingeniería. En 1913, ingresé a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. Era la única mujer en un lugar donde ni siquiera había baños para nosotras. Aun así, perseveré. En 1919, me titulé con un proyecto sobre resistencia de materiales, siendo la primera mujer en Chile y América Latina en ser Ingeniera.

Trabajé toda mi vida en la Empresa de Ferrocarriles del Estado como calculista de puentes. Uno de mis mayores logros fue contribuir al diseño del puente ferroviario sobre el río Malleco.

Tuve siete hijos. Fui madre y trabajadora, alternando permisos maternales con el retorno constante a mi labor profesional, regresando siempre a ella con convicción y compromiso. No fue fácil, pero nunca dejé de creer en la importancia de abrir caminos.

Fui parte activa del Colegio e Instituto de Ingenieros, y hoy mi nombre inspira un premio que reconoce a mujeres destacadas en esta profesión.

Porque las mujeres también hacemos ciencia, también construimos país, conectamos vidas, como los puentes unen territorios y porque nuestras trayectorias abren caminos para nuevas generaciones, mi historia es un legado que promueve la igualdad y la justicia.

“Llegó un momento en que una mujer, haciendo caso omiso a los prejuicios i añejeces i no llevando más armas que su cerebro i su carácter indomable, decidió estudiar injeniería; se presentó a bachillerato, siendo ahí distinguida i continúa ahora como alumna de la Escuela, haciendo así que el año 1913 haga época en la historia de la enseñanza de la mujer en Chile”

Centro de Estudiantes de Ingeniería en revista Energía, mayo de 1913.

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Fuente: Mujeres Ingenieras, Lunes 9 de Marzo de 2026

MUJERES INGENIERAS – Me llamo Justicia Espada Acuña Mena y nací en Santiago de Chile en 1893, en una época en que ser mujer significaba, muchas veces, tener el camino ya trazado por otros. Sin embargo, crecí en una familia distinta: mi padre, José Acuña, constructor civil, creía que sus hijas debían tener total autonomía y crecer con igualdad de oportunidades. Quizás por eso, decidió darles a todos sus hijos nombres únicos y memorables. Así nacimos: Tucapel Arauco, Sansón Radical, Australia Tonel, América del Sur, Arquímides Capitán, Gracia Brasil, Chile Mapocho y yo… Justicia Espada.

Estudié en el Liceo de Niñas Nº 2 y, aunque comencé Pedagogía en Matemáticas, sentí que mi verdadera vocación estaba en la ingeniería. En 1913, ingresé a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. Era la única mujer en un lugar donde ni siquiera había baños para nosotras. Aun así, perseveré. En 1919, me titulé con un proyecto sobre resistencia de materiales, siendo la primera mujer en Chile y América Latina en ser Ingeniera.

Trabajé toda mi vida en la Empresa de Ferrocarriles del Estado como calculista de puentes. Uno de mis mayores logros fue contribuir al diseño del puente ferroviario sobre el río Malleco.

Tuve siete hijos. Fui madre y trabajadora, alternando permisos maternales con el retorno constante a mi labor profesional, regresando siempre a ella con convicción y compromiso. No fue fácil, pero nunca dejé de creer en la importancia de abrir caminos.

Fui parte activa del Colegio e Instituto de Ingenieros, y hoy mi nombre inspira un premio que reconoce a mujeres destacadas en esta profesión.

Porque las mujeres también hacemos ciencia, también construimos país, conectamos vidas, como los puentes unen territorios y porque nuestras trayectorias abren caminos para nuevas generaciones, mi historia es un legado que promueve la igualdad y la justicia.

“Llegó un momento en que una mujer, haciendo caso omiso a los prejuicios i añejeces i no llevando más armas que su cerebro i su carácter indomable, decidió estudiar injeniería; se presentó a bachillerato, siendo ahí distinguida i continúa ahora como alumna de la Escuela, haciendo así que el año 1913 haga época en la historia de la enseñanza de la mujer en Chile”

Centro de Estudiantes de Ingeniería en revista Energía, mayo de 1913.

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Fuente: Mujeres Ingenieras, Lunes 9 de Marzo de 2026

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