EX ANTE – La capital minera pasó de depender de fuentes cordilleranas a un sistema basado íntegramente en agua de mar desalada para consumo humano. El modelo, construido durante años, hoy es observado como referencia para otras ciudades costeras en un escenario de escasez hídrica estructural.
Lo nuevo. Antofagasta dejó de depender de las lluvias para asegurar su abastecimiento de agua. En pleno desierto de Atacama, la capital minera se convirtió en la primera gran ciudad de América Latina en cubrir el 100% de su consumo humano con agua desalada, un cambio estructural en la forma en que se enfrenta la escasez hídrica en una de las zonas más áridas del planeta.
- Lo que comenzó como una respuesta a la emergencia hoy opera como un sistema permanente de seguridad hídrica.
- Se trata del resultado de una planificación que apostó tempranamente por la desalación como solución de largo plazo.
- “La planificación de largo plazo y la convicción de que la desalación era la mejor opción permitió cumplir el sueño de abastecer al 100% de la población y tener garantizado ese abastecimiento por los próximos 20 años”, señala Carlos Méndez, gerente general de Aguas Antofagasta.
Cómo funciona. El modelo, que será abordado en el congreso ACADES 2026, permitió reconfigurar el sistema de abastecimiento de la ciudad.
- Hoy Antofagasta cuenta con un esquema de doble fuente: el agua desalada como suministro principal y el agua de cordillera como respaldo ante eventuales contingencias.
- Según Méndez, se trata de una solución replicable y escalable para otras ciudades costeras, basada en una tecnología probada y con costos exequibles.
- Cuando el objetivo es el consumo humano, la exigencia técnica es distinta a la de los proyectos industriales.
- “El agua producida debe cumplir con estrictas normas sanitarias (como los parámetros de la NCh409 y de la OMS, requiriendo un proceso crítico de remineralización para ser saludable y apta para el consumo humano)”, explica Beatriz Saiz, delegada comercial LATAM de GS Inima.
- Añade que ello “exige una infraestructura de máxima seguridad para garantizar que el suministro vital a las ciudades nunca se interrumpa, así como un control de calidad exhaustivo”.
- En esa línea, la infraestructura destinada a abastecer ciudades requiere sistemas de alta seguridad operativa, con controles de calidad y analíticas más frecuentes que las habituales en proyectos mineros.
- En contraste, las plantas industriales suelen diseñarse con mayor flexibilidad para responder a demandas variables y deben incorporar complejos sistemas de impulsión para transportar el agua a grandes altitudes.
Aprendizajes para otras ciudades costeras. En un escenario donde la escasez hídrica dejó de ser coyuntural para convertirse en un problema estructural, la desalación y el reúso de aguas residuales han pasado a ocupar un rol central en la planificación hídrica.
- Desde GS Inima plantean que el desafío no se limita a producir más agua, sino a gestionar el ciclo completo de manera circular, eficiente y resiliente.
- La experiencia acumulada en proyectos como la planta desaladora Nueva Atacama o la construcción de la primera planta desaladora de Antofagasta —relatan desde la compañía— permite extraer aprendizajes para otras ciudades costeras que enfrentan tensiones similares sobre sus fuentes de agua.
- Entre esos puntos, Beatriz Saiz subraya que “la gestión moderna del agua no debe optar entre desalación o reúso. El verdadero éxito radica en un modelo circular, donde ambas fuentes operen como un sistema integrado que maximice el aprovechamiento de cada gota disponible”.
- Agrega que “es posible cumplir con los más altos estándares sanitarios y ambientales. El uso de tecnologías de vanguardia permite producir agua de alta calidad de manera sostenible, un factor clave para generar la confianza ciudadana necesaria para este tipo de infraestructuras”.
- Finalmente, plantea que “la tecnología y la experiencia operativa ya están disponibles y sólidamente implantadas en Chile. El desafío para otras regiones es transitar desde proyectos aislados hacia una planificación hídrica regional robusta, respaldada por marcos regulatorios claros que permitan escalar estas soluciones de manera estratégica”.
Fuente: Ex-Ante, Miércoles 28 de Enero de 2026





