PORTAL INNOVA – La actual temporada de incendios forestales 2025-2026 ha comenzado con una señal de alerta que exige una acción inmediata y coordinada, tales como la creación de cortafuegos estratégicos y la gestión de la biomasa en las zonas forestales críticas y cercanas a las zonas urbanas.
Según los reportes de Conaf, ya se contabilizan 964 siniestros, cifra que representa un aumento del 16% en comparación con el periodo anterior. Sin embargo, la emergencia se ha concentrado con una agresividad inédita en la provincia de Concepción, donde el fuego ha avanzado con una velocidad superior al megaincendio de Viña del Mar de 2024, arrasando en solo seis horas una superficie que duplicó lo destruido en desastres previos. Al lunes 19 de enero, se reportan 19 víctimas fatales y más de 1.100 viviendas afectadas en las regiones de Ñuble y Biobío, consolidando esta emergencia como una de las tres mayores tragedias de la última década.
Frente a este escenario, especialistas de los sectores hídrico, ambiental y tecnológico impulsan hoy una estrategia integral que busca transformar esta amenaza en una oportunidad para fortalecer el territorio. Este cambio de paradigma pretende dejar atrás la respuesta puramente reactiva para adoptar una visión de gestión proactiva, que anticipe el riesgo, fundamentada en la memoria de tragedias como los mega incendios de 2017 y el desastre de Santa Juana en 2023.
Un pilar fundamental de esta nueva mirada es la seguridad hídrica como eje de la prevención. Pablo T. Silva Jordán, especialista en recursos hídricos de Formation Environmental, sostiene que los incendios son reflejo de una crisis estructural de agua, ya que la desaparición del bosque impide que los suelos infiltren el recurso, acelerando la erosión y reduciendo la recarga de acuíferos. Esta pérdida de vegetación impacta directamente en la turbiedad de los ríos, dificultando la producción de agua potable para comunidades rurales y el sector agrícola. Por ello, Silva Jordán plantea que, desde la cuenca como unidad básica, es posible desarrollar la planificación integrando la restauración de suelos y la reforestación nativa como defensa natural, bajo la premisa de que prevenir incendios es también asegurar el agua para el futuro.
En el ámbito productivo, la modernización legal y tecnológica aparece como una herramienta de supervivencia, especialmente para las pequeñas y medianas empresas. Ignacio Vera Izquierdo, gerente general de Forestal Santa Blanca, enfatiza que la eficiencia tecnológica es la mejor aliada para proteger la rentabilidad en un negocio de márgenes estrechos. Vera destaca la urgencia de un marco legal, a través de la Ley de Incendios, que defina responsabilidades claras entre el Estado y el sector privado, incluyendo sanciones efectivas. Asimismo, señala que las pymes pueden liderar la creación de franjas cortafuegos y mosaicos productivos, utilizando tecnologías como cámaras con inteligencia artificial y drones para una detección temprana a través de esquemas de cooperación.
Compromisos de remediación
La gestión de la emergencia no finaliza cuando se apagan las llamas, sino que requiere un compromiso en la prevención y seguridad hídrica estratégica. José Manuel Bellalta, gerente general de GB Cinco Ambiental, advierte sobre la necesidad de abordar los daños colaterales y la contaminación derivada de estos siniestros. Bellalta aboga por un seguimiento técnico cercano de los incidentes y la creación de un registro nacional de accidentes que permita mejorar la respuesta post-emergencia. Para el especialista, es vital fortalecer los nexos del sector público con empresas ambientales y la academia con la academia para garantizar soluciones que permitan la recuperación de suelos y aguas sea un proceso rápido, legal y efectivo.
Complementando este enfoque, la inteligencia territorial surge como una de las mayores fortalezas actuales del país. Felipe Martin Cuadrado, director ejecutivo de MAS Recursos Naturales, explica que el uso de monitoreo satelital y modelación de cuencas permite hoy identificar zonas vulnerables con una precisión inédita. Sin embargo, Martin Cuadrado insta a simplificar el marco normativo para que las obras de mitigación no queden atrapadas en la burocracia y los permisos ambientales se agilicen oportunamente. Además, subraya que la validación comunitaria es esencial para la sostenibilidad, asegurando que soluciones como el manejo de biomasa o la tecnología hídrica beneficien directamente a la economía local.
Finalmente, ante la escasez crítica, la innovación en fuentes de agua se vuelve una solución táctica indispensable. Carlos Fredes García, Gerente de Desarrollo de Negocios de Oneka Technologies, plantea que la desalinización y el reúso de agua son pilares para enfrentar eventos catastróficos y temporadas de calor extremo. La integración de estas soluciones permite alcanzar una seguridad hídrica que protege tanto a las personas como al medio ambiente frente a los efectos de la sequía.
Chile encara el desafío de 2026 con la convicción de que, mediante la rigurosidad técnica y la unidad, es posible transformar el paisaje en un entorno resiliente que proteja la vida y la riqueza natural.
Fuente: Portal Innova, Lunes 19 de Enero de 2026





